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Cuatro décadas de la Ley del Divorcio

Divorcio ‘made in’ Canarias

El Archipiélago se significa como el territorio con mayor incidencia de rupturas matrimoniales

Recreación de un acuerdo para firmar una petición de divorcio. | | LP / DLP

Recreación de un acuerdo para firmar una petición de divorcio. | | LP / DLP

El 22 de junio de 1981, unos meses después del intento de golpe de Estado, el Congreso aprobó una ley que desmontaba el concepto indisoluble del matrimonio proclamado por el catolicismo.

Aquella máxima divina según la cual lo que ha unido Dios que no lo separe el hombre ha pasado a mejor vida. Al menos, y de manera legal, en los últimos cuarenta años, desde que en aquella tarde del 22 de junio de 1981, el Congreso de los Diputados aprobó la llamada Ley del Divorcio.

En aquella España de blanco y negro, donde las parejas separadas eran señaladas socialmente, la cohabitación era causa de detención por parte de la Policía, la homosexualidad se vivía de manera oculta, considerada una amoralidad y hasta una enfermedad, las órdenes religiosas detentaban la educación y desde los púlpitos se regían las pautas del modelo social, la legalización del divorcio significó la transición a la modernidad y la ruptura con un mundo de tabúes.

Desde entonces, Canarias se ha significado (así lo establecen las estadísticas) por ser uno de los territorios donde las rupturas matrimoniales han tenido una mayor incidencia. La razón no parece única, tampoco existe un gen guanche que lo explique (aunque adoptaran la poligamia y la poliandria), pero acaso en el propio devenir histórico insular se adivinen rasgos que lo aclaren.

Una Inquisición permisiva

La Santa Inquisición permitió en Canarias que las mujeres se divorciaran de sus maridos. Se trata de un hecho que no fue aislado, sino producto de medidas preventivas por parte de los tribunales para evitar de esta manera la aplicación de la pena de muerte para quienes desarrollaban un modelo de vida contrario a lo establecido en la norma. También porque temían a las mujeres: no querían mártires. Porque «dar más importancia al delito, castigar más duramente, hubiese significado dar importancia a la mujer y a los actos por ella practicados como desencadenantes de fuerzas invisibles. Poniéndolos en ese nivel, como delito de credulidad e ignorancia o estupidez, no hacían sino reforzar la antigua consideración sobre sus mermadas capacidades», sostiene la doctora Manuela Ronquillo Rubio, profesora de Ciencias Históricas de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, tristemente fallecida a finales del pasado año.

La estudiosa refiere que la Inquisición debió hacer frente en el Archipiélago a casos de matrimonios ilegales, incestos, poligamia y divorcios no reconocidos. Hubo casos de divorcios porque el marido no era correcto, es decir, no mantenía, formaba ni corregía a su esposa. Las obligaciones de la mujer eran las de ser madre, cuidar la moral de los hijos, formarlos y tener bajo vigilancia a las hijas.

La influencia del turismo

A lo largo de décadas de implantación del fenómeno del turismo de masas se ha ido generando en las Islas una progresiva transición desde una sociedad conservadora y tradicional, cerrada y eminentemente católica, hacia otra más abierta, liberal, mestiza y secular. Precisamente, esa secularización del pensamiento y de las actitudes ha ido desembocando, paralelamente, en una creciente disminución de la influencia de los dictados religiosos como norma a seguir. Esta natural evolución ha implicado en la sociedad isleña un cambio significativo de las ideas y los comportamientos de las personas que se traduce en la creciente implantación de las relaciones de pareja fuera de los cánones establecidos.

Desde la Sociología se intenta explicar la mayor incidencia en Canarias de las rupturas matrimoniales en el hecho de que en el Archipiélago existe un estilo de vida caracterizado como europeo. En este sentido, diferentes profesionales señalan que el contacto entre la sociedad insular y los turistas (visitantes extranjeros) es un fenómeno muy anterior al de otras comunidades españolas –como es el caso de la presencia de nórdicos desde la década de los años 50 del siglo pasado–, una actividad la del turismo que está vinculada al renglón del ocio y a manifestaciones de mayor liberalidad en la vida. También desde la Psicología se refuerza esta hipótesis, al sostener que en las Islas se han adoptado las costumbres importadas por los foráneos en cuanto a asimilar como natural la separación de la pareja o el divorcio.

Naturaleza animal y condiciones económicas

La Antropología entiende que el ser humano, como la mayoría del mundo animal, no está concebido para tener una sola pareja, la monogamia, razón por la cual las rupturas de pareja representan un comportamiento natural.

