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Diez años del rugido del volcán de El Hierro

Durante tres meses, El Hierro vibró al compás de los más de 17.000 seísmos que acabaron dando a luz al volcán submarino Tagoro

El volcán Tagoro haciendo su aparición en octubre de 2011 a 5 kilómetros de la costa | | IGN

El volcán Tagoro haciendo su aparición en octubre de 2011 a 5 kilómetros de la costa | | IGN

La erupción del volcán en La Palma ha puesto de relieve el origen volcánico de Canarias y desempolvado las últimas erupciones vividas en las Islas. El episodio volcánico inmediatamente anterior al actual en La Palma ocurrió en El Hierro y en el mar. Era 19 de julio de 2011. Los primeros rayos de sol de ese verano isleño que daba sus primeros coletazos se colaban por una de las ventanas de las oficinas del Instituto Geográfico Nacional (IGN) ubicadas en la transitada Avenida de Anaga en Santa Cruz de Tenerife, convirtiendo el lugar en un verdadero invernadero. Hacía poco más de cuatro años que el sismólogo Itahiza Domínguez se había unido junto al resto del equipo a la delegación del IGN en Canarias, que desde entonces se había convertido en el centro encargado de vigilar el riesgo volcánico en las Islas. Aquella mañana parecía que el día sería igual de tranquilo que los anteriores, pero no fue así. «A mi lado tenía un sismógrafo antiguo, de esos que pintaban los seísmos y de repente empezó a funcionar con mucho ímpetu», relata Domínguez. Tan solo unas horas después, desde el IGN partían dos coches llenos de material de vigilancia rumbo a El Hierro para hacer el análisis de campo del «emocionante» e «inesperado» fenómeno sísmico que tres meses después daría a luz al primer volcán submarino monitorizado de España: Tagoro.

Durante tres meses los habitantes de El Hierro recordaron, ante la atenta mirada del resto de la población canaria, lo que significa vivir en un territorio volcánico. Miguel Ángel Rodríguez, biólogo de la Unidad Insular de Medio Ambiente del Cabildo herreño, recuerda que en los primeros momentos tuvo «miedo». «Se notaban con claridad los movimientos sísmicos de magnitudes de 2 y 3», señala Rodríguez, que recuerda que, aunque él estaba algo apartado de donde finalmente emergió el volcán, llegó a aprender a dirimir la fuerza de los temblores – o «pepinazos» como él los llamaba – tan solo sintiéndolos.

«Cuando empezamos a ver los sismos al principio fue una sorpresa, no esperábamos verlo en ese momento», relata el sismólogo del IGN. Y es que, aunque se sabe que El Hierro se encontraba entre las islas más volcánicamente activas en los últimos 10.000 años (junto a Tenerife, La Palma y Lanzarote), «no tiene erupciones históricas». La única crisis sísmica importante de la que se tienen registros históricos en El Hierro data de 1793, pero se desconoce si es porque no hubo terremotos o porque se perdió la información se perdió en «los incendios que destruyeron las crónicas de la isla en el siglo XIX», señala Domínguez.

De julio a octubre se registraron un total de 17.000 seísmos a entre 10 y 15 kilómetros de profundidad. «Al principio ni siquiera se planteó que la sismicidad pudiera acabar en la erupción de un volcán submarino», afirma Domínguez. De hecho, en la primera reunión del Comité Científico del 26 de septiembre, que elevó a amarillo el riesgo de la isla, ni siquiera contaba con la participación del Instituto Español de Oceanografía (IEO), cuya representación sí se incluyó tiempo después. «Hay que tener en cuenta que la sismicidad migró empezó del norte al sur y durante ese tiempo se fueron valorando distintos escenarios dependiendo de cómo evolucionaba la actividad provocada por los terremotos», relata Eduardo Suárez, también sismólogo del IGN.

El 10 de octubre de 2011 el volcán Tagoro emergió a la superficie, pero no lo hizo en tierra, sino en el Mar de Las Calmas, cerca de La Restinga. Los 547 vecinos del pueblo pesquero tuvieron que ser evacuados, especialmente por la exposición a la nube de gases que empezó a emitir el volcán que emergió a tan solo cinco kilómetros de la costa. Hoy en día Tagoro «es un volcán extinto», que tiene pocas probabilidades de reactivarse. Los años posteriores, la isla mantuvo algo de actividad sísmica, que se asoció a una intrusión magmática que acabó elevando la isla 25 centímetros pero no produjo ninguna erupción. Lo que demuestra lo caprichosa que puede llegar la actividad volcánica.

La vida marina resurge con fuerza tras la devastación de Tagoro

Cuando Tagoro despertó de su letargo submarino destruyó toda la vida que encontró a su paso, en uno de los ecosistemas más ricos de los alrededores de El Hierro: la Reserva Marina del Mar de Las Calmas. Diez años después, ese agresivo volcán se ha convertido en una incubadora de vida submarina, que ha logrado crear un vasto ecosistema propio y único. Son ya diez años en los que el Instituto Español de Oceanografía (IEO) ha estado recopilando datos de la zona para conocer su evolución. Lo que han hallado es que la montaña submarina no solo tiene capacidad de gestar vida gracias a la emanación de ciertos gases y sustancias que funcionan como nutrientes, sino que además, retiene a ese nuevo ecosistema a su alrededor para protegerlo del exterior. «El volcán emite agua caliente que es menos densa y sube, y eso genera células convectivas sobre él que ayuda a que los organismos se queden encerrados», subraya el investigador del IEO, Eugenio Fraile, que lidera el proyecto Vulcana para estudiar este fenómeno. Este mecanismo ha convertido a la zona en un lugar más rico que antaño logrando de nuevo ser un reclamo para los pescadores de la zona. 

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