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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Religión

La “crisis del cepillo” causa estragos en las parroquias: “No podemos hacer obras”

“La asistencia a misa no se ha recuperado: la gente aún tiene miedo, sobre todo las personas mayores”, coinciden varios sacerdotes

Una misa en la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús.

La “crisis del cepillo”, el descenso radical de las aportaciones de los fieles a consecuencia de la pandemia, causa estragos en las parroquias ovetenses. Los sacerdotes aseguran que la reducción de los ingresos solo se ha mitigado en parte pese al levantamiento de las restricciones sanitarias, lo que ha bloqueado toda obra no esencial en los templos. “La gente tiene miedo, sobre todo las personas mayores”, coinciden en analizar los párrocos consultados por LA NUEVA ESPAÑA, diario perteneciente al mismo grupo editorial que este medio, que destacan, no obstante, que las aportaciones a Cáritas Parroquial se han visto menos mermadas que el resto de colectas y donaciones. En tiempos de necesidad, los fieles han optado por concentrar sus esfuerzos en ayudar a los que más sufren.

El impacto de la pandemia sobre las cuentas de la Archidiócesis de Oviedo, tal y como avanzó este lunes en exclusiva el citado periódico, se tradujo en una reducción de los ingresos cifrada en millón y medio respecto al año 2019. Entre las partidas que más disminuyeron están las aportaciones de los fieles, que pasaron de 3,72 a 3,45 millones de euros, mientras que las colectas disminuyeron en un 44%, hasta quedar reducidas a 87.103 euros. Pero ni siquiera ahora, con la vacunación ampliamente extendida y las restricciones sanitarias reducidas al mínimo, las parroquias ovetenses han recuperado las cifras de antes de la pandemia.

“Realmente, ha sido una experiencia muy dura. Tuvimos las iglesias cerradas varios meses, y eso se notó en las colectas y en el cepillo. Al final del año, en nuestro caso, la reducción se situaba en torno al 60%”, relata Javier Suárez, rector de la basílica de San Juan el Real.

En el caso de la “catedral del Ensanche”, esta reducción de las aportaciones obligó a la parroquia a paralizar las obras que se estaban realizando en el templo. “Tuvimos que marcar prioridades. Ya hemos hecho lo más urgente: las obras en el cimborrio y la cúpula, y la rehabilitación de dos ángeles y una vidriera. Fue una inversión de 800.000 euros pero había que acometerla, porque ya era hasta peligroso, podía caer un cascote encima de un viandante. Ahora lo que nos falta por hacer es una obra más costosa, de unos dos millones, que incluye la rehabilitación de las vidrieras. Pero está todo parado: lo fundamental es mantener la aportación a Cáritas y ayudar a la gente. Lo primero son las personas”, sostiene Suárez.

Juan José Tuñón, párroco de San Francisco de Asís, conocida como “la iglesia redonda”, constata que los ingresos de las parroquias han sufrido “un descenso significativo”, y confirma que desde que empezó la pandemia “no hemos abordado ningún tipo de obra extraordinaria, aunque sea de mantenimiento”. En los últimos meses, aunque constata un “repunte” en la asistencia a misas, Tuñón señala que la afluencia no alcanza aún las cotas de antes de la pandemia: “Hay muchas personas mayores a las que esta situación les ha influido notablemente y tienen miedo. Hay cierta prevención y, lógicamente, esto se nota”.

Alberto Reigada, párroco de San Francisco Javier, en La Tenderina, también constata esta renuencia a retornar a los oficios presenciales entre una parte importante de los fieles. “La principal fuente de recursos de una parroquia es a través de las colectas y los donativos. Al no haber celebraciones, ese recurso se quedó a cero, o en muy poco. Hubo gente que siguió dando donativos, mensuales o trimestrales, porque está suscritos y lo hacen a través de una transferencia. Pero la mayor parte de la gente, sobre todo las personas mayores, no lo hace así, prefiere traerlo en mano”, explica Reigada. El párroco de La Tenderina señala además que la suspensión de ciertos ceremoniales durante la pandemia, caso de las bodas o los funerales, también ha mermado la capacidad de generar ingresos en las parroquias. “Ahora estamos celebrando misas de aniversario de gente que no pudo hacer un funeral por las restricciones sanitarias”, afirma el sacerdote.

Aunque la situación ha mejorado, los ingresos de las colectas están aún muy por debajo de lo que se registraba antes de la pandemia. “Tenemos algunas colectas que persisten, que siguen siendo muy importantes. Son las de Cáritas, el primer domingo de mes, y las de Manos Unidas y el Domund. En esas puedes recoger el triple o cuatro veces más que en una colecta normal”, señala Reigada. “El voluntario que lo lleva dice que estamos teniendo este invierno la colecta que había antes en verano”, añade Reigada, que celebra el hecho de que las obras de ampliación de la iglesia de San Francisco Javier, que costaron un millón de euros, se completasen antes de la pandemia, aunque la parroquia aún está pagando los préstamos.

Los datos


  • Ingresos. La archidiócesis de Oviedo vio reducidos sus ingresos, en el año de la pandemia, en millón y medio de euros respecto al año anterior, pasando de 12,3 a 10,8 millones. 
  • Colectas. Las aportaciones de los fieles se redujeron en más de un cuarto de millón de euros en 2020, pasando de 3,72 a 3,45 millones. Las colectas, una fuente fundamental para las parroquias, se redujeron un 44%. Esto provocó la paralización de toda obra no esencial en los templos.

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