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Educación | Vuelta al cole

La dificultad fortalece

El protocolo anticovid no afecta al entusiasmo de los estudiantes que vuelven a las aulas

Una de las entradas principales al Iberia con padres y alumnos juntos, a la espera de que se inicie la entrada con el protocolo anticovid.

Una de las entradas principales al Iberia con padres y alumnos juntos, a la espera de que se inicie la entrada con el protocolo anticovid. José Carlos Guerra

Tras las vacaciones de verano, cientos de alumnos de Eduación Infantil, Primaria y ESO regresaron ayer a sus respectivos centros de estudio para reencontrarse con amigos y profesores. 

Los protocolos anticovid no han podido restar ni un ápice de la alegría que experimentan los más pequeños cuando regresan a la actividad escolar. Yo diría que incluso la ha incrementado. Que las dificultades los han hecho más fuertes. Y por eso, mucho entusiasmo y gana de volver a ver a sus amigos y profesores eran los sentimiento que invadían a los alumnos de Educación infantil y Primaria que ayer se incorporaron a las clases tras finalizar el periodo vacacional. También los alumnos de enseñanza media volvieron a las aulas en la comunidad canaria, pero de forma menos tumultuosa, ya que ayer sólo se reincorporaron los de la ESO, mientras que los de Bachillerato y FP lo harán hoy.

«La distribución en burbujas para separar a los alumnos ha sido muy efectiva», subraya Paola Torres

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En el colegio Iberia se volvía a reproducir el típico trasiego de padres con hijos en las dos entradas principales al recinto donde todos los niños guardaban la necesaria distancia de seguridad con una disciplina prusiana y con sus respectivas mascarillas. Lo cual no impedía que se reprodujeran los mismos momentos de emoción de los reencuentros esperados tras más de tres meses sin ver a tus antiguos compañeros. Uno de los padres, Juan José Monzón, traía a sus hijas mellizas, Ariadna y Paula, de ocho años de edad, que pasan a cuarto de Primaria. «A las siete y veinte ya estaban vestidas y preparadas para volver al colegio y eso que entran a las nueve menos diez», comenta Juan José Monzón que, reconoce, en este centro han sabido organizarse bien con lo referente al covid.

Normas

«El año pasado aplicaron muy bien las normas contra el covid, crearon burbujas para separar mucho los niveles, las entradas, las clases y pidieron no llevar al niño al comedor si no era estrictamente necesario», añade. Y así podían repartir mejor las aulas. Y además, «el año pasado hicieron un esfuerzo en el primer trimestre recuperando lo que no pudieron dar durante el curso anterior, y al final dieron todo el temario».

Dos pequeños hacen lo que pueden para llevar sus mochilas. Alberto García Saleh

Este año, además, se han tomado las mismas medidas, por lo que no ha habido cambios significativos de cara a cómo hay que comportarse, por lo que los niños ya tiene más que asumido qué es lo que tienen que hacer. «El año pasado las clases fueron de tipo presencial», añade. Y recuerda que cuando empezó el confinamiento, los profesores no pudieron organizarse tras las medidas adoptadas por la administración, por lo que, opina, que «si tú no sabes cómo hay que actuar» en un caso de emergencia sanitaria «te tienes que dejar guiar por los profesionales y no por los políticos».

Sus dos hijas dejaron claro que el día de ayer era especial para ellas. Así, Ariadne reconocía que «me gusta aprender cosas nuevas y conocer a otros amigos», y Paula añadía que, le entusiasmaba volver tras pasar sus vacaciones en Lanzarote y que, aunque le hayan cambiado de profesor y niños del cole, «podré ver a mis amigas Leonor, Lara, Irene y Rocío.»

Mis hijas ya estaban preparadas para volver desde las siete de la mañana», aclara Juan José Monzón

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Eduardo Díaz también había llevado a sus dos hijos Eduardo y Nathalie, de siete y ocho años de edad. «Están todos privados», señala el padre. «Pero estaba deseando venir, sobre todo para quitarles el tema de las máquinas, la play y el ordenador», aunque aclara que durante el confinamiento las máquinas también han ayudado un poco «pero ha habido un momento en que se ha sobrepasado todo eso». Para Eduardo Díaz lo mas sorprendente, del año anterior, fue ver cómo sus hijos se organizaron bien. «Llegaban a casa con su mascarilla e inconscientemente se lavaban sus manos, y no se quitaban la mascarilla como habitualmente hacemos los adultos de la costumbre que tenían». Y añade que, en cuarto curso, han mezclado a los alumnos porque una de las aulas era más competitiva. El pequeño opina que le entusiasma «volver a ver a los amigos, pero sobre todo estudiar» porque «me gusta mucho matemáticas, es muy divertido, y te potencia la inteligencia», añade.

