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Volcán de La Palma | La contribución científica a la emergencia

El norte de La Palma tiembla con más fuerza por la antigüedad de su suelo

Un terremoto profundo de magnitud 4,8 sacude la isla, parte de La Gomera y Tenerife | Los investigadores afirman que es «normal» y puede ir a más

La colada norte del volcán comienza a devorar el núcleo urbano de La Laguna Agencia ATLAS | Foto: EFE

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La colada norte del volcán comienza a devorar el núcleo urbano de La Laguna Verónica Pavés

Durante diez segundos, las paredes de la cocina de Toño Hernández temblaron como jamás lo habían hecho. En su casa ubicada en el municipio de Puntallana, Hernández apenas ha notado cuatro o cinco terremotos desde que empezó la crisis volcánica. No es de extrañar, pues su vivienda se encuentra en el norte de la isla a unos 30 kilómetros del epicentro de los eventos sísmicos, que por su parte, se producen en el sur. Pero la noche del martes fue distinta. Un terremoto de magnitud 4,8 a 39 kilómetros de profundidad sacudió toda la isla, incluidas las paredes, la vajilla y el cuerpo de Toño Hernández. En varias zonas del norte de la isla el fuerte terremoto registró una intensidad V, la más alta constatada hasta el momento por el Instituto Geográfico Nacional (IGN). Sin embargo, cerca del epicentro, en el municipio de Mazo, la intensidad sentida del fuerte terremoto fue mucho menor, se intensidad III. Una circunstancia que tiene relación con la antigüedad y firmeza del suelo del norte.

«Se movió el sillón un poco y pensé que había sido una rata que se había colado». Así narra el evento sísmico José Ignacio García, que se encontraba en su casa terrera de Santa Cruz de La Palma. Poco después su mujer y su hija le sacaban de su error al indicarle que otros muebles también se habían desplazado. Pese a que estaban más cerca del epicentro (a 20 kilómetros), su casa apenas se movió y, de hecho, al contrario que Toño Hernández, para García este es su primer temblor.

¿Por qué existen estas diferencias en una misma isla? La profundidad y la magnitud de los terremotos son datos clave para predecir cómo van a influir estos temblores en la población y las infraestructuras, pero aún más relevante es el tipo de terreno por el que discurren las ondas sísmicas o los elementos que encuentra la onda en su camino. «La Palma está dividida en dos islas», explica el sismólogo del IGN, Itahiza Domínguez. La zona norte palmera es mucho más antigua que el resto, sus suelos se crearon hace al menos dos millones de años, por lo que están más consolidados y han adquirido mayor dureza. Conocido como dominio de Taburiente, la zona norte se encuentra, desde que se produjo el gran colapso conocido como deslizamiento de Aridane, prácticamente inactiva. El vulcanismo migró entonces hacia el sur a través de la fisura eruptiva de Cumbre Vieja, que es el lugar en el que han aparecido los últimos ocho volcanes de la historia de La Palma, incluido el actual. «Este terreno es más nuevo y blando», por lo que las ondas sísmicas se encuentran menos obstáculos y causan menos estragos. En otras palabras, los terremotos profundos provocan más daños en suelos rígidos porque se resisten a moverse al son de la onda sísmica, mientras que los más blandos se deforman y se acoplan al movimiento de la misma.

Esta información es relevante no solo para saber cómo puede influir un movimiento de la tierra en la población, sino que también ayuda en la planificación del territorio. Para calcular lo que se conoce como «aceleración del suelo» –aquellos terrenos con más posibilidad de multiplicar las señales sísmicas– se deben hacer estudios físicos, de los que aún no dispone Canarias. El IGN trata de establecer ese parámetro con sus cuestionarios macrosísmicos, con los que pueden saber qué lugares son más proclives a acelerar las ondas sísmicas y producir más daños. Por su parte, el grupo de Oceanografía Física y Geofísica Aplicada (OFYGA) de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) instalarán acelerómetros en Fuencaliente para medir este índice en el lugar. Otro fenómeno que se da con los terremotos de mayor profundidad es la «atenuación» de su fuerza durante su recorrido. «En la zona central vemos esa atenuación», remarca Domínguez. Al contrario puede haber «aceleradores locales» que pueden provocar que en un lugar se noten los terremotos con una mayor intensidad que a escasos metros de distancia. Uno de los ejemplos más remarcables de este indicio es el que ocurrió en México en el año 1985. El epicentro de un terremoto de magnitud 8 se dio a 200 kilómetros de la ciudad. Por el camino no provocó ningún daño y apenas se sintió, sin embargo, en «Ciudad de México tumbó edificios de 20 plantas», porque en la zona había un acuífero que generó «resonancia» en la zona. Los terremotos en La Palma continuarán tanto o más continúe la erupción, algo que los investigadores indican que es «normal» –ocurrió también en 2011 en El Hierro– y que puede que los próximos tengan aún más fuerza.

Intensidades de los terremotos

Intensidad I

No sentido

  • No tiene ningún efecto en las personas, los objetos y la naturaleza ni los edificios.

Intensidad II

Apenas sentido

  • Unas pocas personas (menos del 1%) notan el temblor estando en reposo.

Intensidad III

Débil

  • Sentido por algunas personas dentro de los edificios que sienten un balanceo en reposo y los objetos colgantes oscilan.

Intensidad IV

Ampliamente observado

  • Se despiertan algunas personas, la vibración es moderado, leve temblor en la cama o la habitación. Golpeteo de vajillas, ventanas y puertas.

Intensidad V

Fuerte

  • Se siente dentro de los edificios y algunas personas en exterior. Puede asustar. Los objetos se desplazan, los líquidos oscilan, los animales se inquietan. 

Intensidad VI

Levemente dañino

  • Muchos se asustan y corren al exterior de los edificios. Pueden caerse pequeños objetos y los muebles se desplazan. Daños moderados a los edificios

Intensidad VII

Dañino

  • Es difícil mantenerse en pie dentro de los edificios. Caen los objetos de las estanterías y hay daño graves en infraestructuras.

Intensidad VIII

Gravemente dañino

  • Es difícil mantenerse en pie fuera de los edificios. Los muebles vuelcan y caen objetos grandes. Daños muy graves en edificios

Intensidad IX

Destructor

  • Pánico general. Personas lanzadas al suelo. Los monumentos y columnas se caen. Daños muy graves a edificios.

Intensidad X

Muy destructor

  • Daños estructurales muy graves a la mayoría de edificios.

Intensidad XI

Devastador

  • Daños estructurarles y no estructurales muy graves en todos los edificios.

Intensidad XII

Muy devastador

  • Se destruyen el total de los edificios, de todo tipo.


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