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La ULPGC estudia el ruido submarino y su efecto en cetáceos en aguas canarias

Un equipo del Servicio Integral de Tecnología Marina sumergirá vehículos autónomos para realizar una monitorización acústica pasiva durante el 2021

Jorge Cabrera sumerge un 'glider' en una piscina durante unas pruebas

Jorge Cabrera sumerge un 'glider' en una piscina durante unas pruebas Johanna Betancor

Recoger datos sobre el ambiente acústico y el ruido marino y sobre la presencia de diferentes especies de cetáceos en las aguas Canarias. Este es el principal objetivo de MacPAM. Una iniciativa dirigida por el Servicio Integral de Tecnología Marina (Sitma) de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) que pretende realizar a lo largo de 2021 una monitorización acústica pasiva a lo largo de la costa del Archipiélago a través de vehículos autónomos submarinos conocidos como planeadores o gliders.

“La idea es conseguir tener un conocimiento más profundo de qué es lo que está ocurriendo en el mar y cómo está afectando la introducción de ruido acústico en el océano con lo que esto supone para estas especies”, explica Jorge Cabrera, director de Sitma y responsable de este estudio que se enmarca a su vez en el proyecto CanBIO financiado por el Gobierno de Canarias y el Loro Parque bajo el que se aglutinan diversas investigaciones centradas en los efectos del cambio climático. Para ello, los expertos de la ULPGC emplearán un sistema de grabación de audio de última generación que permitirá obtener información durante las campañas, prácticamente, en tiempo real.

Dichas campañas se llevarán a cabo durante este año e irán creciendo en número de días de manera progresiva. Inicialmente, los dispositivos se enviarán a las zonas donde se sospecha que hay una mayor posibilidad de detectar cetáceos, como por ejemplo el suroeste de Gran Canaria, la zona de Los Gigantes en Tenerife o La Gomera. La previsión es poder mandar más lejos estos planeadores el año que viene para poder hacer un mapa más completo de la Macaronesia. “Todo ello ajustado a la autonomía de los vehículos”, apostilla.

Según arguye Cabrera, los gliders existen desde los años 90 y desde entonces revolucionaron la forma de obtener datos en oceanografía porque hasta entonces la forma tradicional de recabarlos era en los barcos, con el problema de coste que esto supone. “Para hacerse una idea, barcos como el Hespérides o el Ángeles Alvariño pueden suponer un coste de entre 20.000 y 30.000 euros, mientras que el de uno de estos planeadores ronda entre los 200 o como mucho mil”. Asimismo, el también investigador asociado al Instituto de Sistemas Inteligentes y Aplicaciones Numéricas de la ULPGC cuenta que anteriormente, estos dispositivos solo contaban con una tecnología de grabación de sonidos que únicamente almacena datos en momentos predeterminados, durante la duración del despliegue, y a los que solo se podía acceder en el laboratorio tras recuperar el vehículo al final de una campaña”, algo que podía prologarse durante varias semanas o meses.

Esto no ocurre con el modelo canadiense empleado para el proyecto MacPAM puesto que disponen de una tecnología novedosa que “permite adquirir a alta velocidad y con mucha resolución temporal señales acústicas mediante hidrófonos de alta calidad”, según señala Cabrera. Y es que este nuevo sistema permite analizar in situ la señal acústica y emitir avisos de detección para especies seleccionadas o alertas sobre la intensidad de ruido acústico, en los momentos en los que el planeador comunica en superficie vía satélite.

La ULPGC estudia el ruido submarino y su efecto en cetáceos en aguas canarias

De este modo, en caso de que el glider detecte cetáceos en su radio de acción, se puede modificar su trayectoria en ese momento, pudiendo hacer un seguimiento de los animales. No obstante, esta no es la única finalidad del proyecto. “La idea también es caracterizar los niveles de ruido marino”, señala el investigador. Esta, asegura, “es una cuestión que ha sido ignorada durante muchos años”, a pesar de que hace más de una década que se promulgó a nivel europeo la Directiva Marco sobre la Estrategia Marina en la que se establecen once criterios e indicadores que permiten evaluar el buen estado de ambiental de las aguas marinas. “El último de ellos, precisamente, es el nivel del ruido marino”, apostilla el experto en robótica para quien la pandemia ha evidenciado cómo la reducción del tráfico marítimo ha contribuido a que diversas especies se avistasen en la costa canaria. “Nosotros no metemos la cabeza bajo el agua para ver qué se oye allí”, apunta, “pero no hay que olvidarse que para los cetáceos el oído es muy importante, tanto para alimentarse, como para procrear o relacionarse”.

Del mismo modo, Cabrera recuerda que en 2004 la Organización Marítima Internacional declaró el Archipiélago como zona AMES (Área Marina Especialmente Sensible) por su biodiversidad, pero también por la intensidad del tráfico marítimo que hay en la región. Ambos aspectos podrían verse beneficiados con la iniciativa de la ULPGC, puesto que la inmersión de los gliders “permitirá recabar datos de cara a futuras normativas o reglamentaciones que estén enfocadas a preservar las especies y a que el uso compartido del océano sea compatible con la existencia de los animales que habitan en él”, asevera el director del Sitma. “Desde hace muchos años la Unión Europea exige a todos los países miembros que evalúen el ruido marino y esto es una asignatura pendiente en muchos sitios, entre ellos, Canarias”, añade.

Con el proyecto MacPAM “por lo menos vamos a conseguir el objetivo de tener un conocimiento más profundo sobre qué es lo que está ocurriendo en el océano, cómo está afectando a las especies marinas la introducción de ruido acústico, así como también podremos tener en cuenta los niveles de ruidos”, comenta Jorge Cabrera.

Esto también será posible gracias a BuoyPAM. Otra iniciativa liderada por el investigador Fernando Rosa de la Universidad de La Laguna, que desarrollará herramientas para el análisis del sonido recogido. Ambos equipos realizan sus estudios en la monitorización acústica pasiva de ambiente sonoro y de detección de actividad biológica. A través de las boyas estáticas de BuoyPAM y los gliders se cruzarán los datos obtenidos para determinar el estado del ambiente acústico submarino del Archipiélago y la Macaronesia.

De este modo, la iniciativa dirigida desde el Sitma va a permitir poner a punto una tecnología de censo de cetáceos de bajo coste que permitirá hacer un seguimiento más preciso, pudiendo ser importante en un futuro para determinar el estado de especies amenazadas.

La ULPGC estudia el ruido submarino y su efecto en cetáceos en aguas canarias

Dicho proyecto forma parte de CanBIO, un programa de investigación medioambiental financiado en partes iguales por el Gobierno de Canarias y Loro Parque con dos millones de euros, que se invertirán para estudiar durante los próximos cuatro años el cambio climático en el mar y la acidificación oceánica y sus efectos en la biodiversidad marina de Canarias y la Macaronesia.

Movimiento sin motor

Los planeadores se mueven muy silenciosamente, explica Jorge Cabrera, debido a que no llevan motores. “Lo que se hace es modificar su flotabilidad”, apunta. Esto es posible a una pequeña bolsa de aceite colocada en el exterior que se hincha si se traspasa a ella el aceite, “de manera que el peso permanece constante, pero aumenta el volumen y, con ello, la flotabilidad. Si queremos que se hunda la operación es a la inversa”. Estos sistemas, además, están dotados con unos sensores básicos para medir la temperatura, la salinidad el agua, así como también pueden integrar fluorómetros que miden la concentración de ciertos pigmentos relacionados con algas, o el oxígeno disuelto, entre otros parámetros, cuenta el investigador. | A.R.M.

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