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Justicia | Huyendo de las condenas

El escondite de los fugitivos

El Grupo de Crimen Organizado de la Policía Nacional en Santa Cruz de Tenerife es uno de los dos que más trabajo tiene en España para localizar a prófugos de otros países

Oficina en Santa Cruz de Tenerife del Grupo de Crimen Organizado de la Policía Nacional. Andrés Gutiérrez

La creatividad es un elemento esencial para los agentes que se dedican a buscar y atrapar a delincuentes de otras nacionalidades que se ocultan en Canarias. En ocasiones, compatriotas los acogen en sus grupos cerrados, donde les ofrecen recursos y confort. A algunos ni siquiera les hace falta aprender español. Unos son autosuficientes y llevan un alto nivel de vida; otros subsisten gracias al dinero de sus familiares.

La provincia de Santa Cruz de Tenerife es la zona de España, junto a la Costa del Sol, en la que más fugitivos de la Justicia de otros países son localizados y capturados para ponerlos a disposición de la Audiencia Nacional. Los encargados de esa labor son los integrantes del Grupo de Crimen Organizado de la Policía Nacional. Las características de las personas a las que buscan y sus respectivos entornos les obligan a ser imaginativos y creativos para poder acercarse a un objetivo e identificarlo de forma certera, a partir de los datos que las autoridades de otros países aportan sobre cada individuo. Esa información en pocos casos está actualizada y resulta lo suficientemente concreta.

El inspector Joaquín Acevedo, jefe del Grupo de Crimen Organizado, integrado en la Udyco de la Brigada Provincial de Policía Judicial, explica que, como resulta obvio, cada delincuente buscado por su país de origen «tiene un perfil diferente». Pero, de forma global, existen dos grupos generales de prófugos de la Justicia. El primero se halla conformado por «el de perfil muy alto»; es decir, quienes cuentan con gran solvencia económica, estudios universitarios y los medios necesarios para ser autosuficientes en España. Se trata de hombres autosuficientes, acusados de delitos económicos o fiscales. Algunos de los apresados en Tenerife son de origen italiano o ruso. En el segundo apartado se hallan individuos jóvenes, que han cometido actos de delincuencia común y que, incluso, para sobrevivir reciben ayuda de los familiares que tienen en su lugar de origen.

Nueve en lo que va de año

El equipo que hoy dirige Acevedo y que hasta el pasado marzo estaba a cargo del inspector Víctor Massanet ha detenido desde el 2019 a 38 fugitivos llegados de otros países para asentarse en Tenerife o en cualquier otra isla de la provincia o la comunidad autónoma, a pesar de la pandemia. Casi todos los interceptados son varones. En el 2019 hubo 11 arrestos; en el 2020, 18, y durante el primer semestre del 2021, nueve.

Recuerda Acevedo que la Policía Nacional tiene la competencia exclusiva en cooperación internacional con otros cuerpos de seguridad para detención, entrega a cualquier juzgado central de instrucción de la Audiencia Nacional y la extradición. Esa colaboración con los cuerpos de seguridad y las autoridades judiciales de otros países resulta fundamental en un territorio como el del Espacio Schengen, en el que cualquier ciudadano europeo se mueve por Europa de forma libre y sin estar sometido a control policial.

El mando admite que «las islas atraen a gente buena, pero también a personas muy malas» por la calidad de vida que existe en el Archipiélago y que al ser un importante destino turístico hay colonias de ciudadanos de diferentes nacionalidades asentadas en determinados enclaves insulares, donde pueden pasar desapercibidos durante mucho tiempo sin llamar la atención de las fuerzas de seguridad ni de otros vecinos de los mencionados lugares, que se habitúan al trasiego constante de desconocidos.

Como ejemplo, Acevedo expone que «un prófugo húngaro viene aquí y tiene el soporte de sus compatriotas, que le dan recursos y le hacen sentir cómodo». En muchas ocasiones, ese delincuente se introduce en «grupos cerrados» de compatriotas donde se generan vínculos delincuenciales en Canarias y en sus territorios de origen. Es decir, que muchas veces quienen amparan a un fugitivo saben qué ha hecho y de quién escapa.

Ante esa situación, «el objetivo» no utiliza su verdadera identidad ni acude a los servicios administrativos comunes. Es decir, que siempre que pueda se mantendrá en «su círculo de confianza y confort». A juicio de Acevedo, «eso dificulta nuestro trabajo», pues se trata de acceder a la dinámica aplicada por «pequeñas sociedades», en las que impera la opacidad y el silencio hacia quienes no forman parte de tal comunidad ni hablan su idioma.

