“Y estas son las fuerzas que habían alineado en nuestra contra, y estas son las fuerzas que habíamos alineado en nuestro interior, en nuestro interior y en nuestra contra, en nuestra contra y en nuestro interior”, escribió la poeta y activista feminista estadounidense Adrienne Rich en su poemario El sueño de una lengua común (1978). La situación de la pandemia no acalló ayer el clamor común de la lucha feminista contra la lacra estructural de la desigualdad y la discriminación machista en un año marcado por la presente crisis sistémica mundial. 

El ruido de voces unidas en defensa de la igualdad real y efectiva descentralizó sus espacios de reivindicación -nunca sus fuerzas- en consonancia con las medidas vigentes de seguridad sanitaria a través de oleadas de protestas y campañas de sensibilización en el entorno digital, junto con acciones aisladas y simbólicas en las calles como, en el caso de la capital grancanaria, una cadena humana a lo largo de la Avenida Marítima para recordar que “ante la emergencia social, el feminismo es esencial” y que bajo el paraguas del feminismo cabemos todas, pero todas, todas, todas.

Bajo el lema Feminismos canarios sin fronteras, la Red Feminista de Gran Canaria convocó ayer por la tarde a cientos de activistas, plataformas, agrupaciones y colectivos feministas a conformar una cadena humana que, bajo estrictos parámetros de distanciamiento social y medidas anticovid, se alineó con el horizonte para reivindicar “unos feminismos inclusivos y diversos, sin fronteras físicas ni simbólicas”, en referencia a la crisis migratoria en el muelle de Arguineguín y la mayor vulnerabilidad de la situación de las mujeres y menores migrantes. “Reivindicamos unos feminismos sin fronteras físicas, porque exigimos la defensa de los derechos humanos de las personas migrantes, con especial preocupación por la situación de las mujeres; y sin fronteras simbólicas, porque nos hemos unido para visibilizar un 8 de marzo diverso, simbolizando que estamos luchando juntas”, rezaba el manifiesto anual.

En cuanto a las dudas o recelos con respecto a la pertinencia de reunirse este año en las calles en el marco de la pandemia, las mujeres manifestantes coincidieron ayer en que es precisamente la crisis actual, y su agudización de la brecha de género en el ámbito laboral, social e intimo, el acicate principal para subrayar este 8M los derechos y la lucha de las mujeres.

“Creo que era importante mantener nuestra presencia en las calles a pesar de la pandemia o, incluso, por ella, porque la pandemia ha vuelto a demostrar cómo las mujeres podemos volver a estar invisibilizadas, excluidas, más empobrecidas y más distanciadas de las administraciones a través de la brecha digital, y que necesitamos que la lucha de las mujeres se note y se haga presente en las calles”, afirmaba Nayra Marrero, una de las portavoces de la Red Feminista de Gran Canaria.  

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Actos en Las Palmas de Gran Canaria por el 8M José Carlos Guerra

En esta línea, el movimiento feminista denunciaba ayer a través de las pantallas, los balcones y las calles que reúne más motivos que nunca para seguir alzando la voz y no dar ni un paso atrás, puesto que los efectos de la crisis sanitaria redundan en una mayor precarización y empobrecimiento de las mujeres, que se suma a su vez a la falta de políticas de conciliación en un contexto social donde el 86% de los cuidados a personas dependientes durante el confinamiento en Canarias recayó sobre las mujeres, según datos del Instituto Canario de Igualdad (ICI). A esto cabe añadir el alarmante incremento de casos de violencia machista y el avance de la ultraderecha al abrigo de su discurso negacionista sobre las desigualdades, los derechos y la violencia contra las mujeres. 

“Mientras las mujeres no tengamos asegurada la igualdad y la conquista de nuestros derechos, siempre tendremos que reivindicar el 8 de marzo”, manifestó ayer Pilar Dacuña, profesora jubilada. En esta línea, Nieves Ramos, gerente de empresa, remarcó que “la reivindicación de la igualdad pasa por manifestarse, con distancia, con respeto y con mascarilla; porque la calle también es nuestra”. 

 La Red Feminista hizo entrega de sus tradicionales premios y antipremios a ejercicios ejemplares y reprobables, respectivamente, en la lucha por la igualdad. En cuanto a su distinción individual, este año el Premio Simone de Beauvoir recayó sobre Pilar Rodríguez Pérez, directora de la Gran Canaria Women Band, mientras que el Premio Berta Cáceres a un colectivo distinguió a la asociación Harimaguada, que este año se disuelve después de 41 años de recorrido promoviendo la educación afectivo-sexual en las aulas.

Por su parte, entre las detracciones, el Premio Estropajo de Esparto señaló a Sebastián Suárez Trujillo, concejal del PP del Ayuntamiento de Ingenio, y sus declaraciones machistas; el Estropajo de Brillo, a la Fiscalía provincial de Las Palmas por su actuación frente a las mujeres migrantes, a quienes separó de sus hijos e hijas con la excusa de “evitar el secuestro de los menores”; y el Estropajo de Verguilla, a todas las administraciones públicas locales, autonómicas y estatales “por su total ausencia durante este año”. Y por eso tocaba, más que nunca, estar presentes: porque, como rezan las consignas feministas, ninguna mujer es ilegal; y mujer empobrecida es violencia sumergida. Y que viva, todos los días, la lucha de las mujeres.