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Entrevista | Juana de Grandes

Juana de Grandes: “José Antonio Labordeta fue siempre un hombre honrado y fiel a sí mismo”

"El documental sobre su figura será muy interesante, es un recorrido a la historia de España", afirma la presidenta de la Fundación Labordeta y viuda del cantautor

“José Antonio Labordeta fue siempre un hombre honrado y fiel a sí mismo”

“José Antonio Labordeta fue siempre un hombre honrado y fiel a sí mismo”

El 19 de septiembre del 2010, acaba de hacer ahora una década, fallecía en la ciudad de Zaragoza José Antonio Labordeta. Su despedida entonvces fue una enorme manifestación colectiva de pesar y desde ese día su figura no ha hecho otra cosa que continuar agrandándose en sus múltiples facetas. La pandemia ha provocado que este año los homenajes previstos en su recuerdo se hayan suspendido o aplazado hasta otro momento, pero todavía hoy siguen siendo muchos los ciudadanos que le recuerdan en las redes sociales y a través de la fundación que lleva su nombre.

Diez años sin José Antonio Labordeta. ¿Cómo recuerda esos días de duelo personal y colectivo?

Recuerdo aquellos días como si hubieran sucedido la semana pasada. Indudablemente el dolor se apacigua, pero los momentos quedan. Me viene continuamente a la memoria la despedida de José Antonio con su amigo del alma, Eloy (Fernández Clemente), cuando lo sacaban de casa en la camilla camino del hospital para no volver más. Cómo se despidieron con la mano, dándose el adiós definitivo. Los tres últimos días en el Miguel Servet fueron francamente duros. Sabíamos que era el final, pero me gusta recordarlo con serenidad.

"Desde el taxi que nos llevaba a casa empecé a oír el 'Canto a la libertad' por todos los lados. Pensaba que me estaba volviendo loca, porque su voz salía por todas las callejuelas y los bares"

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Esos días, la gente salió a la calle y manifestó su cariño como muy pocas veces se ha visto en Aragón.

Murió a la una menos cuarto de la madrugada del sábado al domingo. Después de hacer los trámites oportunos volvía a mi casa muy afectada. Eran las dos de la mañana y desde el taxi que nos llevaba a casa empecé a oír el 'Canto a la libertad' por todos los lados. Pensaba que me estaba volviendo loca, porque su voz salía por todas las callejuelas y los bares. Veía mucha gente porque aún era una noche de temperatura agradable en Zaragoza. Llegué a mi casa y en los patios interiores también oía sus canciones. Pensé que era una ensoñación mía, pero no lo era. Me sentí muy acompañada en el dolor. Es difícil explicar las sensaciones en la capilla ardiente, con tantas filas de gente y tantos centros de flores. Me quedé anonadada. Pero el colmo fue cuando por la noche nos dijeron que la gente no se iba y nos preguntaron a la familia si saldríamos a agradecer tanto cariño. Aquello no se puede explicar, hay que vivirlo. Eran riadas de gente. (Juana se emociona).

¿Cómo definiría a Labordeta?

Si tuviera que describirlo, usaría su canción Ya ves. Lo define perfectamente, fue un hombre sin más. Me gustaría que así se le recordara. Era un hombre sin más, un lobo cansino, un verano ido. Para mí no era el hombre popular, nunca lo sentí así hasta que murió. Para mí era mi marido, mi compañero desde los 19 años, el amor de mi vida y el padre de mis hijas. Un hombre normal que nunca mitificamos en casa.

¿Qué queda de su legado 10 años después de su muerte?

Así lo seguimos viendo en casa y así me gustaría que continuara, pero me gustaría que viviera en generaciones posteriores. Se dedicó plenamente a Aragón con mucho entusiasmo y se dejó gran parte de su vida por su tierra. Ha dejado también poesías preciosas, canciones inolvidables, trabajó en la política, que tal vez fue la etapa más dura... El legado de José Antonio es hermoso. Fue un hombre profundamente generoso con todo el mundo.

Precisamente, la fundación que usted preside se encarga de preservar ese legado. ¿Se siente lo suficientemente respaldada?

Soy muy agradecida. Cualquier cosa me parece suficiente y casi todo me parece excesivo. Nos cedieron un espacio para ubicar la fundación en el que me encuentro bien. Nos dan unos recursos para todas las publicaciones y proyectos que hacemos. Administramos de forma muy estricta hasta el último euro, y si hay que poner algo de dinero lo ponemos de nuestro bolsillo. No puedo hablar mal de nadie. Sí que a veces sales de alguna institución, sobre todo privada, un poco baja, porque ves que nadan en la abundancia y a veces escatiman cantidades mínimas para la cultura. Te duele, pero estoy agradecida a todo el mundo, y sobre todo a los amigos de la fundación.

