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Volcán de La Palma | Los servicios de emergencias

Diario de un bombero en el volcán de La Palma

Los efectivos del Consorcio Insular de Emergencias de Gran Canaria hacen región desde el día 19 de septiembre con rotaciones permanentes a La Palma

Bomberos de Gran Canaria dejan agua y azúcar a abejas afectadas por el volcán en La Palma

Bomberos de Gran Canaria dejan agua y azúcar a abejas afectadas por el volcán en La Palma La Provincia

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Bomberos de Gran Canaria dejan agua y azúcar a abejas afectadas por el volcán en La Palma Juanjo Jiménez

Camino Pino Santiago, en Los Llanos de Aridane. Un grupo de bomberos del Consorcio de Emergencias de Gran Canaria termina el día de trabajo en la isla de La Palma. Piden una ronda de cervezas. Una mesa de clientes, paga el entrante. Luego piden una botella de vino. Otra mesa se hace cargo de la cuenta. «Y llegan los postres, y ahora resulta que es el propietario el que invita».

La movilización es comparable a las inundaciones europeas o el terremoto de Italia

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Ismael Llarena es sargento del Consorcio, con 18 años de experiencia en momentos muy difíciles ligados a su trabajo, y la anécdota del restaurante San Petronio, entre otras muchas del mismo calado, le sirve para ilustrar otro fenómeno tan asombroso como el de las propias coladas que bajan de Cumbre Vieja a costa. «Los palmeros», valora, «son unos isleños dignos de estudio, por ser unas personas tan educadas y con tal saber estar en unas condiciones tan dramáticas como estas que sorprenden por esa tranquilidad y paciencia con la que afrontan la realidad, sin protagonizar en todas estas semanas ni un solo altercado, ahí estén horas en una cola o despidiéndose con una caricia a la puerta de la casa que saben que van a perder en unas horas, con dolor, sí , pero sin emitir ni una sola queja».

Momento del vaciado de combustible de la gasolinera de La Laguna. | | LP/DLP

Una realidad de más de 6.000 evacuados, con cientos de hectáreas perdidas, con más de mil infraestructuras enterradas, y que suponen, también para los equipos de emergencia, un reto como ningún otro en el que estos efectivos también, como los propios palmeros, muestran de qué pasta están hechos.

El sargento Llarena destaca esa misma integridad entre los suyos, «un personal que está muy por encima de las expectativas», defiende, «y que ya quedó claro desde que me tocó ir por primera vez, porque nunca me han preguntado dónde comer, dónde quedarse a dormir, si tienen ropa limpia o si hoy se cena. Es más, siempre van con una sonrisa en la cara, e incluso se enfadan conmigo cuando no tenemos nada que hacer simplemente porque no podemos, porque está bloqueado una acceso o porque por la propia fuerza del volcán nos obligan a evacuar».

Los efectivos destacan el talante de los palmeros, que consideran «digno de estudio»

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Desde que el día 19 de septiembre se abriera el mundo por Cumbre Vieja los bomberos de todas las islas se han ido turnando para socorrer cada cuatro días a la isla bonita, con unos cuadrantes de ámbito regional que implican en la práctica el desplazamiento de dos parques por periodo, con la concurrencia en la pasada semana, desde el día 22 al 26, de un sargento, tres cabos y seis bomberos de diferentes parques de Gran Canaria que se unen a otros tanto de Tenerife y los que se encuentran destacados en La Palma.

Ni en los grandes incendios

La semana entrante es el turno de Lanzarote, Fuerteventura y los adscritos al municipio de Las Palmas de Gran Canaria. Gracias a estas rotaciones, los efectivos pueden permanecer en sus propios parques durante dos semanas antes de volver a cubrir las necesidades que genera el volcán.

A la espera, frente al cono volcánico. | | LP/DLP

Es un dispositivo unificado con los recursos de siete islas que responde a una catástrofe que, en términos de movilización de personal y material, no tiene precedentes en Canarias, ya que lo más parecido hasta la fecha en el archipiélago se remonta a la asistencia puntual en grandes incendios forestales, y por lo tanto con un tiempo muy limitado de actuación, que es generalmente de cuatro o cinco días de duración hasta que se logra extinguir el fuego.

No es raro el día en el que tras pedir consumición en los restaurantes tengan la cuenta pagada

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Así que para dar cuenta de la dimensión de lo que ha ocasionado el volcán de La Palma en términos de grandes emergencias similares dentro de Europa, habría que recurrir, como sugiere Llanera, a las grandes inundaciones de Alemania, Francia, Italia o Gran Bretaña, o el terremoto de Lorca de mayo de 2011 en Murcia, o el que también se vivió Italia central en agosto de 2016.

El día a día

Esta coordinación necesaria para afrontar unos «efectos tan grandes es tremendamente compleja, ya que requieren reuniones de todas las jefaturas durante un largo periodo de tiempo para dar cobertura tanto a esta emergencia como a las guardias y posibles incidencias en el lugar de origen que son responsabilidad de nuestros propios parques”.

El día a día en la isla de La Palma es una montaña rusa con picos de actividad frenética y desesperantes vaguadas en las que las condiciones del propio volcán y de los daños que causa los mantiene en vilo a la espera.

