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Volcán en La Palma

Un viaje al mar del futuro en Fuencaliente

Las universidades canarias crean un Observatorio Marino de Cambio Climático en Fuencaliente cuyas aguas son ricas en CO2

La fajana del volcán de La Palma, de cerca Bomberos de Gran Canaria

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La fajana del volcán de La Palma, de cerca Verónica Pavés

La costa de Fuencaliente es un viaje a lo que serán los mares del futuro. La actividad volcánica que duerme en el interior de La Palma expulsa, desde hace décadas, dióxido de carbono directamente a las costas del sur de la isla, produciendo una acidificación del entorno de gran calibre, similar a la que vivirán los océanos de todo el mundo como consecuencia del cambio climático.

«Solo hay tres lugares en el mundo en el que esto sucede: Isquia (Italia), Papúa Nueva Guinea y aquí en La Palma», explica el biólogo marino de la Universidad de La Laguna (ULL), José Carlos Hernández. El investigador señala que esto convierte a Fuencaliente en un emplazamiento único para estudiar de manera pormenorizada las consecuencias del progresivo incremento en las concentraciones de dióxido de carbono en el océano. Y es que, cuando el mar recibe más CO2 del que puede disolver, su pH empieza a descender y, por tanto, el entorno se hace más ácido. En este caso, el pH llega en muchas zonas a 7, cuando lo normal es que esté a 8,25. «Un pequeño cambio tiene consecuencias enormes», relata Hernández. La consecuencia directa de esa acidez que organismos que tienen concha, como burgados o lapas, sean incapaces de construir su caparazón.

Los científicos de las universidades canarias, conocen y estudian esta peculiar característica de las costas de La Palma desde hace años. De ahí que hayan creado un Observatorio Marino de Cambio Climático (OMACC), con el que «realizar investigación básica sobre cambio climático» y entender mejor las repercusiones que tendrá este fenómeno en el futuro. Por el momento, el grupo de investigación, en el que también se encuentran Melchor González y Magdalena Santana de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), han descubierto que «las cosas no son tan sencillas» como se esperaba. Y es que hay especies, como los erizos de mar, capaces de adaptarse a este nuevo entorno. «Creemos que se ha generado un fenómeno de microevolución y queremos saber qué genes están implicados en esta adaptación», matiza Hernández Esta es, de hecho, una de las próximas líneas de investigación que el grupo llevará a cabo.

Los científicos también están implicados en la reciente erupción y observan, con cierta expectación, lo que pueda ocurrir en la fajana de la Playa de los Guirres. Porque esta nueva plataforma marina va a crear un sistema rocoso, susceptible de ser muy rico en biodiversidad en el futuro, en un lugar donde hasta ahora «no había nada». Como ilustra Hernández, en esa zona tan solo había «arenas basálticas» que albergaban muy poca vida, debido a que la única fauna era aquella con la capacidad de sobrevivir escondida entre la arena. «La fajana o delta de lava va a generar un nuevo hábitat y nos dará información sobre cómo se colonizan los sustratos», sentencia Hernández.

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