Pero, además, influyen las coyunturas económicas, de manera que las penurias familiares derivan en conflictos personales en el seno de los hogares. En este aspecto, Canarias es una comunidad con una alta tasa de paro estructural y una elevada inestabilidad laboral, con bajo salarios en un mercado laboral orientado al sector servicios, factores que inciden en el equilibrio de las relaciones. A esto se añade un cambio decisivo en el papel que desempeña socialmente la mujer, una circunstancia que lleva aparejada la superación del rol tradicional de mujer-trabajo-reproducción .

Feria del divorcio

Coincidiendo con los 30 años de la declaración de la ley, la capital grancanaria acogió en octubre de 2011 la primera feria del divorcio que se montaba en España, que congregó a mediadores, abogados, psicólogos y diferentes colectivos. Contó además con la participación de la santanderina Julia Ibars, la primera española en obtener el divorcio, convertida entonces en el foco de la noticia y que mudó su residencia a Málaga, desde donde puso rumbo a La Gomera, Isla en la que vivió 25 años antes de retorna a la ciudad andaluza.

Concepto de divorcio

Es la extinción total de los efectos de un matrimonio, lo cual requiere una resolución judicial que afectará únicamente lo posterior a la sentencia. Se disuelve el régimen económico matrimonial, igual que el derecho sucesorio de uno de los miembros respecto al otro. Sin embargo, no exonera de las obligaciones para con los hijos. Así, también desaparecen los deberes de convivir juntos, fidelidad y socorro mutuo, así como los de respeto, ayuda mutua y actuación en interés de la familia. Los cónyuges que se divorcian pueden volver a casarse, incluso entre ellos mismos Se diferencia entre el divorcio consensual, por el cual ambos cónyuges consienten el proceso, y el unilateral, en el que es solicitado por uno solo. En ambos casos debe haber transcurrido un mínimo de tres meses desde la celebración del matrimonio, excepto si existe riesgo de violencia, física, sexual o moral.

Separación

En vez de extinguirse, los efectos del matrimonio se suspenden, por lo que se considera una medida temporal que no permite volver a casarse. El deber de convivencia es el único que se interrumpe completamente, pero el de socorro mutuo se limitará a la adopción de deuda alimenticia si fuera necesario, y una infidelidad no tendrá efectos jurídicos. Además, ya no se podría vincular u obligar bienes del otro cónyuge. De manera parecida al divorcio, la separación debe producirse después de que hayan pasado tres meses tras la celebración del matrimonio, con las mismas excepciones, y puede ser consensual o unilateral. También se disuelve el régimen económico matrimonial de sociedad de gananciales.

Nulidad

Es la declaración judicial de la invalidez del matrimonio, de manera que se entiende que nunca ha existido propiamente. Los efectos son retroactivos al momento de la celebración. Hay varias causas por las que se podría anular un matrimonio, como la falta de consentimiento de una de las partes o de ineptitud, no se podrán casar los menores de edad no emancipados, las personas ya casadas, los parientes en línea recta por consanguinidad o adopción, los colaterales por consanguinidad hasta el tercer grado ni los condenados por la muerte dolosa de un cónyuge anterior.

El discurso de Mercedes Pinto


La conferencia El divorcio como medida higiénica que pronunció la escritora lagunera Mercedes Pinto en la Universidad Central de Madrid en 1923 fue un hito histórico y personal. Histórico porque en ella se vieron implicadas las personalidades políticas e intelectuales más relevantes de aquella época, y personal porque fue la causa directa de su exilio en Hispanoamérica durante la dictadura de Primo de Rivera. Como refiere la profesora Alicia Llarena, a pesar de la evidente enfermedad de su marido y de la imposible convivencia como consecuencia de sus constantes y agudos brotes paranoicos, Mercedes no pudo separarse legalmente. La escritora aprovechó la tribuna pública para expresar y reclamar una legislación moderna, capaz de proteger a la mujer de ciertos atropellos. El día de la conferencia, la Universidad estaba a rebosar y sus palabras tuvieron un éxito inmediato, pues abundaban los espíritus inconformes y ávidos de reformas, que quedan rendidos ante su discurso audaz y temerario, pero sobre todo personal, conmovedor y franco, lejos de aspiraciones intelectuales, dolorosamente vivido y padecido. Mercedes enhebró un discurso cuyas reivindicaciones siguen teniendo, casi un siglo después, una vigencia absoluta, exigiendo ante el maltrato no sólo el divorcio, sino un divorcio rápido, diligente, que evite la muerte de la esposa, que asegure la feliz supervivencia de los hijos y asimismo que otorgue derechos inmediatos a la mujer “sin necesidad de que el marido queme la casa, o como se dice vulgarmente llegue a comerse los niños crudos”. | S.L.

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