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Volcán de Canarias | Los riesgos asociados a la meteorología

La lluvia ‘ceba’ a las cenizas del volcán de La Palma

El agua aumenta el peso de las cenizas, que forman una pasta que puede taponar alcantarillas, colapsar tejados y, en casos poco habituales, formar lahares

Vida submarina a pesar del Volcán de La Palma

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Vida submarina a pesar del Volcán de La Palma Verónica Pavés

Este fin de semana, la isla de La Palma se enfrenta a los primeros chubascos desde que comenzó la erupción volcánica. Con una importante acumulación de pequeños piroclastos, los riesgos asociados a estos episodios de chubascos crecen. Ante la posibilidad de que, junto al agua, se forme una masa «pastosa», crece la amenaza de obstrucción algunas de las alcantarillas.

El agua de lluvia que en otra época sería una buena nueva para los agricultores del oeste palmero, pero hoy, cuando unas coladas de lava han acabado con más de 251 hectáreas de cultivos –el 30% del total de la superficie afectada–, los preciados chubascos se transforman en una complicación más. Las culpables de este cambio tan radical no son las coladas de lava, sino las cenizas expulsadas por el volcán. Las enormes montañas de piroclastos de menos de dos milímetros de diámetro se hacen más pesadas al contacto con la lluvia, convirtiéndose en materiales que pueden desentrañar nuevos riesgos. De esta manera, las cenizas pueden acabar tupiendo las alcantarillas, desplomando tejados o, incluso, y en casos más excepcionales, generar lahares.

La Federación de Empresarios insta a los vecinos a limpiar las cenizas de aceras y calles el fin de semana

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Por el momento, con la población de la zona de exclusión evacuada y bajo la influencia de unas lluvias muy débiles, el riesgo principal al que se enfrenta la población de la isla es la obstrucción de sus alcantarillas. Así lo hizo constar la Federación de Empresarios de La Palma que, en su cuenta de Twitter instó a la ciudadanía a barrer las cenizas de «aceras y calles», ante la posibilidad de lluvias débiles y ocasionales. Y es que la ceniza, al contacto con el agua, además de adquirir peso, se transforma en una «pasta» que puede causar problemas de diversa índole en las cloacas. Según las previsiones de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), estos chubascos caerán con mayor probabilidad en la vertiente norte y este de la Isla Bonita –es decir, en el lado contrario al lugar donde se emplaza el volcán–. «Estamos finalizando el episodio protagonizado por la masa de aire sahariana y a partir de mañana [hoy para el lector] La Palma estará bajo la influencia de una masa de aire marítima», indicó David Suárez, delegado provincial de la Aemet en Canarias. Esto generará que la probabilidad de lluvia aumente, aunque como destaca, en caso de que acabe cayendo, será muy débil dado que la nubosidad proviene de la vertiente norte. Esta previsión meteorológica se prolongará durante el fin de semana. Otra posibilidad es que, debido al peso que adquieren las cenizas mezcladas con el agua, los techos de las casas puedan colapsar. De ahí que se solicite la retirada continua de estos pequeños piroclastos de los tejados de las viviendas.

Para que se produzca un lahar debe llover de manera intensa durante mucho tiempo en una zona con pendiente

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Pero la mezcla de cenizas con agua alberga más riesgos asociados. El más extremo, aunque también el menos probable en la isla, es el de los lahares. Estas estructuras se forman como consecuencia del arrastre de materiales volcánicos cuando se producen lluvias muy intensas, formando deslizamientos de materiales ladera abajo. Hay varios registros que notifican sucesos de este tipo a lo largo de la historia en la isla. Unos años después de la erupción del volcán San Juan, en 1949, un deslizamiento de cenizas en la tierra, generó nuevas pérdidas más allá de las provocadas por el propio volcán. Como narra Carmen Romero, geógrafa de la Universidad de La Laguna (ULL), pocos años después de la erupción «se recuperó el tráfico rodado en la zona», pero en estos laboriosos trabajos no se tuvieron en cuenta los efectos secundarios de las cenizas. De ahí que, con las primeras lluvias, se formaran pequeños lahares «que provocaron la pérdida de ganado y al menos ocho víctimas entre los obreros que se encontraban en la zona». Pero no hay que llevar la vista tan atrás para encontrar la ocurrencia de un fenómeno como este en La Palma. En 2009, tras un gran incendio, también se notificó la ocurrencia de un fenómeno de similares características al lahar. «En realidad fue un derby flow que bajó hasta el mar y arrasó varias plataneras», recalca el geógrafo de la Cátedra de Reducción de Riesgos de Desastres y Ciudades Resilientes de la ULL, Pedro Dorta.

En 2009, tras un gran incendio, se produjo en La Palma un deslizamiento de cenizas similar al lahar, conocido como ‘derby flow’

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Para que ocurra, sin embargo, «tiene que llover de forma intensa durante bastante tiempo», como reseña Dorta. Además, la acumulación de cenizas tendría que ser cuantiosa y la pendiente muy escarpada. Los condicionantes climáticos solo se cumplen en Los Llanos, El Paso y Tazacorte – el área de exclusión del volcán– cuando entra una borrasca suroeste. «Este tipo de fenómenos generan precipitaciones muy intensas, pero también son muy poco frecuentes», recuerda Dorta. Incluso así, si llegara ocurrir, es posible que los «efectos sean muy locales». Es decir, es probable que tan solo suceda en aquellas zonas que cumplieran con todos los requisitos.

La borrasca entrará por el norte y dejará chubascos débiles y algo de nubosidad en el este de la isla

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En todo caso, debe ser un riesgo que se tenga en cuenta en los planes de actuación ante la emergencia, pues además, podrían darse mucho después de que acabara la erupción, como sucedió en 1949. «El riesgo de que ocurra es muy bajo, pero existe, y por eso hay que elaborar planes y vigilar su ocurrencia», reseña Dorta. A estos trabajos se deben unir los de revaluación de los riesgos asociados del terreno una vez acabe la erupción pues «ha cambiado totalmente la orografía», así que se debe volver a medir el riesgo que producirán las futuras escorrentías en el nuevo terreno.

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