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Violencia vicaria

Estos son los motivos por los que se decidió terminar la búsqueda de Gimeno y Anna

La jueza y el responsable de operaciones del buque creen que lo escarpado del terreno submarino hace imposible continuar los trabajos - Se corre el riesgo de perder el robot en el rastreo

El robot submarino ‘Liropus 2000’ durante una de sus operaciones de rastreo durante la búsqueda de Anna y Tomás Gimeno. | | LP/DLP

El robot submarino ‘Liropus 2000’ durante una de sus operaciones de rastreo durante la búsqueda de Anna y Tomás Gimeno. | | LP/DLP

Se acabó la búsqueda de los cuerpos de Anna y Tomás Gimeno por el buque oceanográfico Ángeles Alvariño, que ya ha abandonado las aguas canarias. La autoridad judicial que investiga el caso de las niñas Anna y Olivia, presuntamente asesinadas por su padre, Tomás Gimeno, ha llegado a la conclusión, al igual que el responsable de operaciones de la embarcación, de que resulta «imposible» continuar con el rastreo ante lo escarpado del terreno submarino.

Según se desprende del informe técnico, en el transcurso de la búsqueda la Policía Judicial pudo recopilar y analizar nuevas informaciones relativas al caso, como descubrir que en la larga deriva que protagonizó la embarcación de recreo tras la pérdida de señal del móvil, en un corto periodo de tiempo sus motores volvieron a funcionar y realizó una navegación de unos tres minutos.

Así, el punto donde paró de nuevo los motores se convirtió en la marca más probable donde Tomás Gimeno hubiera podido arrojarse al mar. A partir de este punto se diseñó una nueva área de batida, en torno a 500 metros, y delimitando la línea de deriva a partir de una calle de 500 metros de anchura, 250 a cada lado, sobre la que rastrear. Con el uso del robot submarino Liropus 2000, el Ángeles Alvariño desarrolló un total 176 líneas y tránsitos, quedando delimitado el polígono con una distancia recorrida de 60.006 metros y una superficie explorada de 611.903 metros cuadrados. Esta línea de deriva fue tomada como base y la exploración se fue extendiendo a ambos lados.

En la búsqueda aparecieron los dos biberones de buceo que se verificó pertenecían a Gimeno. Ese tipo de botellas da un suministro de aire muy limitado, y se especula con la posibilidad de que los utilizara en su intento de suicidio para asegurar que alcanzaba la profundidad necesaria para no tener vuelta atrás, recoge el documento. En torno al lugar de aparición de los biberones se establecieron líneas de búsqueda separadas por cinco metros para tener la certeza de que en la zona no quedaba ningún objeto, por pequeño que fuera. Así, se rastreó también por si aparecía el cinturón de plomos, lo que confirmaría que quedó a la deriva, pero no pudo hallarse.

Dadas las corrientes que existen en el fondo marino no se puede asegurar que un cuerpo lastrado con un cinturón de buceo no pudiera desplazarse rodando y, en consecuencia, llegar hasta un lugar no determinado y, por tanto, fuera de la capacidad de búsqueda de la que dispone el buque. En este sentido, y no disponiendo entonces de nuevas pistas, los investigadores procedieron a continuar la búsqueda sobre la línea de deriva que habría seguido la embarcación de Gimeno. Se trazaron 35 líneas perpendiculares a la misma, con una separación de 20 metros. Esto se correspondería con una deriva de 35 minutos, pudiéndose asegurar al 100% que el cuerpo no se halla en ese área tras cubrir 700 metros de la deriva.

A partir de este punto, el fondo cambia considerablemente pasando de ser una zona idónea para la búsqueda a todo lo contrario, convirtiéndose en un espacio muy escarpado con gran cantidad de barrancos y grietas. Para facilitar la búsqueda se decidió trazar líneas longitudinales con la misma trayectoria que la deriva, para hacer menos dificultoso el avance. No obstante, hasta en dos ocasiones se produjeron enganches serios con las rocas del fondo del cordón umbilical que conecta al robot submarino con el buque , y en una de ellas fue necesaria casi una hora para liberarlo.

Alto riesgo de perder el robot

Según los peritos, se trata de una «zona crítica» para poder operar con el vehículo submarino por el «altísimo riesgo» de pérdida. Además del inconveniente que representa para el normal desarrollo del robot, la orografía de esos fondos provoca que la búsqueda resulte bastante menos eficaz, debido a la cantidad de grietas y barrancos y la enorme profundidad, en ocasiones de centenares de metros, que en absoluto permite a los investigadores asegurar que en aquellas zonas que habían sido rastreadas no estuviera el cuerpo de Tomás o bien algún objeto procedente de la embarcación. Como explican los expertos, las tareas se complican mucho, básicamente al pasar de trabajar en dos dimensiones y sobre una superficie definida, a hacerlo en tres dimensiones y en condiciones muy complejas por la batimetría.

De hecho, apunta que una vez pasados los primeros minutos tras la parada del motor de la embarcación de recreo, que sí se considera un punto donde Gimeno habría podido saltar al mar, en el resto de la deriva existen las mismas probabilidades que en cualquiera de sus puntos, siendo esta, además, muy baja. «Lo más probable», señalan los técnicos, es que hubiera saltado al mar en la zona donde aparecieron las minibotellas de oxígeno y, posteriormente lo arrastrase la corriente.

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