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Diversidad

Repunte de los delitos de odio: La involución del respeto

El colectivo LGTBI+ achaca el aumento de los ataques al auge del discurso de odio de la ultraderecha

Homenaje en A Coruña a Samuel Luiz en el lugar donde recibió una paliza mortal.

Hay debates en los que debería reinar el consenso social y político. Debates en los que no debería existir una mínima fisura en la unidad de la ciudadanía y de las fuerzas parlamentarias. La lucha por los derechos de colectivos como el LGTBI+ es una de esas batallas en las que no se puede involucionar pero, en los últimos años, se han dado pasos atrás en un camino en el que se avanzaba con firmeza. Para los portavoces de este colectivo, el discurso de odio proclamado desde las instituciones por la ultraderecha ha calado impunemente en la sociedad y, ahora, hay quien se siente respaldo para agredir a quienes se salen de su esquema. El número de delitos de odio relacionados con la orientación sexual o la identidad de género se ha incrementado en el conjunto del territorio español a lo largo de los últimos cinco años- Entre 2015 y 2019, la cifra ha aumentado un 64,4%, según datos por el Ministerio del Interior.

Esta realidad no es diferente en Canarias. En el último informe publicado, que corresponde a 2019, se recogen 14 agresiones de este tipo en las Islas, mientras que el año anterior solo se computó una. En 2017 se registró la cifra más alta del último quinquenio, con 17 ataques de lgtbifobia, después de que en los ejercicios anteriores se registraran dos y seis agresiones. No obstante, estos datos son solo los oficiales. Todavía existen muchas resistencias a la denuncia formal por parte de las personas LGTBI+ por el miedo a manifestarse como parte del colectivo, por la desconfianza en las administraciones y los cuerpos y fuerzas de seguridad, por la creencia de que denunciar no sirve para nada y por el miedo a una represalia por parte del agresor. Según apunta la presidenta de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB), Uge Sangil, solo una de cada diez agresiones de lgtbifobia se denuncian en comisaría.

El 31% de los ataques al colectivo son agresiones verbales, el 27% responde a un acoso y el 17% es de carácter verbal. «El «maricón» se escucha todos los días», señala el presidente de Diversas, Sergio Siverio, quien sostiene que existen agresiones que hasta las personas LGTBI+ han olvidado que son agresiones. «El mensaje tiene que calar a las personas heterosexuales, para que no permitan ni una sola burla hacia el colectivo y que cuando se plantee un ataque no se callen y no rían la gracia, porque eso les hace cómplices», afirma tajante Siverio.

Para Sangil, «la escalada del discurso de odio, deliberado e impune, que hace la ultraderecha hacia el colectivo LGTBI+, pero también hacia las mujeres o los migrantes, cala en la gente y, al final, ocurren tragedias como el asesinato de Samuel Luiz». La activista sostiene que la principal herramienta para luchar contra estas ideas es la formación, aunque ahora se encuentran con el hándicap del pin parental, que impide el acceso a los colegios para educar en la igualdad y en la diversidad afectivo sexual y de género.

«Es muy difícil luchar contra la ola del discurso de odio, que ha cogido más fuerza desde que está en las instituciones», destaca Nahúm Cabrera, presidente de la Asociación Lánzate, y añade que «ahora han reaparecido nuevos enemigos del colectivo, que sacan su agresividad porque se ven avalado por representantes públicos». Por esto, Cabrera considera que tendrán que pasar muchos años para volver al punto de partida, ya que este problema «no se puede tapar con un dedo y no desaparecerá con una ley». Además, invita a la población a no ver la problemática o como algo lejano y ajeno a ellos.

El discurso de odio de la ultraderecha, defiende Siverio, se ampara en una libertad de expresión que vulnera los derechos de las personas LGTBI+. Además, condidera que es «un caldo de cultivo para la persecución del colectivo entre quienes no entienden que la diversidad es un valor de la sociedad». Por esto, el presidente de Diversas lamenta que la ciudadanía haya ignorado estos mensajes a lo largo de los últimos años, sin percibir que esas consignas calan en determinados sectores. «Nuestros derechos no son un regalo, son algo inherente a nuestra dignidad como personas», concluye Siverio.

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