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Crisis del coronavirus | Situación sanitaria en Canarias

Los nuevos miedos de la pandemia

Una paciente pide una alternativa a la AstraZeneca para quienes han sufrido trombos

Maritza Maestri en su domicilio situado en el sur de Gran Canaria.

Maritza Maestri en su domicilio situado en el sur de Gran Canaria.

Maritza Maestri es una de las muchas personas que viven la pandemia con temor por su historial clínico. Esta mujer de 65 años, que reside en el sur de Gran Canaria, padece asma, hipertensión y presenta unos niveles de colesterol muy elevados. Además, en el transcurso de los dos últimos meses, la paciente ha sufrido una neumonía y una embolia pulmonar –formación de coágulos en los pulmones–, que la llevaron a permanecer ingresada varias semanas. Teniendo en cuenta su situación y los episodios trombóticos que han experimentado algunos pacientes en países europeos –entre los que se encuentra España– tras recibir el compuesto de Oxford-AstraZeneca, la sexagenaria muestra serias reticencias hacia la vacuna de este laboratorio, a pesar de reunir los requisitos para acceder a ella, según la Estrategia Nacional de la campaña. De hecho, fue citada el pasado 25 de marzo para ser inoculada con este suero.

“Cuando estaba ingresada, recibí una llamada de mi centro de salud para saber si quería vacunarme. Les expliqué lo que me había ocurrido y me dijeron que me iban a poner la vacuna de Pfizer. Sin embargo, después de recibir el alta el 18 de marzo, me citaron en ExpoMeloneras una semana después y me llevé una gran sorpresa, pues allí me comunicaron que me iban a poner la de AstraZeneca”, apunta Maestri, para después añadir que rechazó la vacuna.

Y es que el cuadro clínico que manifestó, y por el que aún sigue en tratamiento, ha hecho que sienta pánico al producto de la compañía sueco-inglesa. “Quise hablar con un responsable y me atendió una enfermera, pero no me ofreció otra opción”, lamenta. Fue entonces cuando decidió ponerse en contacto con su médica de cabecera para trasladarle sus dudas. “Mi doctora habló con la directora del centro de salud de Arguineguín, que es el que me pertenece, y le dijo que, efectivamente, me correspondía la de AstraZeneca, por lo que le pedí que me diera por escrito un documento en el que figurara que no iba a sufrir ningún daño por acceder a esa vacuna. Inmediatamente, me dijo que eso no era posible. ¿Quién me garantiza entonces que no me va a dar otra trombosis?”, cuestiona con preocupación Maestri.

“No se trata de un capricho, sino de una situación que me genera estrés”, dice la sexagenaria

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A su juicio, debería reunir todos los requisitos para ser considerada paciente de “alto riesgo” y, por tanto, poder recibir el suero de Pfizer o de Moderna, por lo que pide que se tengan en cuenta sus circunstancias. “Seguramente hay muchas personas que tienen el mismo problema que yo, pero no se trata de un capricho, sino de una situación que me genera mucho estrés y esto puede influir en la formación de coágulos. Solo pido que se nos ofrezcan otras alternativas y que tengan en cuenta estos casos”, reivindica la afectada.

A la espera de encontrar una solución a su conflicto, la mujer extrema las precauciones para evitar el riesgo de contraer la infección.. “Estoy muy asustada y salgo a pasear utilizando tres mascarillas. Me gustaría poder vacunarme de una vez por todas para poder estar más calmada, pero no a cualquier precio. Hay que tener en cuenta que las personas que ya hemos sufrido una trombosis no queremos arriesgarnos a que nos ocurra otra vez algo parecido”, expresa con contundencia.

Cabe resaltar que la Agencia Europea del Medicamento concluyó el pasado miércoles que los beneficios de la vacuna de AstraZeneca son claramente superiores a los riesgos. Si bien es cierto que advirtió de un “posible vínculo” entre el fármaco y casos inusuales de trombos. La mayoría de estos efectos se han producido en mujeres menores de 60 años, por lo que desde el pasado jueves, Sanidad decidió fijar el margen de edad para administrar el fármaco entre los 60 y los 69 años.

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