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Volcán de La Palma | La emergencia con nombre y apellidos

Voluntario contra el volcán de La Palma

Domingo José Hernández, coordinador de Protección Civil de Los Llanos, pasa de asistir en las procesiones a auxiliar en primera línea a los vecinos desalojados

Voluntarios de la Ong Emerlan, de Lanzarote, en La Palma La Provincia

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Voluntarios de la Ong Emerlan, de Lanzarote, en La Palma Ramón Pérez

Centenares de profesionales y voluntarios trabajan en puntos estratégicos creados con el objetivo de evitar pérdidas humanas como consecuencia de la erupción del volcán . Domingo José Hernández, coordinador de Protección Civil en Los Llanos de Aridane, ha pasado en solo cinco semanas de desfilar en procesiones a gestionar un equipo de trabajo en plena catástrofe.

Domingo José Hernández, coordinador de Protección Civil en el municipio de Los Llanos de Aridane, ha desarrollado en las últimas cinco semanas un máster en emergencias. Acostumbrado a tareas vinculadas con la regulación de tráfico, el acompañamiento a los agentes de la Policía Local o la asistencia a procesiones, ahora él y sus compañeros están al pie del cañón auxiliando a la población castigada por los devastadores efectos del volcán palmero.

«Están siendo unos días muy intensos, pero agradecemos que la gente quiera ayudar», comenta

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Desde el pasado 19 de septiembre tienen una actividad frenética; incluso antes de la erupción, ya participaron en unas jornadas de formación. A pesar de ser personal voluntario, que combina la prestación de estos servicios a la sociedad con sus trabajos, forman parte del operativo de la emergencia cambiando los dispositivos disuasorios o preventivos, «así los llamamos habitualmente», dice Domingo José, por estar prácticamente en la última línea de las zonas de exclusión, colaborando codo con codo con las Fuerzas de Orden Público en servicios de seguridad y regulación del tráfico.

El responsable de Protección Civil en Los Llanos de Aridane destaca que habitualmente sus actuaciones no están orientadas a las emergencias, pero en esta ocasión han tenido que cambiar las carreras de caballos, eventos deportivos, procesiones, conciertos y su presencia en la actividad cultural y social de los barrios del municipio por una catástrofe «cuyas dimensiones están aún por determinar».

Para Hernández, esa actividad «es bonita», porque no dejan de ser vecinos del municipio que ayudan a que la vida siga fluyendo en sus barrios, y en el que los 25 miembros del grupo de voluntariado se vuelcan. Pero ahora ha cambiado ese rol. Como responsable de la organización, ha tenido que reajustar la participación habitual de sus compañeros, asignando turnos que les permitan compaginar su habitual trabajo con la prestación de estos servicios de emergencia.

Lo peor «es ver cómo tus vecinos lo pierden todo», recalca. Ellos, con sus uniformes naranja fluorescente, estuvieron desde el primer momento ayudando en los desalojos de los vecinos que ya en la fatídica noche del 19 de septiembre lo perdieron todo en las cercanías del barrio de Las Manchas: una decena de efectivos con base en la plaza de La Glorieta comenzaron en aquel instante a auxiliar a los residentes de las zonas evacuadas.

Pero a pesar de su carácter voluntario, también fueron precavidos. Hernández destaca que jornadas previas a la erupción ya habían preparado sus vehículos con sistemas de megafonía y una grabación de alertas a los vecinos para darles indicaciones.

A partir de ese momento ha venido un trabajo incansable coordinado con Guardia Civil, Policía Autonómica y Policía Nacional, con personal en todos los puntos de acceso, permitiendo con su conocimiento del terreno dar la mejor información a los evacuados, ayudando a las familias a sacar los enseres de sus domicilios y también participando de las labores de avituallamiento de los efectivos.

Esas evacuaciones son calificadas por Hernández como los momentos más difíciles de la emergencia. «Hemos tenido que ayudar a sacar cabras y otros animales, cargar muebles, trasladar a madres con sus niños». Lo peor, según él, es que toda esa gente es conocida. Incluso, pone de relieve que han tenido que acompañar a vecinos para que pudiera recibir sus dosis de insulina porque las habían dejado en sus domicilios, y estos ya no existían. «Son unos momentos muy duros», subraya.

Y es que Domingo José nació en Todoque. Allí «todos nos conocemos por el nombre o por el apodo» y ahora, «por desgracia» ya no cuenta con los sitios «emblemáticos» como la plaza, el colegio o la farmacia. «Yo nací y me crié ahí, estudié en el colegio que desapareció, comía en el restaurante...», se lamenta. Ahora, «todos los días me levanto diciendo que no voy a llorar», misión casi imposible. «Llega el momento en el que se te caen las lágrimas y no puedes más», destaca emocionado, porque señala que «hay personas que han muerto en vida, aunque no hayan fallecido», porque el hecho de haberlo perdido todo, incluido sus recuerdos y sus vivencias, hace que «su historia ya no exista».

La labor de este voluntario permite también gestionar la llegada de otros colectivos como el suyo. Así, mientras mantiene esta conversación no cesa de sonar su teléfono con llamadas de voluntarios de toda la geografía nacional, mostrando no solo su solidaridad, también confirmando la intención de llegar a La Palma para ayudar en esta importante labor de apoyo a la emergencia. «Están siendo días muy intensos», pero esas llamadas generan en el voluntariado la satisfacción del trabajo bien hecho y también la oportunidad de poder contar con personal de refresco para poder descansar.

Domingo José destaca que «aún queda mucho trabajo por hacer», pero quiere adelantar su eterna gratitud a todas las organizaciones, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, bomberos y administraciones públicas que se han volcado con la atención a sus vecinos.

Igualmente, al Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane y los técnicos de seguridad, que dice le han mostrado todo su apoyo y le han ayudado «a seguir adelante». Porque «no es solo Domingo José», añade, «hay mucha más gente que necesita también mucho apoyo para para seguir adelante».

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