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Volcán de La Palma

El renacer de Lanzarote tras la larga erupción de Timanfaya

La erupción de Timanfaya, en 1730, se prolongó durante seis años y transformó por completo sus paisajes

Una vivienda en Lanzarote. | | LP / DLP

La isla de Lanzarote sufrió un proceso eruptivo que se sucedió de forma casi ininterrumpida a lo largo de seis años, que soterró diez pueblos y transfiguró por completo su paisaje. La situación es un ejemplo para La Palma, que ahora está inmersa en la erupción de un nuevo volcán.

El reloj apuntaba casi a las 10 de la noche del 1 de septiembre de 1730 cuando explosionó el primer volcán en la isla de Lanzarote en Timanfaya. Las tierra se abrió y las emanaciones de lavas y escorias se prolongaron de forma casi ininterrumpida a lo largo de seis años hasta 1736. El magma líquido arrasó pueblos enteros, viviendas y campos de cultivo, junto a centenares de topónimos que referían lugares. En total, 10 pueblos (Tingafa, Montaña Blanca, Maretas, Santa Catalina, Jaretas, San Juan, Peña de Palmas, Testeina y Rodeos) quedaron sepultados bajo la lava volcánica y apenas sobrevive su memoria salvo en algunos documentos de la época.

El territorio arrasado engloba el corazón del mapa que comprende el Parque Nacional de Timanfaya, la Zona del Parque Natural de los Volcanes, la zona del Espacio Protegido de la Geria y otras zonas periféricas, que quedaron soterradas bajo la roca magmática. Entonces, se trataba de una zona agrícola de relevancia en el contexto insular, cuya población ascendía a unos 5.000 habitantes y, sobre esta cifra, alrededor de 2.000 emigraron a otras islas del Archipiélago o cruzó el Atlántico con rumbo a Latinoamérica. Aunque la catástrofe apenas fue mortífera, las pérdidas resultaron muy significativas en términos materiales.

Uno de los principales investigadores sobre el proceso de reconstrucción de la isla tras los episodios volcánicos es el arqueólogo lanzaroteño José de León Hernández, a la que dedicó su tesis doctoral bajo el epígrafe Lanzarote bajo el volcán. La reconstrucción del territorio, los recursos potenciales y la infraestructura construida cubiertos por las erupciones volcánicas del s. XVIII en la isla de Lanzarote, donde se basó en cuatro fuentes principales de conocimientos: la arqueología, la etnografía, la documentación histórica y la toponimia.

Los paisajes de Lanzarote se alteraron por completo como consecuencia del volcán pero, por el contrario, surgieron nuevos pueblos en otros lugares como, por ejemplo, Tías, que hoy se erige en uno de los pueblos más importantes de la isla, nacido como consecuencia de la colonización de nuevas tierras tras las erupciones. Desde entonces, el paisaje de Lanzarote ha seguido su trayectoria de transformación gracias a las técnicas agrícolas de cultivo sobre «lapillis volcánicos» que sus habitantes ejercitan para captar la humedad de los alisios.

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