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Volcán de La Palma

La nueva erupción en La Palma se asemeja a la del volcán San Juan en 1949

Las características, zonas afectadas y desarrollo de las fases volcánicas de la erupción de 1949 en La Palma son similares a la actual de Cabeza de Vaca

| | ARCHIVO DE FOTOGRAFÍA HISTÓRICA DE LA FEDAC

«A las nueve de la mañana del 24 de junio de 1949 un pastor que se encontraba en las inmediaciones de la montaña del Duraznero, en la isla de La Palma, huyó aterrorizado al ver que se agrietaba la tierra, salía humo de las aberturas y se oían misteriosos ruidos subterráneos. Poco después, hacia las once de aquella misma mañana, se abría el primer cráter de la montaña del Duraznero que lanzaba al aire una espesa y copiosa columna de humo que fue vista en toda la isla y que sembró la intranquilidad, cuando no el pánico, entre sus pacíficos habitantes. La erupción del volcán de San Juan había empezado». Estas son las primeras líneas del libro Erupción del volcán del Nambroque o San Juan publicado un año después, en 1950, por el ingeniero geógrafo Juan María Bonelli Rubio.

Lo mismo pasó en San Juan

Miles de seísmos en los días previos que sembraron la alarma en la población, una explosión repentina en medio de pinares que da inicio a la erupción, un proceso eruptivo estromboliano con coladas que avanzan de forma lenta pero inexorable y destruyen casas y fincas, evacuación de poblaciones, fuertes explosiones, se cierran unas bocas, se abren otras... Hay muchas similitudes entre aquella erupción de 1949 y la que se originó el pasado 19 de septiembre en Cabeza de Vaca, que ayer seguía arrojando abundante ceniza y lava sobre la vertiente suroeste de La Palma. Para empezar, hay solo 7 kilómetros de distancia entre los principales focos de una y otra . Y basta con visitar el Archivo de Fotografía Histórica –www.fotosantiguascanarias.org– de la Fundación para la Etnografía y el Desarrollo de la Artesanía Canaria (Fedac) del Cabildo de Gran Canaria, para corroborarlo.

No es de extrañar que los mayores palmeros que han vivido ambas erupciones coincidan en afirmar: «Lo mismo pasó en San Juan». Hay diferencias más o menos importantes: La Palma tenía 17.568 habitantes menos (67.225 por 84.793 en la actualidad), la mitad de la superficie urbanizada, no había observatorio sismográfico ni alertas ni protocolos de actuación a diferencia de ahora y los primeros seísmos que anunciaban la inminente explosión fueron cuatro días antes en 1949 y solo cuatro horas antes en esta de 2021. Tampoco se retransmitió en 1949 –solo salió en el NODO– ni había cámaras que ofrecieran imágenes las 24 horas del día. Y la luna era distinta: mientras en la primera la lava salió el día antes de la luna nueva, el pasado 19 de septiembre lo hizo el día antes de la luna llena. En San Juan, además, hubo una víctima mortal y un herido y por ahora en Cabeza de Vaca no ha habido ni un solo herido, entre otras cosas porque las alertas y los operativos de evacuación se pusieron en marcha apenas unas horas antes de la primera columna de ceniza. Pero las características volcánicas, la zona afectada y los cambios en el proceso se asemejan.

Lo mismo pasó en San Juan

La erupción de San Juan, como la mayoría de las estudiadas en Canarias y la actual de Cabeza de Vaca, fue fisural. Las columnas de ceniza y las coladas brotaron de tres bocas abiertas en una grieta entre pinos y antiguas coladas. En las inmediaciones del nuevo volcán se registraron deslizamientos de tierra y emanaciones de gases. La actividad sísmica, que empezó a ser muy intensa en los cuatro días anteriores, prosiguió tras la erupción. Se sintió de forma especial en las poblaciones de Jedey, Las Manchas y Los Charcos. Algunas viviendas, las más precarias, sucumbieron a los movimientos y los aludes. El primero de julio llegó otra fuerte sacudida sísmica, que trajo nuevos derrumbamientos de casas.

El proceso iba a entrar en nuevas fases como pasa ahora. En la mañana del 6 de julio, en el decimotercer día de erupción, «se vio elevarse violentamente una espesa y gigante columna de humo negro que suponía una reactivación del proceso eruptivo», escribió Juan María Bonelli Rubio, que se encontraba en ese momento en la zona subiendo al cráter principal. «Pero al llegar a la montaña se pudo observar que la columna de humo vista procedía de una nueva boca de mayores dimensiones en la misma loma del Duraznero», prosiguió.

Lo mismo pasó en San Juan

El día 8 de julio se abre otra boca con emisión de lava en Llano del Banco, una larga y sinuosa grieta de un kilómetro de largo por 100 metros de ancho, tal y como detalló Simón Benítez, presidente del Museo Canario y vulcanólogo. Las coladas descienden por la accidentada topografía palmera. «Avanzan en cascada por los barrancos de la montaña hasta llegar al llano de Las Manchas, por donde caminan ya más lentamente, aún cuando conserven una velocidad de dos metros por minuto. A las dos de la tarde la corriente de lava cortaba la carretera general y continuaba su ruta al mar invadiendo el Hoyo del Verdugo, donde se ensancha ampliamente y aumenta su espesor», detalla el autor de Erupción del volcán del Nambroque o San Juan.

Todavía no se ha producido en la crisis volcánica actual pero en aquella de 1949 las coladas sí llegaron al mar, generando grandes columnas de gases. Fue el 10 de julio de 1949 cuando las lavas se desplomaron desde el acantilado al mar en las cercanías de Puerto Naos. Tardaron 17 días en alcanzar el Atlántico. La emisión de lavas continuó en los días sucesivos, haciéndose cada vez más fluidas. El día 12 aparece otra boca, esta gaseosa, en Hoyo Negro, anunciada por dos nuevas sacudidas sísmicas. La erupción parecía no tener fin.

Lo mismo pasó en San Juan

Visitas de autoridades

También hubo visitas de autoridades estatales, aunque en aquel entonces llegaron mucho más tarde que en el episodio actual, en el que el presidente del Gobierno central, Pedro Sánchez, llegó a La Palma el segundo día de la erupción. En 1949, el primer enviado de la dictadura franquista fue el ministro de la Gobernación, Blas Pérez González, recuerda en un artículo el periodista e historiador palmero Juan Carlos Díaz Lorenzo. «El 24 de julio, un mes después del comienzo de la erupción de San Juan, el ministro emprendió viaje desde Madrid al aeropuerto de Los Rodeos a bordo de un avión DC-4 de la compañía Iberia, para luego desplazarse a La Palma y visitar la zona afectada por el volcán». Blas Pérez representaba al dictador Francisco Franco. Le acompañaba su esposa, Otilia Martín Bencomo, su hermano Esteban, subsecretario de Trabajo, y otras personalidades.

Las coladas dejaron de salir por las bocas el 26 de julio. La erupción parecía haber terminado. La población lo celebró de forma muy contenida. Tras tantos días de angustia y tantos daños no había ganas de jolgorio. De repente, el día 30, surge otra boca en el Duraznero, por la que fluye una lava muy líquida que va esta vez a la otra vertiente, que se había mantenido indemne, la oriental. La lengua de costra negra e interior de fuego atravesó el municipio de Mazo y se detuvo justo antes de llegar al mar. La lava cesó de forma definitiva el 4 de agosto y las últimas fumarolas se apagaron el 9 de agosto. En total fueron 47 días en los que La Palma sacó lecciones que bien pueden servir para el proceso eruptivo actual.

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