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Ausencia de democracia y dignidad

La pasada semana se publicaba en este mismo diario un escrito cuyo autor es el actual presidente del Colegio de Médicos de Las Palmas. Con ese texto, el presidente de esta institución de naturaleza también pública, cosa que hay que tener en cuenta ya que no es su cortijo privado, es la primera vez que habla en los medios de comunicación desde que se resolviera el ilegal proceso electoral, el cual ahora ha sido anulado dos años y medio después de su conclusión. Eso sí, tal exposición pública la hace en un formato que no permita plantearle pregunta alguna sobre las constatadas irregularidades que se reflejan en la sentencia, ni por la sospechosa intervención de la Junta Directiva y del abogado del Colegio de Médicos en el proceso electoral, ni por el ataque al honor de unos colegiados acusándoles de falsificadores.

El contenido de dicho escrito es una vergüenza para la institución, y es la más clara demostración de la deriva autoritaria y la patrimonialización de la casa común de los médicos de la provincia de Las Palmas, haciendo un extraordinario daño a esta centenaria institución. No sólo se permite el médico Cabrera darnos clases de derecho, qué osadía, sino que también falta el debido respeto a un grupo de compañeros colegiados, con acusaciones infundadas de mala praxis y prácticas pseudocientíficas, sin determinar con claridad a quienes acusa ni concretamente de qué, comportamientos impropios de un presidente hacia los colegiados de la institución que preside, demostrando a nuestro entender una cobardía reprochable, que pone en entredicho su altura personal para ostentar la dignidad propia del cargo. Hemos de decir que a nosotros ya no nos sorprende porque de estas ya ha habido muchas, pero es ahora cuando se ha mostrado públicamente la bajeza de su comportamiento. En este texto también nos llama disidentes vociferantes, dejando ver que lo que democraticamente es oposición, confrontación de ideas, debate y derecho de voz de todos los colegiados, es para usted un grupo sublevado de la doctrina impuesta, muy propio de su comportamiento y de ideas totalitarios en el ejercicio del poder, actitudes que no tienen cabida en nuestra sociedad. A todo esto asistimos sin que la Comisión Deontológica del Colegio haga nada ante las flagrantes infracciones al código ético al que nos sometemos todos los colegiados. Obviamente es un órgano también secuestrado por la Junta Directiva con el vicepresidente de ésta presidiendo la Comisión. A este respecto la único voz vociferante que hemos oído es la del medico Cabrera gritando ante su micrófono en la última Asamblea tratando de que no se escuchara a un miembro de la Asamblea que trataba de hablar. Es curioso que un presidente que no permite que los Asamblearios hablen y debatan los presupuestos y sus enmiendas antes de votarlos, nos llame disidentes vociferantes. A este señor le molesta la democracia. No entraremos en las demás descalificaciones que nos dedica gratuitamente, no sabemos caer tan bajo y queda usted suficientemente retratado.

Y es que ni usted ni ningún miembro de su directiva concederá nunca una entrevista a ningún medio de comunicación para responder sobre sus actuaciones y las irregularidades de este proceso electoral, irregularidades que repetimos se constatan en la sentencia, porque saben perfectamente que al día siguiente tendrían que salir por la puerta de atrás, habiendo acabado este ejercicio de ocultación de la verdad. Pero ustedes prefieren seguir desinformando y engañando al Colegiado desde una especie de oficialidad institucional, una ocultación de la verdad que ya ha quedado de manifiesto. La verdad es que la sentencia anula el proceso electoral y por lo tanto deslegitima a la actual Junta Directiva, por muchas cuestiones que se traten de contar; pero donde antes manifestaban que acatarían la sentencia, ahora el Doctor Cabrera le da clases de derecho a Su Señoría.

Dice que el principio antiformalista no existe en derecho, y consultado con varios juristas para no cometer el mismo error, no hubo uno que no se riera con ganas de tremendo disparate, no sólo existe sino que impregna el derecho administrativo, y es reconocida doctrina del Tribunal Supremo –hoy en día es fácil constatar algo tan sencillo en internet–. De tal manera que la justificación que ha mostrado públicamente para recurrir y seguir en la poltrona del sillón de la institución no es válida, piense otra porque esta no cuela; usted es capaz de cualquier cosa con tal de no dejar el cargo y acatar la sentencia, empleando dinero de todos para seguir hasta que lleguen los cuatro años, un fraude como su presidencia. Muchos compañeros ya nos habían advertido de que sería capaz de llegar a lo que hiciera falta, parece que no somos los primeros que lo sufrimos.

Dentro de su deriva totalitaria, como a la Jueza, también da clases de periodismo y pasa a recriminar directamente a los medios de comunicación que nos hayan dado voz, diciendo que son medios de segunda porque si hubiesen sido la CBS, ABC o NBC americanas nos habrían cortado. O sea, que también le gusta a usted restringir la libertad de información y de expresión cuando a usted no le gusta lo que se dice –para ser sincero esto ya lo sabíamos por su comportamiento en las Asambleas–. Obviamente, el único que desinforma es usted.

En este caso, es gracias a los medios que se ha sabido lo ocurrido por muy increíble que le pueda parecer a alguien. Téngase en cuenta que si algo de lo que hemos dicho no fuera cierto o no estuviera documentado, ya nos habrían llevado a los juzgados. No hay más que leer los comunicados del Colegio de Médicos de Las Palmas sobre la sentencia para detectar la descarada manipulación. Acéptelo, la sentencia anula su elección y nuestra eliminación y ordena requerir de subsanación, no trate de confundir con más formalismos absurdos y argumentos peregrinos, y proceda a convocar a la Junta Electoral que es la que tiene que requerir de subsanación y resolver el proceso electoral, actuando como la sentencia le requiere, favoreciendo el proceso democrático, sin rigurosidad, ni formalismos exacerbados y con un grado de flexibilidad coherente con la norma, no prohibiendo lo que la ley o estatutos no prohíben.

Por último, y demostrando la ya expresada pérdida de la perspectiva confunde usted su persona con todos los médicos y con la propia institución. Nosotros no ensuciamos a los médicos, es solo usted el que ha ensuciado su nombre con sus actuaciones, usted no es el colectivo médico, gracias a Dios. Es profundamente triste comprobar cómo la Junta Directiva de este colegio profesional se niega a acatar voluntariamente la sentencia con argumentos absolutamente inservibles, manchando sus nombres, que si bien pueden tener logros profesionales, no por ese simple hecho ostentan la debida integridad y dignidad que requiere el puesto, cuestión esta última que queda en entredicho por sus comportamientos. Esperamos que no sean estas maneras las que enseñen en la universidad o lleven como código de conducta en sus sociedades o asociaciones. Es urgente que se acaben con estas maneras, no son permisibles en una sociedad democrática que dejó atrás esta concepción del ejercicio de la autoridad de manera totalitaria. Limpiamos a los médicos, déjenos votar, tenga algo de dignidad.

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