El volcán de La Palma, ahora denominado volcán Tajogaite por el lugar donde brotó, puede seguir expulsando lava y otros materiales volcánicos por lo menos hasta el mes de noviembre. El área afectada por las coladas del volcán de La Palma aumentó un 50% en solo 24 horas el tercer día de erupción. En función de ello, los expertos calcularon desde entonces que la erupción se prolongaría una media de 55 días, es decir, que se alargaría al menos hasta noviembre. Esta previsión no ha cambiado en nada después del descanso de unas horas que el volcán se tomó el noveno día de erupción, el lunes 27 de septiembre, para volver luego a expulsar lava con mayor fuerza si cabe.

A medida que pasan los días la situación en las zonas aledañas al volcán se hace más difícil, sobre todo para las personas evacuadas que han tenido que abandonar a toda prisa los inmuebles dañados o destruidos por las coladas, una cifra que aumenta día a día y que este martes afectaba ya a 589 construcciones. Una de las últimas en sucumbir a la embestida de la lava ha sido la casa milagro de la familia Cocq, que la semana pasada quedó aislada entre lavas pero intacta.

La lava continúa abriéndose paso hacia el mar y deja ya detrás 258 hectáreas de terreno sepultadas por las piedras, el fuego y las cenizas, según cálculos del Instituto Volcanológico de Canarias a partir de las imágenes de satélite del programa Copernicus. También la erupción es visible desde la Estación Espacial Internacional.

El mapa facilitado por este programa europeo de seguimiento de emergencias se actualiza a diario y permite observar cómo día a día se incrementa la zona afectada.

Otro de los grandes problemas que conlleva la erupción es la gran cantidad de ceniza y de humo que hace que cada día se estén emitiendo a la atmósfera entre 6.140 y 11.500 toneladas de dióxido de azufre (SO2), según las mediciones realizadas por el Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan).

El dióxido de azufre es un gas irritante y tóxico cuya concentración durante cortos periodos de tiempo resulta muy perjudicial para los ecosistemas y para la salud, ya que puede irritar el tracto respiratorio, causar bronquitis, reacciones asmáticas, espasmos reflejos, parada respiratoria y congestionar los conductos bronquiales de los asmáticos.

La ceniza está causando problemas en las construcciones, ya que añaden mucho peso sobre las cubiertas. También se recomienda que dejen las canales libres de este polvo porque si llueve se forma una mezcla que acaba solidificándose y echándolas a perder. Los vecinos se ven obligados a barrer y recoger a diario las cenizas.

Las cenizas también cubren las carreteras, convirtiéndolas en superficies resbaladizas. Por eso, la última recomendación del Plan de Emergencias Volcánicas de Canarias, Pevolca, a los particulares ha sido que reduzcan al mínimo los desplazamientos para evitar riesgos. El periodista experto en seguridad vial, Bernardo Hernández, ha elaborado un decálogo de consejos para circular por las carreteras llenas de ceniza de La Palma con unas mínimas garantías.

Barrios afectados por las evacuaciones

Los núcleos de población afectados por las evacuaciones son La Bombilla, El Remo, Puerto Naos, Las Manchas, Jedey, Charco Verde, El Charco, Todoque, La Laguna, San Nicolás, Tacande de Arriba y Echedey, en tres municipios: El Paso, Los Llanos de Aridane y Tazacorte. Además, en Tazacorte hay cuatro poblaciones confinadas a la espera de la llegada de la lava al mar.

Mientras tanto, los científicos siguen tratando de averiguar el tiempo que tardará el volcán en dejar de estar en erupción, que, según el Involcan, podría oscilar entre 24 y 84 días, con una media de 55 días, o lo que es lo mismo, podría seguir expulsando lava al menos hasta noviembre o incluso llegar a diciembre.

El dato lo han obtenido analizando las erupciones históricas ocurridas en la isla de La Palma desde la última, que tuvo lugar en Teneguía en 1971 y duró 24 días, a la más larga, en Tehuya, en 1585, que se prolongó durante 84 días.

Decenas de científicos y expertos toman a diario de muestras de ceniza, lava y gases y realizan inspecciones de campo y observaciones mediante drones para comprobar la evolución de la actividad del volcán y tratar de averiguar cuanto tiempo se prolongará esta catástrofe.