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Historias de una infanta y una isleña

Faima Ramírez fue la primera canaria seleccionada para cursar dos años de Bachillerato en un Colegio del Mundo Unido, como hará la infanta Leonor en Gales

Historias de una infanta y una isleña

Historias de una infanta y una isleña

La grancanaria Faima Ramírez acudió en 2008 a Costa Rica a cursar los dos últimos años escolares realizando el Bachillerato Internacional en un United World College (UWC), uno de los Colegios del Mundo Unido, movimiento educativo internacional en que se encuentra el del Atlántico en Gales al que asistirá la infanta Leonor. Estos centros, para jóvenes de 16 a 19 años, pertenecen a una ideología global que tiene como misión que la educación aúne a personas, naciones y culturas por la paz y un futuro sostenible.

Hay 18 colegios en cuatro continentes y el primero, donde se fundó el movimiento, es el de Gales. Abandera a estos centros el que la infanta lo haya elegido ya que el Bachillerato Internacional se imparte en 5.000 alrededor del mundo. Según Faima Ramírez, “existen miles de colegios internacionales donde el rigor académico es igual al de Reino Unido o al que yo acudí en Costa Rica. Lo que los diferencia es la experiencia del día a día. Salí de Sardina del Sur, un lugar pequeño, en 2008, cuando todavía no teníamos móviles e Internet no funcionaba demasiado bien. El de Costa Rica aún carecía de página web y, de repente, con 16 años me ví conviendo con 150 adolescentes de72 países. (El colegio de Gales es mucho mayor. Engloba 300 alumnos). Me resultó un choque de realidad y de responsabilidad porque cualquier riesgo corría a mi cargo y tenía que compartir el espacio enla residencia y los conflictos con personas de orígenes completamente distintos a los míos”.

Historias de una infanta y una isleña

Grupos diversos

Lo que hace únicos a los Colegios del Mundo Unido es que se forman grupos deliberadamente diversos. “Yo convivía en una habitación de 6x6 con una chica de Japón de una familia ultraconservadora y una de Belice de una muy humilde de agricultores. Mis orígenes de Sardina del Sur eran de abuelos analfabetos. Al mismo tiempo, tenía compañeros de la realeza senegalesa y muchos de los sudamericanos procedían de padres profesores de universidad. Por un lado, contábamos con mucho en común. Nos emocionábamos de la misma manera con los amaneceres tan bonitos de Costa Rica y nos asustábamos de las iguanas en las duchas, pero también éramos conscientes de que nuestras realidades de vida nos habían influido de maneras muy dispares”.

Ramírez destaca que “nuestros colegios, si los comparas con cualquier otra institución internacional, cuentan con un gran número de becados. Más del 70% de todos los estudiantes acuden con una beca total o parcial. Hay también alumnos de pago para equilibrar esa balanza porque lo que aportan sirve para las becas de personas de campos de refugiados, de aldeas SOS y de familias muy humildes con hijos brillantes, pero, que de otra manera no podrían haber salido de su entorno”. “El Colegio de Costa Rica es el único que ofrece el Bachillerato Internacional de manera bilingüe. Puedes elegir hacer ciertas asignaturas en castellano o inglés. El resto de centros del movimiento imparten todo en inglés”, aclara.

La estudiante de Gran Canaria fue enviada al país latino. “En el proceso de selección español te asignan un colegio. Se elige a 20 personas de todo el país y te distribuyen entre los 18 centros. Yo quería ir al de Canadá en un bosque apartado de la civilización como el de Gales, para conocer un contraste real con Canarias, pero me asignaron al de Costa Rica y a día de hoy no lo cambio por ningún otro”.

Un nuevo centro

“He visitado muchos, pero el mío fue especial porque era muy nuevo, con solo tres años desde su inauguración. Fui una pionera, todo estaba por hacer. No había ni código de conducta ni biblioteca. Fomentó mucho la iniciativa personal tener que abrirse campo como comunidad de estudiantes, profesores y trabajadores, definiendo nuestra identidad como colegio. Los códigos de conducta comunes al movimiento incluyen temas tales como que no se tolerará discriminación por origen nacional, étnico, religioso y sexual. Tampoco, la violencia ni el uso de sustancias estupefacientes. Después, en cada colegio se contextualizan las normas. Por ejemplo, el mío estaba en medio de una pequeña ciudad, vallado, con toque de queda a las 22.00 horas, por seguridad personal, mientras que el de la infanta se sitúa apartado en un enorme campus sin necesidad de muros que lo separen del mundo exterior”.

Todos los países, de los 155 reglados, tienen un comité nacional para seleccionar a los candidatos aptos a nivel territorial. En España, el comité se fundó en 1996 y todos los años recauda fondos para poder enviar, entre 15 y 20 becados. “Se presentan unos 500 jóvenes de todas las comunidades autónomas, de 16 a 19 años. Fui la primera canaria elegida y en todo este tiempo solo han ido cuatro más. Hay falta de información en los colegios e institutos al respecto. Quizá ahora que va la infanta se ponga más de moda el movimiento. Yo, en su día, no sabía si presentarme porque lo veía inalcanzable y pensaba que era algo solo para los mejores del país. Al final envié la solicitud. Este año se han presentado a la convocatoria unos 490 candidatos, pero únicamente 13 canarios. El 85% de los estudiantes españoles seleccionados acuden con beca total, como fue mi caso. Mis padres no se hubieran podido permitir los 32.000 euros del colegio de Costa Rica por esos dos años que cursé. Para conseguir las becas existen colaboraciones con bancos, con la Comunidad de Madrid o con personas privadas, entre otros, que deciden apoyar a estos centros. Muchos otros comités nacionales no pueden becar con el mismo alcance que el español”.

La infanta Leonor ha tenido que pasar por todos los filtros de selección. “Es un proceso ciego, es decir, que en la solicitud escrita de varias páginas aparece un seudónimo. Se lee el documento por cuatro personas y se establecen unos criterios para elegir a los candidatos. Leonor superó todas las pruebas: las de debate, el test psicológico, el de cultura general y elaboró un informe social. Los mejores candidatos obtienen una de las 20 plazas. Su nivel económico se conoce en la última fase. Los padres aportan la cantidad monetaria que puedan en base a sus ingresos y con este dinero se pagan un par de becas”.

Convivir en estos países con personas tan disferentes permite ampliar la mente “hacia un pensamiento crítico, un sentido de identidad que va más allá de la nacionalidad y de lo antes conocido. Me di cuenta de que hay múltiples formas de vivir en este mundo y todas son igualmente válidas. Comienzas a sentir mayor empatía por lo que piensa el resto, a comprender otros miedos, prejuicios y razones para tomar decisiones. Aprendí a entender los conflictos culturales como oportunidades de cambio y a relativizar mi vida. Cosas que me parecían un problema dejaron de serlo al comparar mis privilegios con los de compañeros menos afortunadas. Ahora miro un mapa y no veo países sino caras porque conozco, como mínimo, a una persona de cada lugar”.

Faima Ramírez Hirschauer nació en Múnich en 1992. Se crió en Sardina del Sur. Cursó la ESO en el IES Santa Lucía de Vecindario, del que guarda un magnífico recuerdo, como se aprecia en la imagen superior. En 2008 viajó a Costa Rica a realizar el Bachillerato Internacional hasta 2010, en que recibió una beca Davis para exalumnos de los Colegios del Mundo Unido y fue a la universidad en EE UU. En la foto inferior, aparece la estudiante grancanaria junto a una compañera nigeriana el día de su graduación en Costa Rica. |

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