Otra madre, Paola Torres llevaba a su hijo Íker que pasaba a tercero de primaria. Esta madre también habla de los grupos burbuja contemplados para aquellos cursos con niños de menor edad. Son grupos formados por entre 15 a 20 alumnos y la presencia de un tutor. De esta forma, los alumnos pueden socializar y jugar entre sí sin ser obligatorio el mantenimiento de la distancia interpersonal de manera estricta, acordada en una distancia de 1,5 metros. «Siguen los mismos protocolos, las distancias, los grupos reducidos». Y al tratarse de grupos de convivencia estable, «nos encontramos ante agrupaciones de alumnos que comparten una misma aula, no teniendo contacto directo con otros grupos durante su estancia en el centro educativo», añade.

Alumnos en Tomás Morales a punto de entrar en su instituto. Alberto García Saleh

Su hijo Iker, de 8 años, asegura que le entusiasma «estar con mis amigos», volver a estudiar, y que las asignaturas que más le gustan son la educación física y el inglés.

Dejando la zona de colegios, y situado en las de los institutos de la calle Tomás Morales, el ambiente era mucho más tranquilo. En el instituto Pérez Galdós, habla el profesor de francés, Gustavo Fernández, que lleva diez años dando clases en este centro dentro del programa bachibac, de doble titularidad, que brinda al alumnado la posibilidad de alcanzar simultáneamente el Título de Bachiller español y el Diplôme du Baccalauréat al término de sus estudios secundarios postobligatorios.

«En principio no va a haber cambios», aclara. «La directora, en el último claustro con los profesores, dijo que se iban a mantener todas las medidas, aunque con grupos con menos alumnos, se mantiene el distanciamiento social, el uso de la mascarilla, la limpieza, etc., va a ser exactamente igual. Hasta la consejería va a mandar profesores de apoyo Covid». Los cambios, por tanto, van a ser en el horario ya que «en vez de 55 minutos por clase, que sean de 45 minutos, para que todo sea más ágil». Y en los grupos «porque ahora en vez de 30 alumnos en secundaria obligatoria van a ser 25. Y en vez de 40 en bachillerato, serán 30». En cuanto a cómo acatan los adolescentes las medidas anti-covid, el profesor afirma que «normalmente las cumplen sin problemas, pero hay que decirles en el patio ‘no estén amontonados’ o ‘no estés abrazando a nadie”.

Una fila de jóvenes esperaban para entregar algún documento de la matrícula. Una de ellas era Sheila González, 16 años, que afirmaba que mañana será su primer día de clase. «Quiero conocer a gente nueva porque empiezas otro ciclo de la vida», aseguraba. «Paso a primero de bachillerato y aunque vengo de otro centro, me he cambiado a este porque he tenido amigos aquí que han estado muy contentos con el centro y por eso vengo contenta». La asignatura que más le gusta es «el inglés».

«A los alumnos solo les tenemos que recordar cosas como que ‘no se amontonen», sostiene Gustavo Fernández

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María Fernández, de 17, que pasa a segundo de bachillerato, va a cursar una año más en este mismo centro. Y opina que «me gusta estudiar aquí porque hay una buena relación entre los profesores y alumnos», señala. La joven recuerda que, cuando sus padres estudiaron, «el profesor eracomo una autoridad de ordeno y mando contra la que el estudiante poco podía hacer», pero ahora, afortunadamente, todo ha cambiado e incluso algunas actividades «se opinan democráticamente sobre cómo se deben realizar». Las asignaturas que más le entusiasman son la lengua y sobre todo a literatura porque ya tiene claro que lo que va a estudiar en la universidad será filología española.

De una manera muy parecida se expresa su amiga Susana Peñate, que añade que «la flexibilidad que muestran los profesores es muy importante», hasta el punto que algunos «te dan un empujón» para que salgas adelante si hace falta. Porque «el profesor es, además de tu maestro, un compañero». Esta otra joven, sin embargo, prefiere la geografía y la historia del arte como las clases principales.

Otro profesor, Mateo Guerra, de Historia, opina que «después de casi tres meses de vacaciones toca volver a la rutina». Se trata de una tarea difícil que se debe afrontar de forma gradual y con paciencia.

«Me asombra la disciplina de mis hijos para organizarse bien y no contagiarse», afirma Eduardo Díaz

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«Por eso, y teniendo en cuenta el periodo de adaptación de los alumnos, normalmente los primeros días realizamos actividades tranquilas y de poco contenido académico como presentaciones tanto de compañeros como de la materia, dinámicas para conocer las normas del aula, para conocer las metodologías». Se trata, por tanto, de dar una buena bienvenida al alumnado es esencial «para crear en ellos un ambiente de confianza, positivo, de participación y, sobre todo, de aprendizaje».

Un día, en definitiva, en el que el tema de los protocolos anti-covid se convirtieron en otra nueva rutina sin más consecuencias.

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