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Volcán de La Palma

Una vida almacenada en un metro cuadrado por el volcán de La Palma

El Centro Empresarial e Industrial de La Palma se erige en el punto de almacenamiento de enseres domésticos de casi 200 familias desalojadas

El agradecimiento de altos vuelos a voluntarios de La Palma

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El agradecimiento de altos vuelos a voluntarios de La Palma Nora Navarro

Entre la tierra a la intemperie de los barrios evacuados y la tierra compartida de las casas de acogida, se abre una tercera tierra de nadie dentro de la tierra rota de La Palma por el volcán: el lugar de almacenamiento del mobiliario y la memoria de las casas sin casas a las que volver. Las naves del Centro Empresarial e Industrial (CEI) de La Palma, en el municipio de El Paso, balcón de las primeras lavas de Cumbre Vieja, custodia el patrimonio doméstico de casi 200 familias desalojadas que, en su traslado temporal a casas de familiares, amigos o viviendas de alquiler, apilan su vida en un metro cuadrado consignado entre balizas.

Esta cuarta semana de erupción, los vecinos y vecinas desalojados del barrio de La Laguna de Los Llanos de Aridane, con motivo del viraje al noroeste de la tercera colada del volcán, han podido aprovechar la ralentización de la última lengua para desplegar una cadena de carga y descarga de enseres que, en su tránsito hacia los realojamientos temporales, realizan un alto en este espacio de salvaguarda segura.

«El primer día de evacuación [el pasado martes 12 de octubre en La Laguna], nos llevamos lo que pudimos en dos viajes a casa de mi hermana en Garafía», indica un vecino de La Laguna desde su furgoneta, en la cola de acceso al CEI. «Pero a medida que la situación del volcán fue dando un respiro al barrio y nos dejaron volver unas cuantas veces a retirar más cosas, ya optamos por venir a dejar algunos bolsos aquí, y estamos muy agradecidos».

Antigua tabacalera de JTI

La barrera que franquea el acceso a este espacio, donde antes se erigía la antigua tabacalera de JTI, sube y desciende en un trasiego diario de camionetas y furgones pertrechados de estanterías, armarios, mesas, cintas de correr, juguetes o carros de bebé. En un principio, la cesión de este centro por parte del Cabildo de La Palma el pasado 24 de septiembre, sexto día de erupción, no se llevó a cabo con fines de almacenamiento, sino para la acogida de grandes donaciones solidarias, debido a su amplia capacidad espacial.

Sin embargo, los desalojos progresivos en los barrios amenazados, heridos o sepultados por la lava, que hoy supera la friolera de 7.000 personas evacuadas de sus casas a causa del volcán, motivaron la liberación de 5.000 metros cuadrados de cuatro naves industriales del CEI, divididos en 180 unidades de almacenaje destinadas a enseres personales.

El acceso al Centro  Empresarial e Industrial de La Palma (CEI), con el volcán de fondo. | | LP/DLP

El acceso al Centro Empresarial e Industrial de La Palma (CEI), con el volcán de fondo. | | LP/DLP

Este espacio convive con una primera nave central destinada a la ubicación, clasificación y distribución de donaciones de materiales al por mayor procedentes de otras islas, del territorio peninsular y del extranjero. Además, estas semanas también se ha habilitado una tercera zona para guardar containers de comida para los animales, que suma alrededor de 60.000 kilos de forraje para animales.

«Cuando empezaron los desalojos, nos dimos cuenta de que muchas familias que acudían a retirar sus pertenencias no tenían a dónde llevarlas porque, aunque tenían un lugar al que ir, no tenían espacio suficiente», explica Raquel Hernández, consejera de Promoción Económica, Comercio y Empleo, así como responsable de la empresa pública Sodepal (Sociedad de Promoción y Desarrollo Económico de La Palma), que organiza, gestiona y coordina este centro logístico. «Nosotros siempre hemos entendido que, como institución pública, después de garantizar la seguridad de las personas, también debemos atender sus necesidades y demandas».

Más de 400 personas voluntarias trabajan en el centro logístico situado en la antigua fábrica de tabaco de JTI, donde también se canalizan las grandes donaciones procedentes de distintos puntos de la geografía nacional, así como del extranjero

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El acondicionamiento de esta nave de enseres comportó a su vez la creación de una bolsa de voluntariado, en la que ya se han dado de alta 400 personas, que trabajan en turnos de 10 o 12 personas junto con el equipo de Sodepal, en función de la demanda diaria y los rumbos del volcán. Su horario de apertura se prolonga de forma ininterrumpida de 8.00 a 20.00 horas, aunque casi todos los días se demora hasta el filo de la medianoche, y cada afectado o afectada recibe un número para depositar todas sus pertenencias y, en un futuro aún incierto, volver a recogerlas.

Personas desahuciadas o evacuadas

En muchos casos, una parte de estos turnos de voluntariado se compone de personas desahuciadas o afectadas de forma directa por el volcán. Así lo destacaba una voluntaria de 29 años, natural de Santa Cruz de La Palma, que ayer acudía por tercera vez al CEI para ayudar en la clasificación de materiales donados. «Yo no he sido afectada directamente, pero algunas compañeras voluntarias sí han sido evacuadas estas semanas», explica esta funcionaria, que en los últimos tres fines de semana ha trabajado entre ocho y nueve horas diarias para la distribución de materiales para los ayuntamientos o afectados. «Muchas personas que han perdido hasta sus casas vienen a ayudar, lo cual es muy duro pero habla muy bien de ellas, porque es de una solidaridad tremenda”, añade. «A los que no hemos sido afectados de forma directa, lo que nos queda es poder venir a ayudar y hacer equipo para intentar salir adelante», concluye.

Todo el equipo coincide en el que el momento más sobrecogedor de esta realidad diaria se refleja en la mirada de los damnificados. «El momento de su llegada es muy delicado, porque acaban de sacar de su casa lo que han podido y traen su vida en una camioneta», indica Hernández. «Pero, al mismo tiempo, te dan las gracias por la posibilidad de guardar aquí lo que para ellos es su historia, porque tiene mucho valor personal lo que han dejado aquí, y saben que aquí están seguras». «Los palmeros somos grandes luchadores y emprendedores por naturaleza», añade. «La gente trae las cosas y las dejan con la seguridad de que, pese a la adversidad, volverán a buscarlas, más pronto que tarde, para poder reemprender su vida».

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