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El implacable paso de la lava

La colada del volcán arrasa 103 hectáreas de La Palma y entierra más de 180 viviendas

El rumor del volcán de La Palma en la tercera noche de erupción Andrés Gutiérrez

El avance lento pero implacable de la lava que emana del volcán de la Cumbre Vieja de La Palma ha arrasado ya más de 103 hectáreas de la zona suroeste de la Isla Bonita. Núcleos poblacionales de Los Llanos de Aridane y El Paso, como Los Campitos, El Paraíso o Todoque, han quedado sepultados bajo varios metros de magma. Al menos, 180 viviendas y otras edificaciones como un colegio, han sido enterradas por las lenguas volcánicas en su camino hacia el océano, según los primeros datos recopilados por el Servicio de Cartografía de Emergencia Copernicus. Un recurso de la Unión Europea que fue solicitado por Protección Civil para vigilar desde el espacio el transcurrir del magma, así como los efectos secundarios que deja a su paso.

Las primeras imágenes satelilates de La Palma, tomadas por el Sentinel–2 –uno de los seis satélites integrados en el programa Copernicus– plasman una dura realidad para centenares de personas que han perdido todos los vienes materiales, desde sus hogares hasta sus medios de vida. A poco más de dos kilómetros al sur del sendero que va marcando la lava del nuevo volcán, todavía se pueden observar las cicatrices que dejó en la tierra la colada del volcán San Juan, que entró en erupción en 1949 y que a su paso también arrasó campos de cultivo y viviendas. El magma baja insaciable, 72 años después, por la misma ladera y no solo ha engullido casas, muchas de ellas dedicadas al turismo rural, sino que también ha arrasado infraestructuras como las carreteras, que ha dejado intransitables.

La franja costera hacia la que se dirige la lava es una zona de alto potencial económico por su gran tradición platanera. El 40% del Producto Interior Bruto (PIB) de La Palma proviene del plátano, un sector que genera 5.000 empleos en la isla. En el territorio del litoral palmero que está en peligro –Tazacorte, Puerto Naos, El Remo y Las Hoyas– se produce semanalmente más de medio millón de kilos de fruta y, en estas semanas, la cosecha está en su máximo apogeo. Las cooperativas temen perder sus terrenos, pero también están preocupadas ante la posibilidad de malograr el plátano que ya está listo para recoger y que les supondrían un pequeño alivio para su economía. Si bien, les es imposible recolectar y regar los cultivos porque las vías de acceso a los invernaderos están cerradas, para evitar que los agricultores queden incomunicados en caso de que las carreteras se vieran afectadas por el magma.

Las imágenes del satélite permiten a los científicos observar el avance de las coladas de lava y saber si siguen la ruta natural marcada por la orografía o toman vías imprevistas. Estos pronósticos les permiten adelantarse a la hora de tomar decisiones que pueden evitar daños personales. El Sentinel–2 ya ha hecho dos barridos de la zona, pero la nubosidad le ha impedido tomar imágenes óptimas.

Copernicus es un programa europeo que proporciona información y referencias geoespaciales en situaciones de emergencia ante catástrofes naturales. Aunque el proyecto tiene, principalmente, un uso académico y sirve de fuente de información para los investigadores, la Unión Europea recurre a él cuando algún país miembro tiene que hacer frente a grandes incendios o inundaciones. Hace solo unos días, esta herramienta comunitaria se empleó para hacer seguimiento del fuego en Sierra Bermeja, en Málaga.

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