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Salud

García-Orea: “El ayuno intermitente facilita que nuestro intestino se limpie”

“El intestino necesita limpiarse de la digestión anterior y si comemos continuamente habrá bacterias que deberían ser eliminadas que no lo serán”, explica la nutricionista

Desde la izquierda, Federico Mallo y Blanca García-Orea, antes de comenzar la conferencia-coloquio en torno al libro de esta última, en Vigo.  | | JOSÉ LORES

Desde la izquierda, Federico Mallo y Blanca García-Orea, antes de comenzar la conferencia-coloquio en torno al libro de esta última, en Vigo. | | JOSÉ LORES

¿Es imprescindible realizar cinco ingestas al día como habitualmente se aconseja? ¿Se puede hacer alguna pauta de ayuno intermitente sin que repercuta negativamente en la salud? Blanca García-Orea Haro, nutricionista clínica, conocida como @blancanutri en las redes sociales y considerada como una de las cien mejores influentes de 2020 según la revista Forbes, afirma que no hay por qué hacer cinco comidas al días, mientras que asegura que el ayuno intermitente no solo no es perjudicial, sino que es recomendable.

“Durante años nos han dicho que teníamos que desayunar, tomar algo a media mañana, comer, merendar y cenar de forma obligatoria. Pero hay mucha gente que no tiene hambre al mediodía o por la tarde y, si come sin tener ganas, al final solo se está metiendo una comida más. El ayuno intermitente tiene mucha relevancia porque cada vez que hacemos un ayuno de cuatro horas, nuestro intestino se limpia de los restos de la digestión anterior. Si estamos comiendo continuamente esa limpieza es complicada y bacterias que deberían ser eliminadas no lo son. Pero el ayuno intermitente no significa no comer. Un ayuno de 12 horas lo hacemos casi todos y no nos enteramos: cenamos a las nueve y desayunamos a las nueve”, explica García-Orea, que acaba de publicar el libro Dime qué comes y te diré qué bacterias tienes. El intestino, nuestro segundo celebro (Grijalbo), un extenso recorrido por la microbiota (el conjunto de microorganismos que habitan en el cuerpo humano) en el que explica para qué sirve comer bien y los beneficios que aporta una alimentación sana de una forma veraz, accesible y actualizada con rigor científico.

“Eliminar la grasa buena, como la del pescado azul y el aceite, cuando queremos hacer dieta es un error”

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García-Orea reconoce que actualmente se come mal y que, por tanto, la salud de la microbiota no es la mejor. “La microbiota supone entre uno y dos kilos de nuestro peso, por lo cual algo de importancia tiene. Es más, investigaciones recientes afirman que tenemos más ADN microbiótico que humano. Nosotros aportamos a la microbiota la casita (nuestro cuerpo) y el alimento, y ella la transforma en ácidos grasos de cadena corta, que al final va a ser energía para nosotros”, explica.

Además, está involucrada en el funcionamiento del sistema inmune en su lucha contra los patógenos externos y evita que ciertas bacterias se conviertan en patógenas debido, precisamente, a una mala alimentación. “El único momento en el que no tenemos microbiota es cuando estamos en el vientre materno. Desde el mismo parto, comenzamos a adquirirla: de nuestra madre, del hospital... y luego las seguimos adquiriendo de las personas, de las mascotas, en la oficina... Estamos rodeados de bacterias”, añade.

En el libro aborda también los principales trastornos alimentarios, como el estreñimiento y las intolerancias alimentarias. Según la nutricionista, el primer problema puede deberse no solo a un consumo bajo de agua y vegetales, sino también a un consumo deficiente de grasa, fundamental en una dieta sana y equilibrada.

“El único momento en que no tenemos microbiota es en el vientre materno. La vamos adquiriendo desde el parto”

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“La grasa está muy demonizada, pero eliminar la grasa buena, como la que contienen el pescado azul, el aguacate, el aceite y las aceitunas, cuando queremos hacer una dieta es un error”, sentencia García-Orea.

Además, también las intolerancias están relacionadas a una alimentación no demasiado saludable y puso como ejemplo la intolerancia a la fructosa, que en muchos casos responde a un abuso de su consumo en productos donde va a añadida. Otras veces se debe a problemas intestinales y revierte cuando estos cesan.

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