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Entrevista

Enrique Cortés , psicoanalista: "Hay que entender los botellones de adolescentes porque perder el contacto es perder la vida"

Profesional vinculado al colectivo Infancias, Cortés apuesta por cambiar la actual mirada de reconvención hacia el adolescente y por "comprenderles", porque la Covid ha cambiado la forma de relacionarnos, nos deshumaniza, dice, y mata tanto la sexualidad como el deseo, que es lo que impulsa la vida

El psicoanalista Enrique Cortés, en su despacho en Alicante.

El psicoanalista Enrique Cortés, en su despacho en Alicante.

El psicoanalista Enrique Cortés ha participado recientemente en un foro del grupo alicantino Infancias, aportando su perspectiva sobre el deseo, la sexualidad y la creatividad en la época Covid y lanzando un mensaje de acercamiento al otro, a pesar de las distancias exigidas, para que no perdamos nuestra propia identidad.

-¿La sexualidad se ve afectada por la pandemia?

-Lo que se ha visto afectada es la forma de relacionarnos con el otro, y obviamente entra la sexualidad. Ya era así porque vivimos en un discurso capitalista del todo cuanto antes, la virtualidad, el internet, y la Covid ha venido a reforzarlo por fuerza mayor. Ahora mismo relacionarnos con los demás es casi impensable si no es por las app, con mucho auge entre los adolescentes.

-¿Cómo nos cambia este virus?

-Yo diría que deshumaniza, es la gran paradoja de este momento. Necesitamos al otro para humanizarnos, del contacto con el otro para construir nuestras identificaciones, para construirnos. Cuando el otro es la distancia y no sabemos ni el nombre, nos deshumaniza.

-Pero es obligado mantener la distancia.

-Para protegernos de la Covid hay que mantener la distancia pero el ser humano consiste en la cercanía al otro. Entiendo que haya gente que se enfade con las movidas de los botellones adolescentes, pero hay que entenderlo, el contacto y la distancia social tienen que ver con la pérdida de vida, perder el contacto es perder la vida, y usan trampas para juntarse.

-Natural, pero ¿lo respalda?

-Hay que cambiar la mirada hacia el adolescente y comprenderles. Es una edad en que todo es cuestión de influencer, unos y otros van diciendo qué pauta seguir, como hablar, qué música escuchar y necesitamos del otro para que nos diga quiénes somos. Si solo tenemos la mirada sobre los rebeldes que van a saltarse las normas, uno se dice que por culpa de esa gente no voy a pagarlo, pero un juicio de forma tan sencilla me parece que tiene algo de ignorancia. Hay que pensar en qué momento está el adolescente.

-¿Y los mayores que temen el contagio?

-También el mayor necesita del otro por otras circunstancias. Se dan cuenta de que a su alrededor van desapareciendo, que ya no están, y hay ver la manera de seguir relacionándonos sin que implique desprotección, máxime cuando no podemos ir por libre. El mensaje es que si me desprotejo también desprotejo a los de mi alrededor, pero al mismo tiempo necesito del otro. Veámonos cuerpo a cuerpo, no por la pantalla, pero protejámonos, es un limite que tenemos que aceptar, no queda otra.

"Protejámonos, es un límite, pero veámonos cuerpo a cuerpo, no por la pantalla, aunque sin abrazarnos"

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-¿Por qué incluye en su discurso la creatividad?

-Consiste en poner orden en el caos, poner las fichas en su lugar para que tomen forma. El «todo vale» nos dice que no hay límite y todo orden necesita un límite, como el semáforo rojo. Los límites ayudan a convivir con el otro y a construir y crear a partir de ahí.

¿La pandemia nos cercena?

-A veces hay excesivos límites y es lo peor, no tienen sentido si no se entienden. Deberían explicarse. Como cuando un padre siempre dice no, y no es nada porque hay que dar otras opciones, si no, no nos entendemos. Hay algunas medidas sobre lo que nos está pasando que no entendemos.

-¿Y cuando se apela a la responsabilidad personal?

-¿Se imagina una familia en la que el mensaje paterno sea ese?, vosotros veréis, tenéis la responsabilidad, de vosotros depende... Encontraríamos a los hijos totalmente perdidos, sin saber a qué acogerse. Necesitamos sentir que alguien sabe más que nosotros.

-¿Aunque sea para protestar?

-Es que protestar y las pautas son parte del juego. El pataleo es también una forma de decir cosas, que uno no está conforme, pero siempre dentro de unos límites que nos humanizan.

-¿La Covid va a pasar factura a esta generación de jóvenes?

-Totalmente, están descarriados. Nadie sabe qué será de nosotros pero tenemos alguna especie de luz y ellos no la tienen. Cuántos jóvenes con planes y la maleta hecha han tenido que deshacerla y no saben cuándo podrán volver a hacerla. Todo se ha cortado y no tienen un horizonte claro, por eso hay que entender a la juventud. El futuro negro se alarga, les desmotiva, mata el deseo y no ven salida por ningún lado, la creatividad no les da.

-¿Algún mensaje positivo entre tanta negrura?

-No se cómo ni de qué manera, pero mi propuesta es siempre la misma, que trabajemos y creamos, que construyamos cosas con otros frente a este individualismo y encerrarse en casa y en la habitación con tanto teletrabajo. Que nos relacionemos con el otro, con proyección. El otro nos va a devolver cuestiones que nos pasan desapercibidas, y además nos transmite energía. Es casi nadar contra corriente pero iría en esa dirección, con distancia y mascarillas pero que nos sigamos viendo y sintamos en la cercanía al otro, ver que sigue riéndose o llorando.

-¿A pesar de los límites?

-Son sensaciones, como decir qué ganas de verte acompañado de límites. Aunque no nos podamos abrazar, pero qué ganas de verte, porque dejarlo nos está matando. Tenemos que tatuarnos en la frente todas las mañanas necesitamos el contacto con el otro.

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