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Volcán de La Palma | La ciencia busca respuestas

Una capa de flúor, cloro y azufre recubre las cenizas del volcán de La Palma

La composición química que se encuentra en estos piroclastos tiene relación con los cambios en el proceso eruptivo en La Palma

Así ruge el volcán de La Palma

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Así ruge el volcán de La Palma Verónica Pavés

Los gases tóxicos que emanan del volcán, como el azufre, el cloro o el flúor, son capaces de recubrir las cenizas y viajar con ellos a varios kilómetros de distancia. Cuando salen precipitados desde la columna eruptiva, lo hacen con una fina capa de agua mezclada con gases que se adhiere a ellos durante al menos un kilómetro de viaje.

«Cuando los gases interaccionan con la ceniza se convierten en aerosoles», explica Pedro Castañeiras, geólogo químico de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Esos aerosoles son pequeñas gotículas capaces de «pegarse» a los piroclastos debido «a la fuerza electroestática». La composición en gases habitual de los piroclastos es de entre un 30 y un 40% del azufre y un 10 y 20% del cloruro, como explica Pedro Castañeiras. En las cenizas de La Palma, el resto es flúor. «Que sea el más abundante no son buenas noticias; el flúor es tóxico», recuerda el geoquímico.

El azufre representa entre el 30 y el 40% de los gases tóxicos que se adhieren a las cenizas

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Y es que este gas es capaz de permanecer mucho más tiempo que los otros dos adosado a la ceniza pues cuenta con su propio mecanismos de supervivencia. «El flúor reacciona con el hidrógeno formando ácido clorhídrico, que es corrosivo», incide el investigador. Con este poder, el flúor es capaz de hacer microscópicos «huecos» en la roca ígnea donde alojarse y permanecer durante mucho tiempo «resguardado» .

A largo plazo, en otras erupciones alrededor del mundo, las cenizas tan ricas en flúor han provocado daños en la ganadería. En Islandia las cenizas se quedaron sobre los pastos con los que daban de comer a las cabras. «Se enfermaron», afirma el investigador. Lo hicieron por fluorosis, una patología que afecta gravemente a los dientes. En el caso de La Palma, como la ganadería no es tan importante, puede que la afectación sea mínima, aunque sí se recomienda limpiar el forraje antes de ofrecerlo al ganado.

En todo caso, que los niveles de flúor en las cenizas sean tan elevados no quiere decir que en la columna también lo sean. De hecho, es todo lo contrario. «No es que haya tanto flúor en la columna, pero es el gas que mejor se adhiere a la ceniza y por tanto, el que permanece durante más tiempo adherido a ella», remarca el investigador.

Con esta composición química, las cenizas también pueden hacer daño a los cultivos. «Se está percibiendo ya una afección a las hojas, las ramas y los árboles de aguacate y no es por que no puedan hacer bien la fotosíntesis», incide Castañeiras. Según el científico, lo más probable es que estos cultivos se están viendo afectados por «algún componente químico que se encuentra en las cenizas».

El ácido fluorhídrico puede causar problemas en las dentaduras del ganado

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Los químicos contenidos en las cenizas también pueden chivar a los investigadores de dónde procede la lava y en qué estado eruptivo se encuentra el volcán. Los gases fundamentales para esta tarea son el azufre y el cloro. Así, como explica Castañeiras, «cuando hay más azufre que cloro en la ceniza, nos indica que los materiales expulsados por el volcán son de origen magmático». Si por el contrario, los niveles de cloro y azufre son muy similares, se estará hablando de que la erupción es de origen freatomagmático, es decir, ha surgido de la interacción entre el agua y el magma.

Pero los gases tan solo representan la cara externa de las cenizas. En su interior, las cenizas están formadas por minerales, óxidos y cristales. El Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan), que ha estudiado a microscopio una pequeña lámina de ceniza, pudo comprobar que estaba formada por clinopiroxeno con agujas de apatita, óxidos de hierro y titanio, y algunas burbujas atrapadas. «Esta es la composición habitual de las tefritas, un tipo de roca basáltica», explica Castañeira. Por un lado, la apatita –o apatito– está formada por fosfato y calcio, el mismo material del que están construidos nuestros huesos. Los óxidos de hierro y titanio componen los minerales típicos de las tefritas. Por último, en las cenizas se pueden encontrar burbujas. «Cuando el material ígneo se enfría rápidamente puede capturar las burbujas que surgen debido a los gases que se encuentran disueltos en el magma», reseña el investigador.

Además de la composición de las cenizas, también es relevante conocer la de la lava. Como reseñó el director de la Fundación Telesforo Bravo, Jaime Coello, en una entrevista a Canarias Radio, en un primer momento, la lava que emitía en volcán provenía «de un magma evolucionado tefrita con piroxenos, que había permanecido mucho tiempo en ese reservorio». Este magma fue el que empujó las primeras coladas de lava que se podían ver mucho más densas y que, de hecho, debido a su enorme viscosidad, permanecieron varios días paradas. En el periodo actual de la erupción, «lo que sale es una roca cristalina rica en olivino, que proviene de un magma no tan evolucionado». Esto ha llamado la atención de los investigadores, pues rompe totalmente con la evolución natural de las erupciones volcánicas en La Palma.

Durante décadas, se ha considerado que conocer de qué está formada la lava es un indicador más –junto al tremor, los gases y la sismicidad– para definir si una erupción volcánica está cerca de su final. En teoría, los cristales contenidos en la lava y los piroclastos son distintos dependiendo de si provienen de una capa más o menos superficial del magma que se encuentra a gran profundidad. A entre 30 y 40 kilómetros, se establece y va formando el magma durante cientos o miles de años, como si de una gran piscina se tratara. «Cuando el magma se estanca pierde calor y es entonces cuando se empiezan a formar cristales», reseña el investigador de la UCM. Pero no todos esos cristales se instalan en el mismo lugar. El olivino es el más denso de todos, y suele ser el que se hunde más rápido en el magma, quedando en lo que sería el fondo de la piscina. En lado opuesto se encuentran el quiropiroxeno y el anfibol, unos cristales que pesan mucho menos, así que se quedan en la superficie. Cuando el volcán entra en erupción, son los primeros en emerger. Los últimos son los olivinos, por eso se considera un indicio del final de la erupción. Sin embargo, en este caso y por el momento, no salida no representa cambio alguno.

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