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Volcán de La Palma | El avance de las coladas

Los vecinos de La Laguna pretenden burlar al volcán de La Palma

Sus habitantes esperan rehacer su vida en el barrio aunque la lava ya se ha tragado el colegio, la gasolinera y la asociación de vecinos

Así es el sonido del avance de una colada del volcán de La Palma La Provincia

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Así es el sonido del avance de una colada del volcán de La Palma Ramón Pérez

Los vecinos de La Laguna (Los Llanos de Aridane) ven cómo la lava sigue causando estragos entre sus viviendas y ha sepultado el colegio, la gasolinera y la asociación vecinal, pero aún defienden la opción de continuar siendo el barrio de siempre tras la catástrofe.

El barrio de La Laguna sufre la furia de las coladas del volcán Tajogaite, abandonado a su suerte tras la evacuación de sus 1.600 vecinos. No se rinden. Defienden la oportunidad de reconstruir su barrio a partir de las cenizas, defienden retornar a los lugares de siempre para fortalecer el arraigo con un territorio que les ha visto crecer.

Marcelino Rodríguez es un referente vecinal. A través de la labor social y cultural que dirige desde la Sociedad Velia de Instrucción y Recreo, cuyo local ya sucumbió a la lava, ha configurado una personalidad cercana y comprometida. Su casa aún se mantiene en pie, «te vas haciendo a la idea». «Estamos a punto, sabes el desenlace y ya está», reflexiona y por eso prefiere que el avance de la lava consiga su devastación «cuanto antes mejor».

Marcelino Rodríguez ha visto que la mitad de su barrio ha desaparecido. Todo lo que se ha perdido «es material», aunque lamenta que dentro de esas casas «hay algo que es recuerdo». Se refiere a que tanto La Laguna, como el ya desaparecido Todoque, «no son barrios dormitorios que vas a trabajar y vuelves a dormir». «Esto no es un barrio rural o dormitorio, aquí hemos levantado nuestras vidas», relata emocionado Marcelino Rodríguez. Y apela a sus raíces en un territorio del que «nos cuesta irnos». «Si nos vamos, haremos la casita al lado», ya que no es solo el recuerdo de una persona, «se trata de muchas generaciones que quedan atrás». Y lo subraya: «esas paredes son importantes».

«Esto no es un barrio rural o dormitorio, aquí hemos levantado nuestras vidas»

Marcelino Rodríguez - Vecino de La Laguna

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Marcelino Rodríguez se conmueve y dice que, aunque «ahora estamos llorando todos por todos», cuando le llegue el turno a su casa de sucumbir ante la lava, llorará con su familia. Un caso distinto es cuando se destruye el colegio. «Lloraremos todos los que estuvimos allí, cuando caiga la iglesia nos pasará lo mismo porque rezamos juntos y nos bautizamos en ella, y con la plaza pasa lo mismo porque allí estuvimos de fiesta», encadena Marcelino.

Lo mismo ocurre con la Sociedad Velia, fundada en 1932, en plena República, «con el esfuerzo de mucha gente», señala este vecino de La Laguna. Supuso un verdadero avance para la época, en la que hombres y mujeres compartían la dirección y gestión de la actividad cultural y social. Lamenta que «el edificio se va», aunque les ha dado tiempo de retirar su historia material y la documentación. A pesar de la destrucción, «la sociedad seguirá existiendo», defiende uno de sus líderes.

También apela Marcelino Rodríguez a la necesidad de que «hablen de nosotros». «Más deberían hablar para que no nos olviden y que lleguen recursos», insiste y muestra su rechazo a quienes, desconociendo la realidad insular, argumentan que «sobre volcanes no deberíamos vivir aquí». Y ante estos argumentos, la voz de los vecinos es contundente. «Vivimos aquí desde antes de la Conquista», se defiende Marcelino. «Nadie puede venir a valorar nuestra historia». Pero también recuerda que «aún no es el día después», ya que la emergencia no ha terminado, reconoce que le gustaría quedarse en La Laguna. Propone que el barrio crezca hacia el norte, porque «necesitamos un sitio en el que poner un cartel con el nombre del barrio».

