El volcán destruye y también crea vida. Son las dos caras de la catástrofe natural que mostraron las erupciones volcánicas que tuvieron en vilo a Lanzarote de forma intermitente durante seis largos años del siglo XVIII (1730-1736) con Timanfaya, cuyo recorrido de la lava se precipitó al mar por pequeños cantiles del oeste del municipio de Yaiza el 11 de septiembre de 1730.

Hace una década Tagoro surgió en El Hierro, el volcán submarino nacido de la erupción iniciada en el Mar de las Calmas hasta los 89 metros de la superficie, cerca de La Restinga, en el sur de Isla del Meridiano, el 10 de octubre de 2011 y finalizada el 5 de marzo de 2012.

En ambos casos hubo una explosión de vida bajo el océano pasado un tiempo. Timanfaya y Tagoro son dos muestras de la sorprendente biodiversidad que emanó de las coladas submarinas. La vida ha dado sus sorpresas en Lanzarote y en El Hierro.

La creación de arrecifes rocosos en los fondos costeros de Timanfaya propició “una rica y variada” fauna marina, según se describe en la Guía de Visita del Parque Nacional de Timanfaya. Ejemplo de ello es que se han inventariado “120 especies de invertebrados marinos y 59 especies de peces de las 217 clasificadas en las aguas costeras de Canarias”, detalla la guía.

Playa El Paso, con los volcanes al fondo, en el municipio lanzaroteño de Yaiza. Ayuntamiento de Yaiza

De ese modo, llaman la atención “los grandes grupos de cangrejos rojos, las apreciadas lapas y los pequeños burgados que podemos descubrir durante un paseo por la costa”, describe la publicación de la Red de Parques Nacionales. Viejas, pulpos, morenas, sepias, pejeverdes, salemas y abades viven bajo las saladas aguas de Timanfaya, aunque los visitantes difícilmente aprecian esa fauna.

De las 'restingolitas' al fertilizante natural

El 15 de octubre de 2011 aparecieron flotando en el mar de Las Calmas unas extrañas bombas y escorias volcánicas de entre 10 y 40 centímetros de diámetro, de color negro o marrón en su exterior y blanco en su interior, poroso y rico en uranio, que fueron bautizadas como 'restingolitas', en honor al cercano pueblo de La Restinga, cuyos habitantes fueron evacuados en varias ocasiones por la erupción.

'Restingolitas' en el Mar de las Calmas, en El Hierro.

No fue la única novedad que deparó Tagoro. Años después de finalizar esa erupción herreña, el volcán continuaba expulsando importantes cantidades de hierro al océano que “han ido fertilizando de manera natural esas aguas y propiciado toda una explosión de vida en el que probablemente será el primer Parque Nacional Marino de España”, recogía un reportaje en 2017 de la agencia Efe basado en el estudio realizado por cuatro investigadores del Instituto de Oceanografía y Cambio Global de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (IOCAG), Carolina Santana González, Magdalena Santana Casiano y Melchor González, y de la delegación en el archipiélago canario del Instituto Español de Oceanografía (IEO), Eugenio Fraile, y publicado en 2017 en la revista Marine Chemistry sobre las consecuencias que tuvo para la biodiversidad marina de El Hierro la erupción de Tagoro.

El magma borró las huellas de la vida submarina en el Mar de las Calmas, uno de las zonas de buceo más apreciadas del mundo por la variedad de sus fondos, pero lo que vino después fue mucho mejor. Los científicos comprobaron que “la vida estaba regresando a esos fondos marinos a toda velocidad y, en algunos casos, incluso con más vigor que antes”. Y no solo eso, pues los clubes de buceos constataron que aumentaron los avistamientos de cetáceos y que cada vez era más frecuente observar allí especies que eran muy esquivas.

La explosión de Tagoro supuso la creación de "condiciones óptimas para la regeneración del área", al elevar muy por encima de lo normal los niveles de hierro disuelto y reducir el pH del agua. El hierro actúa como un fertilizante del fondo, a tenor de lo que recogió esa investigación, que también hizo referencia a mayores niveles de clorofila a tan solo 25 metro de profundidad, “indicativos la fotosíntesis que realizan los seres vivos situados en la base de la cadena alimenticia del océano: el fitoplancton”.

Sin embargo, los investigadores de la ULPGC Markel Gómez LetonaJavier Arístegui y María Fernanda Montero, del Instituto Universitario de Oceanografía y Cambio Global (IOCAG), junto con Antonio González Ramos y Josep Coca, de la División de Robótica y Oceanografía Computacional del Instituto Universitario de Sistemas Inteligentes y Aplicaciones Numéricas en la Ingeniería (IUSIANI), publicaron un artículo de investigación en la revista internacional Scientific Reports, en el que demostraron que la erupción del volcán submarino Tagoro no produjo ninguna fertilización biológica que acelerara la recuperación del ecosistema marino en la zona de la explosión.

Según esos expertos, los cambios que se produjeron, tanto en la abundancia de fitoplancton como de clorofila en las aguas al sur de El Hierro, tuvieron lugar también en el resto del Archipiélago, principalmente por la variabilidad estacional natural, y en parte, también a la variabilidad interanual causada por la Oscilación del Atlántico Norte (NAO).

Pese a las discrepancias entre ambos estudios científicos, lo que sí han destacado los pescadores y los clubes de buceo es el resurgir de la vida submarina tras la devastación de Tagoro.

¿Qué pasará bajo el mar de La Palma?

En otro punto del mismo Océano Atlántico canario, en La Palma, la colada se encontró con el mar en la Playa del Perdido (Tazacorte) en torno a las once de la noche del pasado martes, 28 de septiembre, nueve días después de que estallara el nuevo volcán de Cumbre Vieja, en el oeste de la Isla Bonita. Hasta este jueves la dimensión de la isla baja que se ha configurado es de 17,2 hectáreas, según cálculos del Cabildo de La Palma, el equivalente a 34,4 campos de fútbol (cada uno tiene media hectárea de extensión, es decir, 5.000 metros cuadrados).

La lava del nuevo volcán de La Palma cayó al mar en una zona en la que la vida marina es "bastante pobre" y en la que generará riqueza biológica dentro de bastante tiempo, avanzaba el pasado miércoles a Efe el profesor de Biología Marina de la Universidad de La Laguna José Carlos Hernández.

El biólogo destacó que una vez que la lava se enfríe en el agua del mar, generará un nuevo arrecife rocoso, que puede ser muy interesante para generar un nuevo hábitat para organismos marinos pudiéndose crear zonas intermareales con fauna como lapas, burgados y pulpos, y más adentro del agua un nuevo suelo que suplantará el arenoso que había hasta ahora.

La caída de la lava al mar desde la patrullera del Servicio Maritimo de la Guardia Civil La Provincia