Precisamente, los amigos de la fundación son una parte importante de la misma. Quien quiera puede hacerse en www.fundacionjoseantoniolabordeta.org, ¿verdad?

No hay muchos, esa es la verdad. Pensábamos al principio que mucha más gente apoyaría con sus aportaciones, fueran las que fueran. Pero los que están son tan de verdad y están tan implicados que se lo agradezco mucho a todos.

"Cada año hacemos un gran concierto en el parque que este año no se puede hacer porque bajo mi responsabilidad no se va a organizar nada que pueda suponer un riesgo para la salud"

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En diez años, la fundación ha organizado muchas actividades, y están preparando con Gaizka Urresti un documental cuyo rodaje se ha interrumpido por la pandemia pero que está muy avanzado. ¿Destacaría alguna actividad?

Cada año hacemos un gran concierto en el parque que este año no se puede hacer porque bajo mi responsabilidad no se va a organizar nada que pueda suponer un riesgo para la salud. También entregamos anualmente unos premios que en palabras de la actriz María José Moreno es el acto cultural más bonito que se organiza en Zaragoza a lo largo del año. Ha habido muchas presentaciones, congresos, publicaciones de libros y discos, cómics, talleres para niños... El documental está paralizado por la pandemia pero estamos echando el resto. Por lo que he visto, es un recorrido a la historia de España e incluso de Europa o el mundo. Porque José Antonio no solo se preocupó por Aragón. Creo que el documental va a ser muy interesante.

Dos ciudades le marcaron. ¿Qué importancia tienen en su obra y su vida Zaragoza y Teruel?

Alguna vez he dicho que Zaragoza fue su compañera fiel, el Pirineo su novia y Teruel su amante. Eligió Teruel porque estaba de director del instituto Eduardo Valdivia, el cuentista aragonés. Le animó a que pidiera ese instituto, porque él realmente tenía opciones de ir a la Seu d’Urgell, donde había hecho la mili y le gustaba mucho. Estoy segura de que si no aparece Valdivia habría ido a la Seu y la historia habría sido distinta. Teruel le marcó, sin duda.

¿Piensa en cómo vería él la política actual?

Lo pienso muchas veces, pero no sé lo que pensaría él. Solo sé que siempre fue fiel a sí mismo y honrado. Nunca dio bandazos. No todos pueden decir lo mismo. No entro en si tenía razón o no en sus argumentos, pero tuvo una fidelidad absoluta a lo que pensaba.

Rompió moldes y fue precursor de un modo de hacer política. ¿Cree que tendría cabida ahora?

Si repasas los diarios de sesiones, son todos muy parecidos en el lenguaje. Son como lecciones aprendidas. José Antonio era todo lo contrario. Hablaba como si estuviera en el comedor de su casa. Hay una anécdota que me gusta recordar. Rubalcaba, al que he querido mucho, siempre me decía lo mismo: José Antonio era especial. Cuando teníamos reuniones con un tiempo concreto, él llegaba, decía todo lo que tenía que decir sin rodeos y nos sobraba la mitad de tiempo para hablar de otras cosas. Era así. No se andaba con bobadas ni florilegios.

Como él se denominaba, un beduino en el Congreso...

Es el beduino, sin duda. He escrito que me pregunto por qué elige ese pueblo. Si por su amor a los Monegros o porque es un pueblo que ama a la poesía. O quizá por las dos cosas. Lo pasó mal en esa etapa, aunque también hizo grandes amigos. Eso sí, se secó. En esos ocho años no escribió ni una línea.

El Canto a la libertad se propuso como himno de Aragón. ¿Qué le parece que no prosperara la iniciativa?

No entro en eso. A mí lo que me gusta es el anonimato, salir a la calle y perderme por la ciudad. A José Antonio tampoco le preocupaba. Si ya hay un himno, a mí me parecería que quitarlo sería hacer un feo a la gente que lo compuso. Yo estoy encantada cuando veo que la gente lo canta y lo hace suyo, al igual que el Ya ves o el Somos, esa primera persona del plural que tanto le gustaba usar a José Antonio.

Una de sus virtudes es que siempre conectó con generaciones más jóvenes.

Sí, siempre fue muy generoso. Se lo pasaba muy bien con ellos, creo que porque eran más divertidos que los de nuestra generación.

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