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Comunicación
Ángels Barceló Periodista / Presentadora del ‘Hoy por Hoy’ de la Cadena Ser

Ángels Barceló: «Es de tramposos usar la libertad para ganar unas elecciones»

La periodista catalana es la presentadora del magazine radiofónico ‘Hoy por Hoy’ de la Cadena Ser.

La periodista catalana es la presentadora del magazine radiofónico ‘Hoy por Hoy’ de la Cadena Ser.

No le tiembla la voz al afirmar que a veces se siente «devastada» por el ruido que rodea a la escena política. Ahí aparece una Ángels Barceló (1963, Barcelona) frágil que enseguida se viene arriba. «Esa realidad me erosiona, pero la radio es mi pasión», confiesa horas antes de comandar el ‘Hoy por Hoy’ desde Canarias.

¿Cómo se siente al otro lado?

No le voy a engañar... Estar en este lado no me gusta nada, pero lamentablemente en las últimas semanas he permanecido más de la cuenta después de lo que ocurrió en el famoso debate (el día que Pablo Iglesias abandonó los estudios de la Cadena Ser en Madrid tras un voraz ataque de Rocío Monasterio). Este no es mi papel. En cualquier caso, ahora mismo me siento agradecida por el hecho de que un colega me pregunte desde el otro lado.

¿Esto es como sentirse el «cazador cazado», en su caso «cazadora»?

Exacto... Ya entiendo los miedos y el cuidado extremo que tienen mis entrevistados en un cara a cara. Pues bien, ahora me toca a mí pasar este mal trago (es broma).

Antes de hablar del «tensiómetro» político que se ha instalado en España me voy a ir al capítulo final: ¿le sorprendió el resultado de las elecciones madrileñas?

No, lo que ocurrió no se diferenció mucho de lo que marcaban las encuestas que anunciaron esa tendencia. No me sorprendió. Lo que sí me sorprende es que alguien, incluso algún que otro partido político, se sorprendiera de lo que pasó. Más allá de lo que indicaran los sondeos en las horas previas a la votación, la percepción de la calle era que la victoria de Ayuso iba a resultar inapelable por haber mantenido abiertos los bares y los restaurantes. Yo recuerdo pasear por Madrid y ver sus fotos pegadas en los cristales y en las puertas de esos negocios.

¿Desde la periferia ha calado la idea de que ha triunfado el populismo?

Al final se impuso el discurso populista, demagógico y vacío de propuestas... Eso es lo que la ciudadanía ha comprado. Decía Íñigo Errejón la pasada semana que «los partidos de izquierda nos hemos equivocado porque no supimos entender lo que la gente necesitaba o ansiaba». El Partido Popular sí que lo vio y lo explotó sin realizar ni una sola propuesta. El PP no ha aprobado los presupuestos y tampoco ha repartido las ayudas directas a los sectores afectados por la crisis sanitaria. De nada de esto se habló porque prefirieron centrar el debate en la libertad, las cañas y las copas. La izquierda se lo tiene que hacer mirar porque se lo puso bastante fácil a Ayuso.

¿Al final ganaron las ansias de volver a «recuperar la calle» después de un año duro y cruel?

Todos queremos recuperar la calle, pero a mí me parece muy tramposo montar una campaña electoral basada en torno a ese objetivo, entre otras cosas, porque Madrid es la comunidad que ha sumado más fallecidos y una de las que más índices de contagios presenta. Por eso es un poco tramposo querer vivir en medio de esa «normalidad» cuando te has llevado unos cuantos palos... Yo tengo muchas ganas de quitarme la mascarilla, pero no se puede, aún no podemos quitarnos la mascarilla... Repito, es de tramposos usar la libertad para ganar unas elecciones.

¿Qué análisis puede realizar una periodista de largo recorrido como usted para interpretar el cainismo que se ha instalado en la escena política actual?

Eso es algo agotador... Hoy no se puede abordar ni un solo asunto en una tertulia radiofónica sin terminar en una disputa partidista. En España hay muchos temas que necesitan pactos y consensos porque sin esos acuerdos están abocados al fracaso. En el imaginario de las formaciones políticas se ha instalado que dialogar, hablar o pactar unas medidas es un síntoma de debilidad... Ahora están dándole vueltas a una reforma fiscal que nadie se atreve a explicar de una manera sencilla: señores/as, los gastos hay que pagarlos de alguna manera y vamos a ver qué cargas impositivas hay que subir y, sobre todo, a quién se las subimos. Es muy difícil salir de este bucle.

¿Salimos?

Yo creo que sí...

«No me considero un gurú de nada, mi verdad no es más valiosa que la de otras personas»

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Usted empezó joven en el mundo de la comunicación, ¿pero hay alguna fórmula para «resistir» durante casi cuatro décadas?

Sí, ya soy algo mayor (sonríe)... La única fórmula que conozco es que te guste lo que haces, y a mí el trabajo que hago me gusta mucho, o mejor dicho me gustaba hasta hace poco tiempo... Estoy cansada de todo lo que rodea a una actualidad envenenada, aunque eso no significa que me haya rendido... No es fácil resistir en medio de un escenario tan agresivo. La realidad me erosiona, pero la radio continúa siendo mi pasión.

