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Crisis del coronavirus | La opinión de los expertos
Pilar Rodríguez Ledo Coordinadora de la guía para la atención al paciente de covid persistente

«Los pacientes con COVID persistente son el gran iceberg sumergido»

Pilar Rodríguez Ledo. | | LP/DLP

Pilar Rodríguez Ledo. | | LP/DLP

Pilar Rodríguez Ledo es médico de familia y subdirectora médica de la Gerencia de Gestión Integrada de las localidades gallegas de Lugo, Cervo y Monforte. Es también ven la actualidad la vicepresidenta de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), dentro de la cual es responsable de todas las actividades encamindas a la formación, la investigación y la innovación.

La doctora Pilar Rodríguez Ledo es una de las coordinadoras del comité clínico que ha elaborado la Guía clínica para el manejo del paciente de COVID persistente, documento que cuenta con el respaldo de 28 sociedades científicas –entre estas la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia de la que es vicepresidenta– y de los propios afectados. Su objetivo no es otro que mejorar la atención sanitaria a estos pacientes. “Para lograr esto, primero había que unificar los criterios y dotarnos a los profesionales de una herramienta que nos ayude en la toma de decisiones para que sean lo más homogéneas y adaptadas a las evidencias disponibles”. Su “dilatada trayectoria asistencial, así como en investigación, formación e innovación” le ha valido el XXII Premio Nóvoa Santos de Asomega.

¿Qué evidencias científicas hay en estos momentos sobre el COVID persistente?

En estos mementos lo cierto es que desconocemos su causa, aunque tenemos varias hipótesis. Posiblemente sean tres distintas e incluso una mezcla de ellas. Por una parte, que el SARS-CoV-2 permanezca acantonado en algún lugar de organismo y que produzca todas estas reacciones. Por otra, que la inmunidad esté dando una respuesta errónea; y por otra, que se generen autoanticuerpos, es decir, que los anticuerpos que genera el coronavirus, en vez de destruir a este, destruya nuestro propio organismo. Lo que sí sabemos es la descripción de la tipología del paciente y que su afectación es multiorgánica y generalizada, abarcando todos los órganos.

¿Qué manejo requiere una patología multiorgánica?

El hecho de que sea multiorgánica y de que tenga una media de hasta 36 síntomas distintos hace que tengamos que pensar en la necesidad de un abordaje holístico. No podemos descuartizar al paciente y atenderlo por cada uno de sus síntomas. Sería como si a una persona con una neumonía la atendiéramos porque tiene fiebre. Hay que atender la fiebre, pero la base es la neumonía, por lo que quitándole la fiebre no le quitamos el proceso. Por una parte, tenemos que aliviar los síntomas para que el paciente se pueda adaptar lo mejor posible a los requisitos de la vida y por otra seguir investigando para atajar la causa. Se necesita mucha investigación en la que es preciso que el paciente colabore para saber exactamente de qué estamos hablando, cuál es la afectación, describirla, saber su causa y cuál es el mejor seguimiento.

Y en el caso del COVID-19 estamos ante un escenario nuevo.

Efectivamente y hasta ahora nos hemos preocupado, como debía ser, de todos aquellos que tenían una sintomatología aguda que ponía en peligro su vida y ahora que con la vacunación estos cuadros empiezan a bajar tenemos que ocuparnos de todo este gran iceberg sumergido que son los pacientes con COVID persistente

¿De qué porcentaje de pacientes estaríamos hablando?

De entre un 10 y un 15% de los contagiados, es decir, no solo de los que tienen síntomas, sino de todo el conjunto, con lo cual, si tenemos 3,5 millones de contagiados identificados en España y nos vamos a un 15% estamos hablando de 500.000 personas. Y si tenemos en cuenta que hay estudios que dicen que hasta el 32% de los asintomáticos pueden desarrollar COVID persistente, la cifra es mucho mayor y crece a medida que se van sumando nuevos contagios.

Entre un 10% y un 15% de los contagiados, unas 500.000 personas, tienen estas secuelas»

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¿Cuál es el perfil del paciente?

El 79-80% son mujeres con una media de edad de 43 años y que no tienen otras enfermedades concomitantes. El 50% tiene entre 36 y 50 años. No es el mismo perfil de aquellos pacientes que tienen secuelas por una enfermedad aguda grave, que en general, son personas mayores, muchos de ellos son hombres y con otras comorbilidades.

¿Se sabe por qué?

Esta es otra de las incógnitas, aunque hay varias hipótesis. Una de ellas es que las alteraciones de las enfermedades que se derivan de alteraciones de la inmunidad son más frecuentes en las mujeres que en los hombres y también podría tener una explicación hormonal.

El COVID persistente no es exclusivo de pacientes adultos, también se da en pediatría.

Sí eso es cierto, aunque no es el grueso de los casos, se dan también casos en niños y en adolescentes, con unas afectaciones que son muy características. Predomina más la afectación neurológica: déficit de atención, cefalea, malestar general, y muchos son asintomáticos durante la fase aguda de la enfermedad y es después cuando desarrollan los síntomas.

¿Todos estos pacientes son atendidos y seguidos desde la atención primaria?

La mayoría está acudiendo a las consultas de atención primaria, pero también es verdad que, dada la incertidumbre ante esta pandemia y la falta de concreción, muchos también están acudiendo a múltiples “-ólogos”, en función de los distintos síntomas: al cardiólogo si tienen taquicardia, al neurólogo si tiene cefaleas... y claro, esto es un desatino. Ha llegado el momento de que nos pongamos a que organizar bien los flujos asistenciales porque si no, lejos de producirles una mejoría lo que hacemos es complicar su existencia y su desesperación no dándoles ninguna respuesta concreta y, además, arriesgándonos a pedir cada vez más pruebas complementarias, que todas tienen su riesgo.

¿La salida de la crisis sanitaria está en la vacuna?

La única manera que tenemos de que se reduzcan los contagios, que se reduzcan las afectaciones es la vacuna. Ya esmos viendo que con la vacunación disminuyan los contagios y, por tanto, los COVID persistentes.

¿Nos podremos quitar del todo la mascarilla cuando se alcance la inmunidad de grupo?

Esperemos que sí. Lo que tendremos que pensar es que vamos a tener que seguir con las medidas de seguridad, pero adaptándonos a los nuevos escenarios. Yo no veo cercano el momento en que en el ascensor o en el supermercado nos quitemos la mascarilla, creo que para eso todavía va a faltar tiempo, pero otra cosa es estar en sitios abiertos con distancia social, vacunados y sin mascarilla, como ya ocurre. Los expertos nos lo dirán.

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