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Crisis volcánica | Las nuevas rutinas

Espacios de juegos contra el volcán de La Palma

La educadora Oihane Angulo pone en marcha un proyecto de apoyo a las familias y menores afectados | También participa en la iniciativa lúdica ‘Salidas al norte’

Un grupo de niños y niñas en una de las ‘Salidas al Norte’, en Las Tricias, Garafía. La Provincia

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Un grupo de niños y niñas en una de las ‘Salidas al Norte’, en Las Tricias, Garafía. Nora Navarro

Una de las voces más silenciadas entre los rugidos y tremores de Cumbre Vieja es la de la infancia. Cientos de niños y de niñas se despiertan desde hace dos meses en otras casas lejos de sus casas, sin sus vecinos, juguetes y ventanas a las estrellas, mientras intentan desentrañar el sentido de que la tierra se rompa y llene el paraíso de ruidos y cenizas.

Las familias palmeras arrostran los embates del volcán entre miedos y preguntas que se tragan cada día para mantener el equilibrio en la incertidumbre, aunque las continuas suspensiones de las clases en los municipios dañados, las terribles condiciones atmosféricas y las dificultades para adaptarse a lo insólito son como pequeños desprendimientos en el alma.

La educadora Oihane Angulo, de 34 años, lo identificó desde que las coladas empezaron a abrasar las calles donde solíamos jugar. Y desde su vocación social y de apoyo abrió un espacio de acompañamiento a las familias en Los Llanos de Aridane, inspirada por los equipos de Pedagogía de Emergencia que recalaron durante las primeras semanas de erupción en la isla.

«La idea principal es que, dentro de este caos e incertidumbre que estamos viviendo, podamos ofrecer un espacio seguro de calma, de tranquilidad y de juego, tanto a los niños como a las familias», explica la educadora, nacida en el País Vasco pero establecida desde hace años en La Palma. «Yo lo enfoco como un acompañamiento a los niños y las niñas desde el juego, siempre un poco espontáneo, y también como acompañamiento a las familias, que atraviesan muchos momentos de desbordamiento».

Sobrecarga

Las sesiones se celebran cada martes y se dividen en grupos por edades: bebés no caminantes, de un año y medio a cuatro años, y de cuatro años en adelante. Aunque el proyecto aún no ha cumplido un mes de recorrido, «ya han venido bastantes familias», apunta Oihane, «aunque los cupos son reducidos, que es lo que requiere un ambiente de paz y de calma».

«Por el momento, lo que hemos visto en los niños es mucho apego y que, en muchos casos, las mamás y papás están algo sobrecargados por la situación», indica. «Ellos hablan de inseguridad, de miedo, que es lo que se palpa, en general, en el ambiente de la isla; pero en los mamás y papás, esas emociones están aún más a flor de piel».

En este sentido, la educadora señala que «a veces, es difícil poder atenderles bien cuando tú también necesitas un autocuidado y un espacio de asimilación». Así, «la pauta que suelo transmitirles es que es muy importante el autocuidado porque, para cuidar a otros, primero tienes que cuidarte tú y sentirte estable. Es lo que yo defino siempre como nutrición emocional».

La misma Oihane manifiesta que «yo también me tengo que cuidar para poder estar» y es que la educadora se mudó a Tacande, en El Paso, el pasado verano, tras varios años en la isla bonita, y ahora ha tenido que desplazarse a un alojamiento temporal en Puntagorda. «Sostener, escuchar sus historias, conmueve un montón, pero creo que la escucha también es una manera de estar para el otro», subraya.

Asimismo, Oihane también participa en la iniciativa Salidas al norte impulsada hace un mes a través del Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane, y dirigida a alumnos y alumnas de las escuelas afectadas del Valle, como las de Todoque y La Laguna. Se trata de un programa de excursiones organizadas con el alumnado a Las Tricias, en Garafía, cada sábado para celebrar actividades creativas y lúdicas al aire libre, desde dibujos y graffiti colectivos hasta configuraciones con cartón o juegos a la comba. «Partimos de lo sencillo, y vemos que funciona», apunta Oihane.

«El objetivo es sacar a los niños y niñas del contexto del volcán y de las casas, porque muchos están desplazados, así que es una manera de sacarles de ahí, que no escuchen el volcán y que no tengan las cenizas tan presentes», explica.

«Además, estas escapadas les permiten estar con sus compañeros, que ahora mismo no se están viendo tanto, y que vuelvan a jugar. Muchos nos verbalizan que añoraban el juego, porque estos meses apenas pasan tiempo en la calle», destaca esta trabajadora por los sitios perdidos de nuestro recreo.

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