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Volcán de La Palma

El pinar del sur de La Palma se resiente por la erupción del volcán

Los científicos comprueban que el 90% de los pinos del sur de la isla se están volviendo amarillos por los gases tóxicos

Toneladas de cenizas cubren las coladas del volcán de San Juan de 1949 en La Palma Manuel Nogales | @IPNA_CSIC

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Toneladas de cenizas cubren las coladas del volcán de San Juan de 1949 en La Palma Verónica Pavés

El pinar del sur de La Palma se está tiñendo de amarillo. En una época en la que la seña de identidad natural de la Isla debería recuperar el imponente color verde de sus acículas y llenar la tierra de sus piñas, se están marchitando. Lo hacen por segunda vez este año. La primera sucedió de manera natural en verano y ahora, en otoño, cuando deberían estar recuperándose, el efecto del volcán lo impide.

Sin embargo, no es el fuego incandescente que emana del cono a borbotones en forma de lava lo que está causando esta destrucción del ecosistema. No al menos en ese lugar, bastante alejado de la erupción –a unos 5 kilómetros –. Los que están provocando la degeneración de la pinocha son los gases tóxicos que expulsa el volcán sin cesar. En la última semana, los niveles de dióxido de azufre expulsados en el penacho volcánico han variado entre las 20.000 y 14.000 toneladas diarias, con una tendencia descendente en los últimos días, en la que la cifra más baja registrada ha sido de 7.700 toneladas el pasado domingo. En lo que se refiere al dióxido de carbono, el volcán está emitiendo unas 1.450 toneladas diarias, que se mantiene en alza.

«El pinar está yendo para atrás», asegura el director del Instituto de Productos Naturales y Agrobiología (IPNA-CSIC), Manuel Nogales. Sus palabras quedan silenciadas entre los aullidos constantes del volcán. Tan ahogadas como los propios pinos, que al intentar ‘respirar’ se encuentran con una atmósfera viciada. «Estos árboles no están haciendo bien la fotosíntesis», incide Nogales. Y es que al intentar hacer su habitual intercambio de gases, vital para su supervivencia, se están encontrando con nuevos «aerosoles ácidos» que lo impiden.

Una última amagante del pinar (Cistus symphytifolius) entre los pinos amarillos del sur de La Palma. | | LP/DLP Verónica Pavés

«Con este aspecto volverán a perder las acículas, se está deteriorando por días», advierte el investigador. Según lo que ha podido observar en sus campañas diarias a la zona de exclusión y a este pinar, en el que no ha incidido la lava directamente, el 90% de la extensión está afectada. «Y los pocos árboles que quedan verdes en cuestión de días también se resentirá», advierte Nogales. Los investigadores ya se han obtenido varias muestras de la acícula de estos árboles para estudiar con más detalle en laboratorio las causas de esta degradación del pinar palmero.

Pese al desastre ecológico que la erupción está causando indirectamente en esta zona de La Palma, los expertos esperan que, como se ha demostrado en los grandes incendios que ha sufrido Canarias, los pinos sean resilientes. La característica que hace a estos pinos especiales frente a otros es su capacidad para rebrotar del tronco quemado, de un tocón o de cepa. De hecho, se considera que es el árbol mejor adaptado a vivir en un ecosistema volcánico o a rebrotar tras un incendio de los que tenemos en la geografía nacional. No es la única especie capaz de hacerlo, también hay pinos tienen esta característica en ambientes subtropicales de México y EEUU (Pinus leiophylla y P. echinata) y Pinus rigida, especie típica de arenales costeros de EEUU.

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