Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Las obras en una casa en Alicante sacan a la luz una olla del siglo XVIII con un bebé

El recipiente con los restos de hace tres siglos estaba enterrado en la cocina

Las obras en una casa en Alicante sacan a la luz una olla del siglo XVIII con un bebé. Video y Foto: Información.es

Un recién nacido condenado al limbo por haber muerto antes de su bautizo, y por ello enterrado dentro de una olla en el suelo de la cocina del que hubiera sido su hogar. Unos tres siglos después, los arqueólogos han dado con su sorprendente tumba durante la remodelación de una vivienda en el corazón del casco antiguo de Sant Joan d’Alacant, en el Carrer la Mar.

Exploración del interior del recipiente en el Hospital Vithas.

Este tipo de enterramientos entre los siglos XVIII y XIX quedaba reservado para los bebés que morían antes de ser bautizados, ya que los preceptos religiosos de la época establecían que no podían reposar en el cementerio. Pero ahora su sepultura ha salido a la luz en una actuación que ha contado con la colaboración de la UA, el MARQ y el Hospital Vithas, donde se ha realizado un novedoso estudio radiológico en el ámbito arqueológico al recipiente para confirmar su contenido.

El hallazgo de este bebé perinatal, que no se sabe si nació ya muerto o falleció poco después de venir al mundo, se produjo hace unos meses durante el seguimiento arqueológico llevado a cabo por la empresa Arqueo Inventario SL en los trabajos de esta vivienda del casco antiguo.

Desde esta mercantil santjoanera explican que tras la retirada del pavimento hidráulico de principios de siglo XX, y un segundo pavimento de ladrillo cerámico datado a partir de 1885 por sus medidas estandarizadas, se pudo documentar la ocultación de una olla de cerámica vidriada cuya boca se encontraba parcialmente tapada por una piedra.

La olla fue sometida a una tomografía computarizada.

Sepultura o tesoro

Con el proceso de excavación se pudo observar que la cerámica no presentaba marcas de exposición al fuego, y que esta se encontraba junto al hogar de la antigua cocina de la casa. Ante estos hechos, los arqueólogos evaluaron la posibilidad de encontrarse ante la ocultación de un tesorillo o un enterramiento infantil. La piedra, al no sellar completamente la olla, propició que esta se colmara de tierra, lo que impidió identificar in situ su contenido, relatan desde Arqueo Inventario.

Dado el carácter de urgencia de la intervención, la dirección arqueológica procedió a dar aviso del hallazgo a la Conselleria de Cultura y decidió reservar el estudio del interior de la olla una vez finalizada la obra, evitando así retrasos y un posible perjuicio económico para los promotores.

Una vez trasladada la pieza al laboratorio, fue sometida al detector magnético para certificar o descartar la presencia de objetos metálicos en su interior. Retirada una pequeña capa de tierra comenzaron a emerger los primeros restos óseos y fragmentos de tela blanca varios siglos después de su sepultura bajo la cocina de su hogar.

Detalle de la prueba donde la zona vacía de la izquierda corresponde al cráneo y en la derecha se aprecian varios huesos.

Húmero y costillas

Tanto la doctora Virginia Pardo del Hospital Vithas Alicante, colaboradora médica de Arqueo Inventario, como Consuelo Roca de Togores Muñoz, arqueóloga especializada en Antropología Física del MARQ, certificaron que los restos óseos se correspondían con un húmero y costillas de un perinatal.

Debido a la fragilidad de los huesos se planteó la posibilidad de realizar un estudio radiológico que permitiría obtener la imagen del interior de la olla sin necesidad de ser excavada.

Tomografía

Este estudio, pionero en este tipo de enterramientos, fue realizado por el Hospital Vithas Alicante, que puso a disposición de los arqueólogos los mejores profesionales y los medios técnicos más avanzados para la consecución con éxito de esta tomografía computarizada aplicada a la arqueología. Las pruebas practicadas revelaron que el cuerpo del perinatal se adaptaba a las paredes de la olla y que el cráneo se encontraba fracturado, quedando ambas partes solapadas.

Dada la singularidad del hallazgo, el equipo de Arqueo Inventario, en colaboración con la Universidad de Alicante, ha puesto a disposición de la catedrática en Arqueología Feliciana Sala los restos arqueológicos para que el proceso de excavación sea filmado y utilizado como material didáctico para los estudiantes del grado en Historia y Arqueología de la UA.

Detalle de la olla aún bajo el pavimento. / J.A.RICO

Ritual de inhumación

Los arqueólogos de la empresa santjoanera Alejandro Gomis y Humberto García han determinado que se trataría de un ritual de inhumación en un contexto doméstico, restringido a los individuos infantiles y datado entre los siglos XVIII y XIX.

El bebé habría nacido muerto o fallecido al poco tiempo de nacer sin que hubiera sido bautizado y, según los preceptos religiosos de la época, no podía ser enterrado en camposanto. Generalmente era el padre el encargado de dar sepultura al perinatal con ayuda del enterrador o un allegado, y rara vez acudían más de dos personas al funeral, pues era un ritual que formaba parte de la intimidad familiar y buscaba alejarse del enjuiciamiento del entorno.

No solía realizarse ceremonia alguna ni oficios religiosos, aunque en las comarcas valencianas de la Costera existe el denominado «cant d’albades, una tradición que se remonta al S. XIV, donde una serie de cantos acompañados de una danza velaban el cadáver del Albats, un niño de menos de cuatro años, con la creencia de que así iría al cielo. Era una práctica habitual el dar sepultura a los recién nacidos en el hogar pues éste brindaría al prematuro difunto el calor necesario alejándolo del frío de la muerte.

Cambio de El Vaticano

Sin embargo, esto difiere de la doctrina católica de la época, pues era el limbo el lugar destinado a aquellos que morían a temprana edad antes de ser bautizados. Este precepto religioso estuvo presente hasta que en el año 2005 el Papa Juan Pablo II encargó una comisión dirigida por el cardenal Ratzinger, Pontífice Benedicto XVI, quien determinó su abolición en el año 2007, otorgándoles la salvación directa.

El nuevo alcalde de Sant Joan, Santi Román (Cs), tras ser conocedor del hallazgo, se ha reunido con los arqueólogos, incidiendo en su implicación y voluntad de que se siga investigando la historia del pueblo ya que la Arqueología sigue aportando hallazgos de gran relevancia histórica para todos los vecinos de Sant Joan.

Del mismo modo, desde la empresa de arqueología agradecieron al Hospital Vithas y a su doctora Virginia Pardo, a la UA y al MARQ su «implicación y ayuda en los trabajos», destacando «la importancia de los equipos multidisciplinares en los proyectos de investigación arqueológica». Una investigación que ha permitido sacar del limbo a un pequeño que murió hace entre 200 y 300 años, y cuyos restos reposaban al calor de su hogar en Sant Joan.

Compartir el artículo

stats