El sargento del Consorcio grancanario los detalla casi al minuto, en el plazo temporal que ocupa desde los pasados días 22 al 26 de octubre. Casi todos los que ocupan su turno ya han estado en la isla bonita tres o cuatro veces desde que comenzara la crisis el 19 de septiembre, e ilustra que el primer día que llegan a la isla un nuevo turno se hace el preceptivo relevo del equipo saliente, «y vemos las zonas dónde tenemos que actuar a la vez nos indican el trabajo ya realizado” para tener una visión general del terreno y sus necesidades.

Así, la primera jornada tuvieron que ejecutar la limpieza del Hospital General de La Palma, ubicado bastante lejos del cono volcánico, en Breña Alta, en la otra banda de la isla, pero que recibe grandes cantidades de ceniza que obligan a despejar los techos interiores del inmueble ante la posibilidad de unas lluvias, que luego llegaron, que pudieran colapsar las canaletas y desagües.

El dispositivo de las siete islas para afrontar la crisis no tiene precedentes en el archipiélago

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Un día a justas, ese 22 de octubre, que termina las ocho de la noche en el albergue de El Riachuelo, ubicado en la Caldera de Taburiente, donde tras una cena, un breafing para analizar lo hecho durante la jornada y cargar linternas y otros equipos, descansan.

El segundo día continúa el zafarrancho desde las ocho de la mañana para, media hora después, desplegarse en dos equipos. Una unidad de tres efectivos para vigilar el entorno de la colada norte junto con compañeros de La Palma haciendo acompañamientos a las familias que se acercan a atender sus viviendas, y otra unidad con los siete miembros restantes destinados a la del sur, junto a bomberos de Tenerife, limpiando casas e infraestructuras, hasta que a las seis de la tarde el Pevolca ordenó evacuar toda la zona. Un momento de cierta tensión, ya que un derrumbe por culpa de los continuos terremotos «nos dejó atrapados en Las Manchas, lo que nos obligó a recurrir a un geólogo, dado que había una gran piedra que amenazaba con caer a la carretera, para que nos diera la conformidad de paso, algo que ocurrió dos horas después».

Dos efectivos grancanarios en un mar de cenizas. | | LP/DLP

Pero no acabaría ahí el día, porque los efectivos grancanarios que se encontraban en la zona de Tacande, muy próximos a la colada, reciben la indicación de dos sismólogos situados en esos momentos en la zona de Cabeza de Vaca que en lugar habían detectado la presencia de dos personas sin identificar y sin equipos de protección individual, de forma que informan al Puesto de Mando Avanzado y a las nueve y media de la noche comienza una búsqueda junto con la Policía Autonómica Canaria, que a su vez da cuenta a miembros de la Guardia Civil desplazados en la zona alta. Entre todos inician un rastreo, incluso con equipos de drones para tratar de localizarlos. Pero sin éxito.

Cada cuatro días va a la isla bonita el equivalente a dos parques del Consorcio

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Según detalla Ismael Llanera, estas incursiones que se saltan los perímetros establecidos y que, por tanto son ilegales, son más habituales de lo que se cree: «se adentran en la zona de exclusión aprovechando los numerosos espacios por los que se puede pasar y comprometen a los equipos de emergencia en una búsqueda que nunca se tenía que haber producido», al punto que ya se trata de la tercera intervención de este tipo «que hemos hecho a lo largo de este mes y medio».

El tercer día lo califica el sargento de «poco productivo», un calificativo que indica una de las jornadas que peor llevan, por lo que supone de impotencia y de espera por un lado, pero que también denota una normalidad entre muchas comillas dentro de la situación de catástrofe y en la que la población se encuentra evacuada, protegida y sin emergencias perentorias que atender.

El plan de la nueva jornada era el de volver a trabajar en Las Manchas, «pero justo cuando llegamos a las diez y media de la mañana, se nos dijo que no podíamos trabajar en la zona, y nos limitamos a entrar en reconocimiento con los bomberos de Tenerife, que fue el lugar donde pudimos atender a un vehículo del Instituto Geológico Nacional que se había quedado sin baterías y al que ayudamos. Así fue cuando dimos el día por terminado”.

La vuelta a Gran Canaria ya es casi una rutina, la de coger el barco de las siete de la mañana vía Tenerife, enlazar con el de Agaete, subir a la guagua que les espera en la villa grancanaria y regresar a sus respectivos parques, en un calendario que, a nivel de Emergencias, está construyendo región, haciendo de Canarias un solo parque en el que los esfuerzos para sacar a unos isleños adelante no entienden de isla de origen.

Las tres fases de la gasolinera

El último turno de los bomberos del Consorcio de Emergencias de Gran Canaria tuvo que bregar con sus compañeros de la isla de La Palma, con la preparación de la gasolinera de La Laguna que, junto con un supermercado y el campo de fútbol fueron engullidas por las coladas 8 y 10 del volcán. Los efectivos grancanarios participaron en el vaciado del combustible de una primera fase, acompañando a la cisterna que se desplazó al lugar para llevarlo a cabo. Luego procedieron al llenado de agua de los depósitos, con el fin de eliminar todos los gases residuales así como los restos de los propios combustibles, para finalmente vaciar de nuevo los depósitos ya que si quedaban agua podría producir fuertes explosiones. Poco después de estos trabajos, quedaba totalmente sepultada. | LP/DLP

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