La crisis sanitaria provocada por la pandemia de Covid-19 ha generado un notable impacto social y económico, que ha ido de la mano de un importante incremento del número de personas adictas a las apuestas online en el Archipiélago. Así lo pone de manifiesto Óscar Lorenzo, coordinador de proyectos de la Fundación Adsis y psicólogo del centro Aluesa, una entidad especializada en la lucha contra las adicciones comportamentales en Canarias. “Durante el período de confinamiento, mucha gente empezó a mostrar interés por estas apuestas al no poder salir a la calle y hacer su vida con normalidad. En nuestro caso, casi hemos triplicado la demanda de las asistencias asociadas a estos conflictos y son los varones jóvenes los que conforman el perfil predominante en todas las Islas”, garantiza el profesional.

Según detalla, a lo largo de 2019, el centro de rehabilitación atendió a casi 200 individuos en Canarias por las mismas causas. La mayoría superaba los 45 años. Sin embargo, en el transcurso de 2020, la cifra aumentó hasta alcanzar los 600, siendo el 65% de ellos jóvenes que aún no han entrado en la treintena. En base a las palabras de Lorenzo, los principales factores que han influido en el mantenimiento de estos hábitos han sido la pérdida de empleo, la precarización laboral y la incertidumbre causada por los Expendientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE). Asimismo, entre las actividades preferidas por los afectados destacan la ruleta y las apuestas deportivas.

“La gente busca una forma fácil de ganar dinero y se refugia en estos juegos sin ser consciente de que se está metiendo en un gran problema. Todo empieza con unos bonos de bienvenida, que parece que son gratis, y con apuestas bajas. Después, las cantidades aumentan y los que caen en la tentación pueden llegar a acumular deudas que superan los 15.000 euros al cabo de pocos meses”, alerta el psicólogo, que además asegura que tras haber quedado paralizado el deporte en los meses en los que la pandemia golpeaba con más fuerza, “empezaron a surgir otras alternativas como las apuestas en las peleas de gallos”.

Primeros meses

Según los datos que maneja la Dirección General de Ordenación del Juego, el margen bruto creció un 17% en el segundo trimestre de 2020, teniendo en cuenta la cantidad facturada en el mismo período del ejercicio anual anterior; las apuestas deportivas cayeron en un 21% –por no haber competiciones–; los juegos de casino aumentaron en un 36%; el póquer online, en un 97%; el bingo, en un 67%; y los concursos, en un 733%.

Por su parte, el Observatorio Español de las Drogas y Adicciones desvela que durante los primeros meses del confinamiento se produjo un descenso en el consumo de drogas legales e ilegales, pero aumentaron las apuestas online y el uso de las nuevas tecnologías. “A los usuarios que ya recibían tratamiento y que visitaban con asiduidad las salas de juegos, el confinamiento les vino muy bien porque no podían trasladarse hasta estos espacios. Pero a partir de junio, la crisis provocó que comenzaran a surgir las recaídas y que combinaran la práctica presencial con la online”, lamenta el psicólogo.

Lo cierto es que a raíz de la declaración del primer estado de alarma, gran parte de la población creó un vínculo muy estrecho con las tecnologías, lo que se tradujo también en el crecimiento de las adicciones a los videojuegos y a las redes sociales. De hecho, en base a una encuesta realizada por el mismo órgano entre el 18 de mayo y el 30 de junio, el 15,2% de los participantes reconoció haberse iniciado en los videojuegos cuando todo el país tuvo que encerrarse en casa para contener la propagación del patógeno, presentando el 7,2% de ellos un posible trastorno por estas aplicaciones interactivas. El problema sería además mayor entre los menores de 18 años.

“La experiencia que tenemos nos dice que son los varones menores de 18 años los principales afectados por las adicciones a los videojuegos y, además, no admiten sufrirlas. Por supuesto, algunos superan esta franja de edad, pero no conforman la mayoría”, señala Óscar Lorenzo.

Las mujeres, en cambio, lideran las adicciones a las aplicaciones de mensajería como WhatsApp y a la red social Instagram. “Suelen ser chicas de entre 15 y 19 años, que no pueden desconectarse de ellas en ningún momento. En el caso de Instagram, por ejemplo, nos hemos encontrado casos en los que las afectadas han llegado a pasar hasta 18 horas en la aplicación en un solo día”, sostiene el psicólogo del centro Aluesa. “Estos hábitos se dispararon en el confinamiento y son muy preocupantes. A veces es difícil que las jóvenes lo comprendan, algo que es fundamental para que la terapia sea eficaz”, agrega.