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Entrevista

“Las naciones que más han avanzado lo han hecho ayudándose de la inmigración”

“Canarias tiene que decidir qué papel quiere jugar: si el del miedo o el de afrontar la situación”, expone Xavier Aldekoa, periodista y corresponsal en África

Xavier Aldekoa, periodista y corresponsal en África

Xavier Aldekoa, periodista y corresponsal en África

El periodista Xavier Aldekoa (Barcelona, 1980) ha desarrollado la mayor parte de su carrera profesional en África. En los últimos 18 años ha cubierto como periodista múltiples conflictos y temas sociales en más de 45 países africanos. Junto con el fotógrafo Alfons Rodríguez, impulsa el proyecto ‘Indestructibles’.

El punto de partida de Indestructibles es que África es el continente del futuro y su juventud constituye la generación del futuro. ¿Cuál es el hilo común de las 11 historias de niños y niñas, procedentes de 10 países africanos, que retrata la muestra?

En todas las historias de Indestructibles hemos buscado un equilibrio sobre lo que ocurre en el continente africano. El conjunto muestra historias positivas, otras amargas, pero en todas buscamos que los protagonistas tuvieran algo que contar o demostrar, porque tratamos de ir más allá de la herida. En este sentido, algunas historias son muy dramáticas, como las de los niños-soldado, que viven en la calle o niños secuestrados por el yihadismo, pero sus protagonistas no se definen por eso, sino por lo que han hecho después, en el sentido del esfuerzo que hacen por salir adelante desde su capacidad de superación, y eso es una constante de lo que podemos ver en el continente.

¿En qué medida diría que esa evolución constante en muchos países del continente ya está encabezada por los jóvenes que lideran movimientos democráticos, cívico-políticos o feministas?

Es que yo creo que el continente africano se define ahora mismo por esa ola de jóvenes cada vez más educados que, además, tienen un teléfono móvil con internet que les abre una ventana al mundo, lo que significa que ven cómo se vive en otras partes del mundo y que también quieran reclamar unos derechos que creen y saben que merecen. Y eso es lo que va a definir al continente en el futuro: África va a crecer mucho demográficamente y es un continente cada vez más educado, con una juventud que va a reclamar cada vez más sus derechos. En las próximas décadas vamos a ver que África va a cambiar; en unos casos, para bien, porque esos movimientos revolucionarios van a conseguir derechos, pero también los gobernantes que no sean capaces de dar respuesta a esas ansias de trabajo o de evolución van a sufrir o van a tener que responder con represión, que es algo que supongo que también veremos.

¿Puede citar algún ejemplo de Indestructibles que refleje ese cambio de mentalidad social?

Por ejemplo, la historia de la ugandesa Margaret Ayo, obligada a casarse a los 13 años con un hombre que le dobla la edad, parece la historia de una víctima, que, por supuesto lo es, pero gracias a estar con ella durante más de una semana se destapa como una chica con una mentalidad revolucionaria, que dice que ella quiere ser la última de su familia en ser casada siendo menor de edad, y que sus hijas, si alguna vez las tiene, no se casarán hasta que ellas quieran. Además, Margaret, incluso, le comunica esto a su marido. Y eso tiene un valor intrínseco porque, más allá de que lo consiga o no, el valor del intento es lo que cambia a las sociedades. En eso consiste ir a la profundidad de las personas, los lugares y las historias.

¿Cree que los medios de comunicación se hacen eco de estos cambios en el continente o seguimos anclados en una esa fotografía fija, estereotipada y negativa de África?

En general, sí creo que las informaciones sobre África adolecen un poco de ese cliché, pero es verdad que hay una generación de periodistas más o menos jóvenes desde hace tiempo, como en el caso de Pepe Naranjo, de Gran Canaria, que creo que, poco a poco, intentan cambiar esa mirada basada en el estereotipo y en lo negativo. Pero este es un trabajo que hay que hacer de manera sostenida y que no consiste en irse al otro lado de la balanza, porque tampoco creo que fuera positivo contar solo lo positivo y lo bonito del continente, que lo hay, sino de buscar un equilibrio y de no mirar al continente solo desde el temor y el paternalismo que a veces existe. En este sentido, creo que se trata de mirar hacia África como un lugar del que podemos aprender, donde residen 1.300 millones de personas de los que podemos aprender muchísimo, y que eso puede ser una oportunidad de convivencia y de crecimiento mutuo.

Indestructibles abre sus puertas en Canarias, una región geográficamente africana y que, en este contexto de pandemia, se enfrenta a una nueva oleada migratoria. ¿Esta muestra puede ser relevante para que seamos más tolerantes con los otros?

Creo que el vínculo de Canarias con el continente africano es indudable, pero es relevante que, efectivamente, llegue en el momento en el que estamos con la llegada de pateras. Si ante esta cuestión se juega el papel populista o de odio puede ser muy peligroso, porque hay que afrontar con responsabilidad las situaciones y también intentar sacar lo positivo o el beneficio. La historia nos dice que las naciones que más han avanzado en el mundo lo han hecho ayudándose de la inmigración. Estados Unidos no se entiende sin la migración. Los países que han conseguido sacar provecho de esa fuerza joven que quiere trabajar o progresar han conseguido avanzar de la mano de esta fuerza. Entonces, yo creo que Canarias, que es como la puerta de entrada de África a España, tiene ahí un rol importante para decidir qué papel quiere jugar: si el del miedo o el de afrontar la situación desde la altura de miras, la valentía política y la oportunidad social, porque es una situación que, desde las palabras bonitas, tampoco se soluciona. Y desde el odio, muchísimo menos.

¿En qué medida convergen una sensación de culpa y, a su vez, de miedo en la relación de Occidente con África?

Creo que hay una sensación de cierta culpa, que no me extraña que tengamos. El progreso de Europa no se explica sin un expolio sistemático de otros puntos del planeta, entre ellos, África, que no debe conjugarse solo en pasado, porque en muchos casos se sigue dando, aunque no sea en la misma cantidad o de la misma forma, y a esto se une la realidad de los malos gobernantes en tantos países africanos. Esa sensación de culpa creo que está bien tenerla si nos sirve para mejorar la situación, para entender qué hemos hecho mal y rectificar, así como identificar qué nos aleja de nuestra visión hacia ellos e intentar aprender un poco más y tender puentes, porque el lamento por el lamento o el miedo por el miedo solo resta.

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