Beatriz Zimmermann, la madre de las pequeñas Anna y Olivia, tiene la firme determinación de ofrecer una despedida a las niñas, que va a a tener lugar la próxima semana, sin que por el momento se haya concretado ni fecha y hora, tal y como señaló ayer el portavoz de la familia, Joaquín Amills, en una entrevista en Antena 3. Beatriz quiere un funeral público, que se convierta en un homenaje a Olivia (cuyo cuerpo apareció el pasado 10 de junio) y también a su hermana Anna, «aunque no esté el cuerpo presente», si bien deberá estar condicionado a las limitaciones impuestas por el nivel 3 que ayer se decretó para Tenerife.

Con todo, la familia ha concebido una despedida conjunta, que una a la sociedad española, incluso a la comunidad internacional, que se ha solidarizado con esta familia, en un funeral abierto y público al que se podrá sumar toda la ciudadanía (sujeta a las restricciones de la pandemia) y al que Joaquín Amills no descarta que pueda asistir algún representante del Gobierno español.

La familia reivindica este acto también como un punto de partida. «Que las pequeñas Anna y Olivia sean un presente y un futuro para que todos podamos trabajar en que las cosas cambien. Para que hechos como estos no vuelvan a suceder», señala Amills.

Si bien el hallazgo del cuerpo de Olivia supuso para la familia un duro golpe, también les da la seguridad de que las pequeñas están juntas, cuidando la una de la otra, «como siempre han hecho».

La Guardia Civil trabaja en la hipótesis de que Tomás Gimeno pudo quitarse la vida antes del amanecer del 28 de abril, después de haber lastrado los cuerpos de sus dos hijas, Anna y Olivia. De ahí que durante las últimas jornadas, el buque oceanográfico Ángeles Alvariño se haya centrado en rastrear una zona más alejada del punto en el que se encontraron la botella de buceo, la funda del edredón y el cadáver de Olivia en el interior de una bolsa, lastrada por el ancla de la embarcación de recreo, –la otra bolsa en la que supuestamente se encontraría el cadáver de Anna se halló vacía– a 1.000 metros de profundidad y dentro del área que coincide con la última geolocalización del móvil de Gimeno.

En los días siguientes a este hallazgo, y tras batir esa zona sin resultados, el buque se ha centrado ahora en unas coordenadas más alejadas de la costa, algo más de cuatro millas náuticas, y con rumbo suroeste, coincidiendo con la deriva que habría seguido la embarcación, empujada por las corrientes, hasta su localización en un punto próximo al litoral del Puertito de Güímar.

Los investigadores entienden que tras lanzar al mar los cuerpos de sus hijas, el padre no habría dejado pasar demasiado tiempo para, haciendo uso del cinturón de plomo, acabar también con su vida.