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Alumna de la escuela pública

Direna Alonso hizo el bachillerato en el Pérez Galdós y terminó Farmacia en la Complutense

Alonso, abajo a la derecha, con sus compañeros del laboratorio de Scott Lowe.

Alonso, abajo a la derecha, con sus compañeros del laboratorio de Scott Lowe.

Direna Alonso Curbelo se incorporó al laboratorio de Scott Lowe, del Memorial Sloan Kettering (Nueva York) a finales de 2013. De momento, ha sido la última parada de una joven de San Felipe (Santa María de Guía) que, tras completar el bachillerato en el IES_Pérez Galdós, fue número uno en su promoción de Farmacia en la Universidad Complutense de Madrid y tercera de España.

Su compromiso con la investigación, como explicó hace cuatro años en un reportaje en este periódico, surgió tras una experiencia familiar. “Como muchas otras personas”, apuntaba entonces, “he perdido a un ser querido por el cáncer”. Su padre fue diagnosticado con un melanoma metastásico, la forma de cáncer de piel más letal en Canarias. Ese diagnóstico llegó tarde. “Me frustró enormemente el que no hubiera ningún tratamiento eficaz a su alcance”, explicaba en 2017.

Tras destacar en la Complutense, Direna Alonso Curbelo tenía claro que “quería dedicarme a la investigación sobre el cáncer”. “Hice un Doctorado”, añade, “en Bioquímica y Biología Molecular en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), en Madrid, en el laboratorio de la Dra. Marisol Soengas”, y desde ahí dio el salto a Nueva York con el apoyo de la Fundación Ramón Areces para estudios de postgrado, en el laboratorio de Dr. Scott Lowe. Actualmente está en proceso de iniciar su propio laboratorio, donde continuará su trabajo estudiando la relación entre inflamación y cáncer y desde donde le ilusiona poder también contribuir a la formación de la nueva generación de investigadores.

Células de melanoma

Durante su tesis doctoral, antes de liderar el estudio sobre cómo mutaciones en genes cooperan con la inflamación tisular para iniciar el cáncer de páncreas, la investigadora médica recuerda que “encontramos una estrategia nueva para eliminar de forma eficaz y selectiva a células de melanoma [cáncer de piel]. Esto fue en 2009. Hoy, gracias a más investigación que se ha hecho en base a ese descubrimiento inicial, tenemos un nuevo fármaco, made in Spain, que se está probando ahora en ensayos clínicos con resultados muy prometedores”.

Direna Alonso Curbelo recalca que un trabajo como ese “son 10 años, pero investigar funciona, y revierte en beneficio de la sociedad”. “En conclusión”, incide, “la investigación de hoy es la medicina de mañana, y sin ella no habría las bases del conocimiento para mejorar el día a día de la oncología”.

La situación de la grancanaria no es atípica entre investigadores españoles, de los que muchos emigraron al extranjero tras la crisis de 2007 por la caída de la inversión en nuestro país.

España, según datos publicados por Eurostat el pasado mes de noviembre, invierte poco más de 300 euros por habitante a investigación y desarrollo, menos de la mitad que la media de países europeos al destinar sólo un 1,14% de su Producto Interior Bruto (PIB) a I+D. Es, dentro de la Unión, el decimoctavo estado en este apartado, por detrás de países como Polonia o Grecia.

Según los cálculos del Instituto Nacional de Estadística (INE) la inversión de España en I+D subió en 2020 un 4,2% respecto al año anterior y representó el 1,25% del PIB, aunque Eurostat lo rebajó al 1,14%. Las empresas fueron las que más invirtieron con un 56,1% del total.

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