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Crisis volcánica | La solidaridad a flor de piel de la familia que acoge a ‘niños del mar’

El volcán de La Palma sepulta la peluquería de una familia que acoge a niños migrantes

Un matrimonio palmero da cobijo a menores llegados a las Islas en pateras

Mario Martín , Caroli Pérez y sus dos hijos. con Aicha, de seis años, en La Palma.

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Mario Martín , Caroli Pérez y sus dos hijos. con Aicha, de seis años, en La Palma. Flora Marimón

Una familia palmera ha acogido ya a tres niños que han llegado en patera a las Islas. Mientras cuidaba a Zahara, una pequeña de Costa de Marfil, la lava sepultó en Todoque la peluquería de Caroli.

Ibrahim, de tres años, llegó solo en una patera. Su madre, de Costa de Marfil, se recorrió medio África con el pequeño a cuestas hasta arribar a Marruecos, con el sueño de embarcar y cruzar a Europa en busca de un futuro mejor. Pero la ilusión se truncó. Al llegar a Marruecos le dijeron que no tenía suficiente dinero para pagar dos pasajes, así que le dieron a elegir: o tu hijo o tú. Una decisión tan dolorosa como inhumana que, por necesidad, afrontó. Había oído que a los niños los cuidaban nada más llegar a Canarias, así que dio a su pequeño a un ocupante de la embarcación.

Es inimaginable lo que debió sentir ese pequeño al verse con desconocidos en medio del mar y sin el calor de los brazos de su madre. Y más aún el dolor de esa mujer al desprenderse de su hijo sin saber qué sería de él. El niño está bien. Llegó a Tenerife y pasó a ser tutelado por el Gobierno de Canarias. A los pocos días, la madre pudo ponerse en contacto con las autoridades isleñas y les contó su situación: está en Marruecos a la espera de conseguir dinero para comprar un hueco en una patera. Así de triste y cruel es la realidad de la migración. Mientras tanto, Ibrahim va recuperando su sonrisa con el cariño que recibe de Mario Martín, Caroli Pérez, y sus dos hijos de 9 y 14 años, Raúl y Mario, una familia que vive en Las Breñas, en La Palma, y que forman parte del programa de acogimiento que desarrolla la Consejería de Derechos Sociales. Ibrahim es el tercer niño al que da cobijo esta familia que solo merece elogios.

La peluquera Caroli, en su nueva peluquería en Los Cancajos, con Ibrahim, de Costa de Marfil. | | LP/DLP

Mario Martín trabaja con los camiones de Disa repartiendo gasolina en la Isla, y Caroli Pérez regentaba su peluquería en Todoque, barrio en el que creció. Tras explotar el volcán, la lava se llevó todo por delante, su negocio y la casa de sus padres, de su infancia. Cuando decidieron acoger a niños que necesitaran un hogar ni se imaginaban que iba a estallar el volcán.

Con el derrumbe del cono norte, el volcán arrasa con lo que quedaba de Todoque Vídeo: Agencia ATLAS | Foto: Reuters

Todo empezó cuando una madre del colegio donde estudian sus hijos les comentó que existía el programa canario de acogimiento familiar. No se trata de una adopción sino de que un menor con una situación de desamparo conviva con una familia el tiempo que sea necesario hasta que pueda volver a su entorno. La idea les gustó y decidieron probar: pasaron las entrevistas, hicieron un curso formativo y quedaron registrados como una familia idónea para acoger a un menor. Este programa no diferencia que sean niños canarios o menores no acompañados llegados en pateras o cayucos. Los responsables del programa se pusieron en contacto con ellos el pasado septiembre y les dijeron que tenían a una niña que podía cuadrar en su familia, les explicaron sus características y de dónde venía. Y así llegó Aicha a sus vidas, una pequeña de Guinea que cumplió seis años en Canarias con ellos. «Es una niña muy especial muy entrañable y se integró perfectamente; en el colegio todos tenían que ver con ella y en tres meses hablaba perfectamente español», evoca emocionado Mario. Aicha arribó en una patera a Gran Canaria con su tía, pero al no tener documentación no se podía demostrar si era o no su familiar. La madre había fallecido y su tía se hizo cargo de ella, y decidió jugarse la vida cruzando el océano para encontrar un futuro mejor. Como la gran mayoría de los migrantes, tenían familiares en Europa, en este caso en Francia.