"Por lo general, nos dan datos escuetos o que no están actualizados", explica Acevedo

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Por eso los agentes del Grupo de Crimen Organizado deben echar mano de la creatividad para buscar «vías que nos abran nuevas líneas de investigación» en cada caso. Los funcionarios de este grupo tienen claro que los prófugos de «perfil alto», si se ven amenazados, tienen capacidad de huir de la Isla. Por eso resulta tan importante para estos agentes que la identificación, localización y arresto se produzca, siempre que se pueda, «desde la barrera, sin exponernos demasiado». «El 90 por ciento de los casos suelen resolverse así, con una detención que el protagonista no se espera», aclara el inspector.

Sirene (Sistema de Información Complementaria a la Entrada Nacional) es el organismo encargado de tramitar los datos sobre cada delincuente en el marco del Espacio Schengen, del que, además de los países de la Unión Europea (UE), también forman parte Suiza, Liechtenstein, Noruega e Islandia.

Otra vía para comunicar la presencia en Canarias u otro punto de España de un individuo es Interpol. En ambos casos, cuando los agentes de un determinado país tienen indicios racionales de que su «objetivo» está en territorio español, introduce los datos en Sirene o Interpol. Esa información llega, en primer lugar, al Grupo de Fugitivos de la Brigada Central de Crimen Organizado de la Comisaría General de Policía Judicial en Madrid. Estos agentes efectúan un barrido general para intentar saber en qué comunidad o provincia puede hallarse. Y si consigue una localización más o menos precisa pone el caso en manos de cada Grupo de Crimen Organizado. Y, en este caso, es en Tenerife o Canarias donde se lleva a cabo el verdadero trabajo operativo para atrapar al prófugo.

Las búsquedas más complejas se pueden prolongar de forma activa a lo largo de varios años

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«Por lo general, los datos que nos llegan son muy escuetos o no estar actualizados», apunta Acevedo. Y eso complica las cosas, «porque una detención requiere de garantías legales», matiza, que incluyen la realización de un número elevado de trámites para la comunicación efectiva con el abogado defensor, la Policía Científica, con los juzgados o, por poner un ejemplo extremo, el aviso a una protectora de animales para que cuide de la mascota del individuo. La actuación de la Brigada de Policía Científica se incluye «para garantizar la cadena de custodia», es decir, para verificar que el arrestado es en realidad la persona buscada, a quien se le hace una reseña para asegurar sus derechos.

72 horas

Cuando se trata de un fugitivo buscado dentro del Espacio Schengen, los policías nacionales disponen de 72 horas para ponerlo a disposición de los juzgados centrales de Instrucción de la Audiencia Nacional. Pero, en el caso de que su captura se haya planteado a través de Interpol, ese tiempo se reduce a 24 horas. Antes eran los propios agentes los que tenían que acompañar al arrestado a Madrid en un avión. Ahoralas nuevas tecnologías facilitan mucho el trabajo y la puesta a disposición judicial se puede desarrollar a través de videoconferencia.

De los 38 detenidos en dos años, la mayoría son de nacionalidad italiana y británica, las dos comunidades foráneas con mayor presencia en el Archipiélago y en Tenerife. También han sido capturados diversos polacos y húngaros. En el caso de Polonia, las autoridades judiciales emiten órdenes europeas de detención y entrega por delitos menores o comunes, como contra la seguridad del tráfico o el robo de cable de cobre, por ejemplo.

También se ha apresado a diferentes alemanes, austríacos, franceses, belgas o rumanos. Desde el 2019 se ha atrapado, al menos, a tres ciudadanos rusos. La última detención efectuada por el Grupo de Crimen Organizado fue a un polaco que llevaba tres años en el país y «no sabía ni papa de español». Y lo mismo se puede decir de un germano que fue capturado tras 24 meses en España. «Sus grupos son tan cerrados, estables y de confort que no necesitan integrarse en la sociedad española», apunta Acevedo.

Cuanto más tiempo se requiera para encontrar y apresar a un fugitivo, mayor tiene que ser la intensidad del trabajo policial y más elevada es la exposición de los agentes. Los trabajos más rápidos pueden durar varios días o una semana; los más complejos, hasta tres años.

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