Vecinos desalojados observan su casa a punto de ser engullida Agencia ATLAS | Foto: EFE

«Más adelante podremos pensar en otro centro, con una plaza chiquita y una iglesia con San Isidro», patrón de La Laguna, y en donde se les permita volver a plantar sus raíces y a crear «ese entorno más o menos igual».

«Tenemos que seguir»

Entre lágrimas, Marcelino Rodríguez lamenta que ya no irán «a la iglesia, ni a la farmacia, ni veremos a los niños pasar para ir al colegio. Ya la bombona no lo compraremos en la gasolinera. No veremos a la gente desayunar en el bar Central». Era su vida y ahí queda la vida de generaciones de palmeros que le precedieron. «Y lo veremos en otro lado porque tenemos que seguir viviendo», se consuela.

Javier González es vecino y joven empresario. Hace unos años decidió invertir los ahorros ganados con su trabajo en las plataneras en la creación de una empresa audiovisual. Con «brutales esfuerzos» para sacarla adelante se tropezó con el volcán. Hace semanas que comenzó a sacar el material audiovisual de la nave situada en la falda de la Montaña de La Laguna. «Lo vi venir», lamenta Javier González. «Desde que la lava llegó al Polígono Industrial del Callejón de la Gata, tenía claro que iba a llegar hasta mi nave». Y es que, como conocedor del terreno, asegura que «la lava no es como el agua y su comportamiento no es el mismo». No sigue los cauces de las barranqueras de la zona.

Aún con cierto humor, a la espera conocer si el avance de la lava afecta a su propiedad, reconoce que tiene momentos de «bajona» y, en cambio, otros en los que el corazón se le va «a salir». «Tenemos que mirar hacia el futuro», se sobrepone.

En el seguimiento de los efectos de las coladas comprueba que es precisamente a la altura de su empresa donde la lava, que avanza paralela a la carretera de Tazacorte, llevándose por delante medio barrio de La Laguna, chocará contra la falda de la montaña. «Tiene asumido» que la lava no va a circular hacia el sur. «Va a buscar la salida más rápida, que es hacia el norte», lamenta, ya que apunta a un gran desnivel del terreno por la parte de atrás de la montaña y seguirá hacia el mar. Javier González asumen que va a perder el local, pero se muestra tranquilo ya que todo «el material está fuera». Ahora ya está buscando una nueva ubicación donde poder seguir desarrollando su actividad empresarial, aunque «vamos a luchar para que no desaparezca el arraigo del barrio».

A Javier González le cuesta pensar que ya nada será igual. «Toca mucho lo que está pasando porque es nuestra gente», dice. Es un sentimiento duro de afrontar. Perder las tradiciones de ver a las mismas personas, en los mismos sitios y haciendo las mismas cosas de siempre.

«Este lugar ha sido, es y seguirá siendo el espacio donde quiero escribir mi futuro»

Clara González - Vecina de La Laguna

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Clara González es otra vecina que tenía su casa en el cruce de la Cruz Chica. Ese espacio ya no existe y la vivienda tampoco. Está bajo metros de lava que arrasaron la zona en la madrugada de este jueves. «Uno nunca llega a valorar lo que tiene hasta que lo pierde, pero yo sí», se emociona Clara González. Y es que valora «mucho» su casa, cada uno de sus rincones, «lo que se vivía en ella en cada momento». Creció en ella, y está orgullosa. «La Laguna ha sido, es y seguirá siendo el lugar donde quiero escribir mi futuro», sentencia . con un recuerdo a sus grandes amigos. «Esos que conocías en la guagua al ir al instituto con 13 años y a los que, con el tiempo, cada romería te los encontrabas a todos en la plaza», rememora.

«Nos comíamos la paella sentados en el muro de la Sociedad Velia. Eso era la felicidad», destaca emocionada. «Ya no volveré a decorar en Navidad la casa con su madre, ni tampoco a aparcar el coche en la isleta del cruce, sin que te multaran». Siempre recordará su jardín que cuidaba su madre con cariño. Volverá en sueños ya que en su recuerdo «siempre estará». Aunque hayan quedado bajo la lava.

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