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Chema Lázaro Maestro de educación primaria, experto en Neurodidáctica, cofundador de Niuco y Premio Nacional de Educación

«Equivocarse es el principio de aprender»

Chema Lázaro. | | LP / DLP

Chema Lázaro. | | LP / DLP

El maestro de Primaria y experto en neuropsicología Chema Lázaro pone la inteligencia colectiva y los avances en neurodidáctica al servicio de la educación y sus retos. Optimista por naturaleza y apasionado convencido, él lo tiene claro: «Lo estamos haciendo bien, pero podemos hacerlo todavía mejor».

¿«Hay que convertir a los centros educativos en espacios de frikis»?

¡Desde luego! Por definición, los frikis son aquellas personas que aman lo que hacen con intensidad y los chicos y chicas tienen que disfrutar de aprender, ir al colegio no debería ser algo aburrido o costoso.

¿Aprobar no es aprender y solo se aprende con pasión?

Claro, eso es: aprobar es una consecuencia de aprender y no todos los que aprueban aprenden ni viceversa, muchas veces las propias mecánicas en las que se presentan las clases nos llevan a eso, pero la finalidad debe ser acercarnos al conocimiento y a la curiosidad.

¿Qué nos propone la neurodidáctica para lograrlo?

Algo muy bonito: nos dice que, en lugar de trabajar solo por cajitas, tendamos puentes y entendamos la educación de forma holística. Podemos hablar del papel de la inteligencia emocional como tal: cómo llegamos a conocernos y a autorregularnos; pero es que luego la neurodidáctica nos enseña que las emociones son las grandes pasarelas del aprendizaje.

Si le digo curiosidad y sorpresa, ¿qué me dice?

Son las emociones más potentes, los grandes motores del aprendizaje. No solo activan las ganas de aprender y ayudan a fijar lo aprendido, sino que además activan capacidades superiores como el pensamiento crítico, la cooperación, la creatividad... Todo el mundo recuerda a ese profe que le hacía vibrar en las clases. Al final, el cerebro está hecho para sentir placer y que las clases sean placenteras hace que funcione mejor y que el alumno esté más motivado.

¿Basta la motivación para poder aprender?

No, claramente no. Esto es un mito muy extendido entre la comunidad de profesores y no tiene por qué ser cierto que a mayor motivación, mayor rendimiento; también necesito herramientas y destrezas. Además, lo que motiva a una persona y a otra puede ser diferente y por eso es interesante generar distintos espacios en cada una de las clases.

¿Por qué se agrupa a los chicos por edad?, ¿por qué no combinar materias?, ¿50 minutos de clase?»

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Se habla de la importancia de las emociones y al tiempo se camina hacia una mayor digitalización, ¿es posible construir vínculos emocionales en entornos digitales?

Pues fíjate que yo estaba convencido de que era imposible hasta que tuve que enseñar en una universidad 100% online. Por experiencia puedo decir que sí se construye vínculo, pero es cierto que el ser humano es un ser social y yo no creo que deba perderse esa parte de tocarse e interactuar. Por eso creo que el futuro será cada vez más híbrido.

En un entrevista reciente comentaba que su contacto con alumnos con dislexia, asperger y TDAH cambió su vida como docente...

Me marcaron porque me enseñaron que lo que hacíamos en clase no valía para todos, que tenía que apostar por estrategias variadas para llegar a cada uno de mis alumnos. Cambió mi forma de dar clase, pero también mi sensibilidad.

¿Se está atendiendo correctamente la diversidad en el seno de las aulas?

Cada vez más. ¿Se podría hacer mejor? sin duda, con apoyos incluyentes en el aula; varios perfiles de actividades; mayor acceso a las tecnologías; menores ratios de alumnos...

Se habla mucho de Entornos VUCA, ¿el conocimiento solo lo es si holístico?

Aprender se ha entendido como un concepto un poco inflexible, como si el mundo no cambiase nunca, pero la realidad es que el mundo cambia y que las estrategias tienen que adaptarse. Los profesores debemos manejar las unidades como elementos dinámicos y no planos, con contenidos cambiantes de un curso a otro, que se adapten a los desafíos cercanos de los alumnos. Y no solo los contenidos: ¿Por qué los chicos se agrupan por edad y no por nivel de conocimiento?, ¿por qué no se pueden combinar asignaturas?, ¿por qué las sesiones han de ser de 50 minutos?... Son preguntas que están en la palestra.

¿Hay que saber equivocarse para aprender?

Estadísticamente, para hacer algo bien, hay que hacerlo muchas veces mal antes. Equivocarse es el principio de aprender y es importante transmitir a los alumnos que no pasa nada por hacerlo, y que de hecho deben de… Porque además esto tiene que ver con una emoción muy preocupante, que es el miedo. El miedo libera cortisol y literalmente hace que no funcione la memoria. Decidí poner todos los días una cita en la pizarra de mi clase que incitase a mis alumnos al error, a entenderlo como que se trata de un proceso natural y a analizarlo para seguir mejorando y creciendo.

¿«Nunca le pidas a un niño que te preste atención»?

La atención es como un caudal de agua gigante, y el profesor tiene que regular ese caudal: gestionarlo, manejarlo. Hay varias redes atencionales: por un lado, está captar la atención, conseguir que ese alumno se enganche a ti con una pregunta, una lectura…; por el otro, también es importante entrenar la atención, esto es la concentración, cuando el alumno ya te ha comprado que le interesa ese tema, toca dotarlo de un entorno de silencio, espacio, etc. que le permita trabajarlo. Esto no es nuevo, siempre ha habido profes que utilizan la narrativa de una forma brillante, con detalles y anécdotas.

¿Representa la filosofía una fuente de inspiración para usted como educador?

¡Claro! Hay una pregunta inicial que es: ‘¿Para qué educamos?’ y eso lo cambia todo. En mi forma de entenderla, yo educo a mis alumnos para que puedan ser la mejor versión de sí mismos y generar impacto social; para hacerles libres desde la cultura del aprendizaje; y por lo tanto me interesa que se cuestionen las cosas y se hagan preguntas. Todo esto tiene una mirada filosófica y sí creo que hay un puente comunicativo entre los que hacen filosofía y pedagogía.

Aprobar es una consecuencia de aprender y no todos los que aprueban aprenden ni viceversa»

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¿Un libro para estos días?

Recomendaría uno que he regalado muchas veces, muy especial, se lee muy rápido: Nuestra casa en el árbol, de Lea Vélez. Es un canto a la libertad, muy particular porque además está escrito desde el punto de vista de uno de los hijos de la autora, en el tiempo en el que ella le promete que les va a construir una casa en un árbol, entonces su marido fallece y se queda sola con tres hijos… A partir de ahí, llegan una serie de aprendizajes desde la mirada de los niños.

¿Un mito a derribar ?

Uno de los que más daño hace es el concepto de inteligencia como un constructo inamovible determinado por factores genéticos, esto predispone cómo se ve a los niños y a las niñas hasta el punto de que hablamos de niños listos y tontos. En realidad, la inteligencia es un constructo dinámico que se compone de factores genéticos y ambientales y, si enseñamos desde ahí, veremos que los profesores tenemos una responsabilidad muy grande en la construcción de esos cerebros: que no sea capaz de hacerlo ahora no significa que no llegue a lograrlo porque el cerebro es plástico y va a evolucionar y lo va a hacer en función de las experiencias que le ofrezco.

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