El hombre acusado de torturar hasta causar la muerte a su madre, a la que tenía completamente sometida, en Los Llanos de Aridane, no pidió ningún medicamento para atenuar el síndrome de abstinencia durante el tiempo que permaneció detenido.

Además, cuando fue interrogado por la Guardia Civil después de que fuera hallado el cadáver de su madre en el piso en el que convivían, dijo que era consumidor de hachís y, tiempo atrás, de heroína, pero por entonces no consumía esta sustancia estupefaciente, y lo reiteró varias veces.

Estos detalles los ha aportado el instructor del atestado de la Guardia Civil y encargado de dirigir la investigación del caso durante la segunda jornada del juicio que se celebra en la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife.

En la primera jornada, el acusado, Germán O.B., para quien el fiscal pide 27 años de cárcel y el Instituto Canario de Igualdad, que ejerce la acusación popular, la prisión permanente revisable, reconoció los hechos, por los que está "arrepentido", y alegó: "no era yo, no me di cuenta de lo que hacía", a causa de su adicción a las drogas.

Mientras, su abogada, que pide la libre absolución o al menos que se tenga en cuenta como atenuante muy cualificada su adicción a las drogas, alegó que su enganche a los estupefacientes le llevó a "acabar con su madre", porque su afán por consumir "iba por encima de lo demás".

El Guardia Civil que dirigió la investigación también ha contado en el juicio que Germán O.B. intentó incriminar a su sobrino y nieto de la fallecida, al que ésta había criado como a un hijo, pero esta acusación "no tenía fundamento" y era "un conjunto de mentiras para desviar las sospechas".

Ha recalcado que en principio se le tomó declaración como testigo, y que éste dio una versión de su relación con su madre "contradictoria" con la que aportaron otra personas como la hermana de la víctima o su nieto, y que no terminaba de "cuajar".

Alegó también que era perceptor de ayudas de Cáritas, que aportaba al hogar familiar, ya que su madre gastaba el dinero de dos pensiones que cobraba en préstamos y en la hipoteca de su vivienda, y también contó que era él quien se encargaba de cuidar de ella y de limpiar.

Otro agente de la Guardia Civil, especialista del laboratorio de criminalística, ha relatado que prácticamente toda la vivienda en la que se produjo el crimen estaba llena de manchas de sangre, algunas de las cuales se intentaron limpiar supuestamente con una fregona impregnada con sangre hallada en uno de los baños.

Unas estaban más líquidas y otras más secas, lo que induce a pensar que algunas eran más recientes que otras, o bien que las condiciones eran diferentes en cada estancia.

Este testigo ha detallado que había gotas de sangre en paredes, muebles y suelo de diversa tipología, algunas de proyección, de menor tamaño, y otras desprendidas por el efecto de la gravedad, más redondeadas, así como manchas de arrastre.

De hecho, este especialista dedujo por la composición de la escena del crimen que el cadáver de la víctima fue arrastrado a un lugar diferente al que se produjo su muerte.

En el interior de la vivienda la Guardia Civil encontró también ropa de cama impregnada de sangre que había sido introducida en una bañera con agua; y un trozo de cable compatible con una marca en el cuello de la víctima e idéntico al hallado en un contenedor de basura cercano a la vivienda.

En ese contenedor la Guardia Civil también halló un almohadón, trozos de tela, jeringuillas, una taza y un cordón.

Según el escrito de calificación de la Fiscalía, a partir de 2013 el acusado sometió a su madre a una continua agresión física y psicológica, golpeaba, chillaba y le impedía relacionarse con familiares y otras personas, pues controlaba sus salidas, y le arrebataba el dinero.

Esa situación dio lugar a que la mujer presentase denuncias que luego retiraba y llegó a marcharse a vivir con un nieto ante la situación que vivía, pero volvió al domicilio familiar en octubre de 2018.

Entonces se reanudó la misma situación conflictiva con su hijo, que degeneró a principios del año siguiente hasta que, en las fechas inmediatamente anteriores al 21 de febrero, el acusado sometió a su madre "a una continua y constante agresión, golpeándole en todo el cuerpo, negándole el alimento, causándole hematomas en la cabeza, cara, flanco torácico derecho y extremidades y causándole eritemas en la boca al apretársela fuertemente".

Además le puso un cordón o cinta en el cuello que apretó para asfixiarla, le golpeó en el tórax con gran violencia ocasionando hematomas y fractura de costillas, lo que produjo un cuadro de policontusiones con traumatismo torácico cerrado y comprensión del cuello que produjo finalmente su muerte por insuficiencia respiratoria y fallo multiorgánico en la madrugada del 21 de febrero.

El juicio proseguirá mañana con las pruebas periciales y, previsiblemente, con las conclusiones de las partes.