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Crisis del coronavirus | Situación sanitaria en Canarias

El 62% de los sanitarios no tiene miedo a trabajar con pacientes contagiados

Los profesionales de la sanidad canaria muestran su alto grado de compromiso y hasta un 22% asegura que atendería a enfermos con la Covid-19 sin equipos de protección

Borja Santana.

Borja Santana.

Nadie pone en duda que la pandemia de la Covid-19 ha servido para valorar la sanidad pública y la labor que desempeñan sus profesionales. En una situación extrema como esta, en la que la salud de todos está en riesgo, la ciudadanía se ha mostrado orgullosa de los sanitarios, quienes se enfrentan al virus en su día a día. El compromiso de los médicos, enfermeros y auxiliares con el cuidado de sus pacientes ha sido encomiable y el esfuerzo que han realizado tiene un valor ingente. Su responsabilidad, sacrificio y generosidad se refleja en los datos que arroja el estudio Creencias y actitudes del personal sanitario ante la pandemia de Covid-19, realizado por el enfermero canario Borja Santana, en el que se concluye que el 61,3% de los sanitarios canarios aceptaría trabajar con pacientes contagiados, aunque existiese un mayor riesgo a infectarse y caer enfermo que en una situación normal.

El New York Times, en un reportaje publicado a final de marzo, denominó a estos profesionales como “sanitarios kamikazes”, ya que serían capaces incluso de utilizar material que no cumpla con los estándares de calidad y seguridad establecidos, para proseguir con su actividad laboral a pesar de los riesgos que esto supone. Sin embargo, cuando el peligro de contagio se sitúa sobre sus familiares, solo uno de cada tres profesionales de la sanidad canaria está dispuesto a correr un riesgo más alto.

Cuatro de cada cinco sanitarios está dispuesto a hacer horas extras por la pandemia

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Uno de los principales escollos que encontraron los sanitarios al inicio de la crisis fue la falta de material de protección. El 82,4% de los profesionales que participaron en la encuesta tenían la percepción de que no disponían de los equipos necesarios. Si bien, el sondeo se realizó entre el 20 y el 27 de marzo, solo una semana después de decretarse el estado de alarma, y la situación de los hospitales ha mejorado desde entonces porque ahora están mejor abastecidos y no hay la misma carencia de material. La escasez inicial de equipos de protección individual (EPI) y el desconocimiento de la enfermedad ocasionó que una de cada cuatro personas contagiadas en el Archipiélago fuera un profesional de la sanidad. Un dato que se convirtió en uno de los índices más elevados de España y de Europa. Sin embargo, el porcentaje se ha reducido durante la segunda ola y, actualmente, solo el 4% de los afectados por la Covid-19 en las Islas son sanitarios, con un total de 598 profesionales infectados.

Derecho a decidir

En concreto, el 22,4% de los profesionales canarios estaría dispuesto a atender a pacientes contagiados con la Covid-19 en una situación en la que no tuviera los equipos de protección necesarios. Si bien, hay un 8,8% que no lo haría ni contando con material para evitar poner en riesgo su salud y esquivar un posible contagio durante el ejercicio de su labor.

La sobrecarga laboral de los enfermeros y médicos durante este crisis sanitaria les ha pasado factura física, mental y emocional. A pesar de la dureza de su trabajo y el alto grado de presión al que se han visto sometidos, el 82,2% de los sanitarios canarios aseguró en la encuesta que aceptaría trabajar más horas de las que se les exigen por contrato si fuera necesario, siendo los médicos, el colectivo profesional que más dispuesto estaría en realizar turnos extras (90,7%). Además, el 69% de los sanitarios se muestra dispuesto a trabajar en un hospital o centro sanitario diferente al habitual.

Si hay algo que cambiaría el rumbo de la situación en la que se encuentra el planeta y permitiría volver a la vieja normalidad sería el descubrimiento de la vacuna contra la Covid-19 y su fabricación a gran escala. En este sentido, el estudio determina que 72,2% de los sanitarios del Archipiélago confía en que se desarrollará una vacuna y el 64,1% cree que tendrá acceso a ella.

Al inicio de la crisis, el 82,4% de los profesionales creía no tener los EPI necesarios

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Prácticamente el 100% de los profesionales que participaron en el sondeo considera que deben tener derecho a negarse a trabajar en las unidades de atención a pacientes con coronavirus si no cuentan con los equipos de protección individual adecuados. Además, el 84% del personal sanitario afirmó que debe tener prioridad frente a la población general para ser diagnosticados y recibir tratamiento durante la pandemia.

El 67,6% de los profesionales de la sanidad considera que antepone sus deberes familiares a su responsabilidad en el trabajo, aunque son las enfermeras (70,6%) y el personal menor de 30 años (78,9%) los que más repiten esta afirmación.

La labor de investigación, realizada por Borja Santana, enfermero de la Unidad de Medicina Intensiva (UMI) del Hospital Universitario de Gran Canaria Doctor Negrín, como trabajo de fin de máster, fue tutorizado por los doctores Maximino Díaz, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), y Luciano Santana, de la Unidad de Medicina Intensiva (UMI) del Hospital Insular de Gran Canaria. El estudio se publicará próximamente en la revista científica Salud Pública de México.

Problemas estructurales 

El hecho de que España sea el país del mundo que cuenta con el mayor número de profesionales sanitarios infectados por Covid-19 ha sido estudiado por autores como Crespo, Calleja y Zapatero, quienes señalan que esto se debe a que el sistema sanitario español siempre ha tenido serios problemas estructurales y que la crisis financiera de 2008 los acentuó. Entre otros aspectos, los autores concluyen que ha contribuido a esta situación la fragmentación del sistema sanitario debido a la división en 17 regiones de salud; la respuesta inadecuada de la industria e inversión insuficiente en investigación e innovación, que limitó la adaptación en un entorno pandémico altamente desafiante; y la escasa inversión en salud, por debajo de la media europea.

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