A la espera de las pruebas de ADN, el programa de acogimiento buscó a una familia y los llamaron. Aciha fue un rayo de luz en sus vidas y se adaptó a la perfección con ellos y con sus hijos, sobre todo con el pequeño Raúl, de 9 años. Era como si fueran hermanos. La familia vive en una casa terrera y la niña disfrutaba del ambiente del hogar. Sobre el viaje en la patera, Aicha contaba que «cuando tenía hambre, no había qué comer; cuando tenía sed, no había bebida; tenía ganas de cantar y no la dejaban; entonces solo se metía debajo de la manta a llorar. Con estas palabras lo contaba ella tan pequeñita», rememora Mario emocionado. Dos días, al menos, estuvo en el mar. Mientras esperaban por las pruebas de ADN, hacían videollamadas con su tía, que se encontraba en un centro de Cruz Roja en Las Palmas de Gran Canaria. Mario y Caroli, incluso, llevaron a Aicha a visitar a la tía, «pero la niña siempre quería volver a La Palma», cuenta Mario.

Ellos sabían que cuando tuviera la documentación Aicha debía irse con su familia y seguir su camino, y así se lo explicaban. El programa es claro en cuanto a que el objetivo es la reunificación familiar. Los papeles llegaron en Navidad del año pasado y esperaron a que Aicha acabara las clases, y en diciembre y se la llevaron a su tía. Ahora están en Francia y se comunican con las dos, les mandan fotos y se han quedado tranquilos al ver que están bien.

La pequeña Zahara, de tres años, de Costa de Marfil, con el menor de los hijos. | | LP/DLP

Zahara, la alegría

La segunda niña que tuvieron en acogida fue toda una alegría para la familia. Se llama Zahara, es de Costa de Marfil, como Ibrahim, y cuando vino tenía su misma edad. También llegó en una patera sola, en este caso a Fuerteventura, con tan solo tres años, y al arribar alguien se la entregó a la Policía. A los pocos días llamaron desde Francia reclamando a la niña. Era su madre que se había ido un año y medio antes, también en patera, embarazada y dejó a la niña en Costa de Marfil a la espera de poder pagarle el billete y llevarla con ella. La madre ya tiene papeles en Francia y pensaba que con eso servía para que le dieran a la pequeña. Desde que la dejaron en Canarias, el Gobierno pasó a tener su custodia y lógicamente no podían entregársela a cualquier persona aunque dijera que era su madre. Tenía que venir a hacerse la prueba de ADN para demostrar el vínculo. Mientras tanto, volvieron a llamar a Mario y a Caroli. Fue en junio y casualmente estaban de vacaciones en su caravana con sus dos hijos en Lanzarote. Así se lo hicieron saber al responsable del programa de acogida y se ofrecieron a ir a buscar a la niña a Fuerteventura. La tenía Cruz Roja con una señora en un piso tutelado. Zahara fue un estallido de alegría, parlanchina, bailaba y cantaba todo el rato, cuenta Mario.

Nada más recogerla se fueron a Las Palmas para hacerle las pruebas de ADN y después siguieron sus vacaciones a La Gomera, Tenerife y de regreso a la Isla Bonita. Estuvieron 15 días en la caravana y Zahara se los pasó bomba con los niños y la familia. Al llegar a La Palma hicieron su vida normal y estuvo con ellos julio, agosto y septiembre, mientras la madre viajaba a Fuerteventura y esperaba por los resultados de las pruebas de maternidad. Se quedaba en un centro de la Cruz Roja y hablaban con ella por videollamada. Zahara, lógicamente, casi no la conocía porque tenía un año y medio cuando la progenitora se vio forzada a emigrar de Costa de Marfil. Y entonces estalló el volcán. El 19 de septiembre cambió todo, especialmente para Caroli que perdió su peluquería y la vivienda de sus padres en Todoque bajo la lava. «Fue muy duro», evoca Mario, y Caroli en cierto modo se refugió en la alegría de Zahara y de sus hijos. La niña ya hablaba español con cierta fluidez y le decía: «Mamá no llores, sé feliz , no llores». Al ver el apego de Caroli con la pequeña, Mario llamó al programa de acogimiento para ver si podían estar quince días más con Zahara y consultaron a la madre, que no puso impedimentos sino todo lo contrario. «Estaba muy agradecida porque cuidáramos a su pequeña», explica Mario. Así que el 2 de octubre llevaron a Zahara a Fuerteventura porque querían conocer a su madre y darle las gracias personalmente por haberles dejado unos días más a la niña. Ambas están bien en Francia y mantienen el contacto con su familia palmera.

Hace veinte días que tienen a Ibrahim. Lo recogieron en Tenerife y es más mimoso que las niñas. Solo quiere abrazos y es lógico. Se separó de su madre al subir solo en una patera con desconocidos. Mario y Caroli no saben cuánto tiempo lo tendrán. Su madre está reuniendo el dinero para poder venir de Marruecos en una patera y ya han contactado con ella por videollamada y, en francés, tranquiliza a Ibrahim y le dice que se porte bien con ellos. Él ya chapurrea español y ya va recuperando su dulce sonrisa.

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