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Gran Canaria en tres partos

La formación de la isla redonda, que se remonta 14,5 millones de años atrás, es fruto de tres grandes ciclos eruptivos que la convierten en la más accidentada y compleja del Archipiélago

Imagen del macizo de Amurga. | | Juan Carlos Castro

La erupción del volcán de Cumbre Vieja en La Palma han reavivado el relato sobre el origen de la formación volcánica de las Islas Canarias que, en el caso de Gran Canaria, conforma la topografía más accidentada y compleja del conjunto del Archipiélago.

La edad de la isla redonda asciende a unos 14,5 millones de años, lo que la convierte en la más joven de las islas orientales y la más antigua de las occidentales, pero su configuración territorial se debe, sobre todo, al modelado de la erosión que resulta de la acción generadora y destructiva de los edificios y estructuras volcánicas de la Isla, en combinación con sus rasgos climáticos.

Estas formas de relieve resultan de una evolución morfogeológica que se subdivide en tres grandes ciclos eruptivos, intercalados por periodos de inactividad volcánica, en los que han primado los citados procesos erosivos, según recoge el capítulo La isla de Gran Canaria, coescrito por los expertos Alex Hansen Machín y Josefina Domínguez Mujica, dentro del Volumen II del manual Geografía de Canarias, editado por el Gobierno de Canarias.

El primer ciclo eruptivo que construye Gran Canaria originó una isla chata al nivel del mar que se asienta sobre un complejo basal, fruto de erupciones submarinas que dan lugar al basamento insular. Estas erupciones volcánicas se sucedieron con intensidad y conformaron el edificio central de la isla, pero la erosión de materiales volcánicos propició el vaciado de este edificio central, lo que generó una caldera por hundimiento: la Paleocaldera de Tejeda. La actividad volcánica continuada en este primer ciclo eruptivo culminó con la formación de una isla de perímetro circular, con sus mayores alturas desplazadas hacia el oeste.

Ciclo Roque Nublo

El segundo ciclo eruptivo, rebautizado como «ciclo Roque Nublo», dio comienzo después de un prolongado periodo de inactividad volcánica, donde la erosión incidió en el relieve insular y generó profundos barrancos sobre las rampas lávicas, con el transporte de materiales que sedimentaron en depósitos, entre los que destacan el de Las Palmas, en el noreste, y el de Arguineguín, en el sur. Los centros eruptivos de este ciclo resultaron especialmente violentos -incluso, pusieron en peligro la vida sobre la isla- y se concentraron en el centro de Gran Canaria, en enclaves como Ayacata, La Culata de Tejeda, Las Mesas y Tenteniguada, entre cuyas erupciones destaca la que genera el gran estratovolcán del Roque Nublo.

Por último, el tercer ciclo eruptivo, precedido por un segundo periodo de inactividad volcánica, volvió a conformar la Caldera de Tejeda por la erosión y el desalojo de los materiales, pero la actividad volcánica se concentra en la mitad norte de la Isla, donde genera nuevas formaciones volcánicas como la Caldera de Bandama, la Montaña de Arucas, la de Arinaga y de Gáldar, entre muchos centenares más. Además, La Isleta surgió a lo largo de este periodo. Este volcanismo se caracterizó por la aparición de numerosos conos volcánicos que generaron elevaciones puntuales del relieve. Por su parte, las lavas han constituido grandes apilamientos lávicos de cientos de metros de espesor, como las rampas basálticas de Agüimes e Ingenio, o las grandes plataformas lávicas de Gáldar o Telde.

Este último ciclo se produjo hace alrededor de 2,7 millones de años y su actividad se prolonga casi hasta el presente. A partir de aquí, la erosión continuada ha seguido modelando el territorio, ya que, al contrario que otras islas como Lanzarote, Tenerife o La Palma, en Gran Canaria no ha vuelto a haber ninguna actividad volcánica después de esta época. Los geólogos sitúan en 300.000 años el límite superior de este ciclo.

El Pico y la Caldera de Bandama

Una de las formaciones más complejas de la isla de Gran Canaria es el Pico y la Caldera de Bandama, con 574 metros de altura, el primero, y 1.000 metros de diámetro y 170 metros de profundidad, la segunda. 

Según indica la Gran Enciclopedia Canaria, de Ediciones Canarias, su formación se inicia hace cuatro o cinco mil años, con una grieta eruptiva de 1,5 kilómetros de longitud a través de la expulsión de piroclastos a modo de surtidor vertical, que luego se transforma en dos conos de lapilli que evolucionan por separado. Solo cuando cesa esta actividad eruptiva se configura la forma definitiva del pico y la caldera. El fondo de la Caldera es bastante llano, con apilamientos de materiales de ladera, que conforman un suelo de alta calidad agrícola y elevada humedad.

Su ocupación humana se remonta al pasado aborigen, tal como revela el yacimiento de Cuevas del Canario, un conjunto de cuevas artificiales de habitación y granero fortificado con inscripciones líbico-bereberes.

Ambas estructuras volcánicas fueron declaradas en 1987 Parque Natural y reclasificadas en 1994 como Monumento Natural.

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