¿Además de trabajo hace falta tener una pizca de suerte para estar en el lugar exacto en el momento oportuno?

Ese puntito de suerte existe, pero luego tienes que trabajártela... Que te llamen para un primer trabajo o el día que necesitas regresar a la actividad laboral después de cerrar una etapa sí que tiene algo que ver con la fortuna. El problema es que si tú no sirves esa ración de suerte, que casi siempre ayuda a darte el primer empujón, no vale para nada.

¿La radio ha salido fortalecida de la pandemia?

Mi teoría es que hemos ayudado a mucha gente pero, a su vez, que muchas personas nos han ayudado a nosotros. La radio es el medio que menos amarillismo ha practicado, por no decir que ninguno, durante la pandemia. En los meses más críticos del confinamiento hicimos una labor de acompañamiento que no hicieron otros medios de comunicación. La radio puede aprovechar los avances tecnológicos mejor que en otros segmentos de esta profesión, pero tenemos que entender que esto va de podcast y de radio a la carta, que es algo que hace tiempo que ya se instaló en televisión. A los oyentes les tenemos que dar la oportunidad de que elijan qué es lo que quieren oír en cada momento.

¿Qué valor le otorga a las ‘fakes news’ en el mundo de la radio?

Nos afectan como al resto de los medios de comunicación y por eso tenemos un trabajo extra no a la hora de contrastar una noticia, que es algo que los que ejercen una buena praxis hacen, sino en el instante de convencer a la gente que no todo lo que aparece en las redes sociales disfrazado de periodismo es cierto y riguroso.

¿Cómo vivió la vuelta de Carles Francino?

Con mucha emoción... Aún no sé quién abrazó a quién, pero nos dimos un buen apretón cuando coincidimos en el pasillo. Llevaba más de un año sin abrazarme con nadie, pero ese instante fue maravilloso. Lo que contó al abrir La Ventana es lo que piensa muchísima gente que ha vivido o ha visto de cerca la enfermedad. Fue un testimonio necesario. Sobre todo, después de las imágenes de los botellones multitudinarios de Madrid y Barcelona. Esto no es una ninguna tontería. Fue bastante duro oírlo, pero el testimonio de Francino estaba repleto de realidad, mejor que el de un político o gestor de aquí a Lima.

¿Cree en los gurús de la radio?

No, a mí no me gustan esas expresiones... Soy una comunicadora que solo quiere contar cosas e intenta hacer un buen programa de radio. Mi objetivo cuando me pongo delante de un micrófono es comunicar bien y ofrecer un producto que entretenga e informe. Yo no me considero un gurú de nada; mi verdad no es mucho más valiosa que la que pueda tener otra gente.

¿Presiona vivir en medio de una «guerra» de audiencias?

¿Presiona? Más que presionar te marcan el día a día. Cuando van bien es un aliciente y cuando no van mal se convierten en un punto de reflexión. Todos queremos ser los mejores y que nos escuchen muchos oyentes. Lo bueno de las audiencias es que llegan cada tres meses, es decir, que hacemos mucho ruido durante 24 o 48 horas y enseguida nos tenemos que volver a poner a trabajar porque esto es un no parar.

¿Qué buena noticia le falta por contar?

Buff... Ahora mismo que se acabó el virus, que este mal sueño se terminó para siempre. La pandemia ha sido el eje de nuestro trabajo durante un año y medio y las reservas anímicas se han ido agotado. Sí. Me gustaría contar pronto que todos estamos vacunados y que la inmunidad ha llegado por fin a nuestro país.

¿Y cuál le hubiera gustado no tener que contar jamás?

Muchas... En tantos años de oficio nunca me hubiera gustado hablar de la muerte de un compañero, de los años crueles del terrorismo de ETA y otras muchas con el mismo perfil trágico que hubiera preferido omitir.

¿Cómo ve el ‘Hoy por Hoy’ de España sin estado de alarma?

¿El Hoy por Hoy? (sonríe)... Esta es mi segunda temporada en este programa y las dos siguen estando marcadas por la pandemia. Esa es una visión que voy a tener que rediseñar porque aún es pronto para acercarnos a las cosas que hacíamos antes de que llegara a nuestras vidas el coronavirus.

¿Y a una Cataluña que no termina de elegir a su presidente?

Ese es el Hoy por Hoy de hoy mismo, es decir, me parece una broma pesada que Cataluña se pueda estar planteando la posibilidad de tener que volver a unas elecciones. Eso es una enorme irresponsabilidad política sin precedentes y quiero pensar que al final lo van a conseguir. Si no lo logran, creo que los responsables de llevar a Cataluña a unos otros comicios no deberían presentarse como candidatos.

El ‘Hoy por Hoy’ de su Barça también está un poco complicado, ¿no?

Uy, de eso no hablo... Creo que ahora mismo tenemos un corte telefónico (ríe)... De todas formas, ya le digo que guardo buenos recuerdos de Tenerife relacionados con el fútbol. Lo siento por los madridistas, pero esta Isla me dio un par de buenas alegrías.

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