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Volcán en La Palma

La presión impide medir el azufre del volcán de La Palma en el Roque de Los Muchachos

La estación de calidad del aire instalada en el Observatorio tiene problemas para funcionar por las condiciones de alta montaña

El volcán de La Palma, visto desde el Observatorio del Roque de los Muchachos La Provincia

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El volcán de La Palma, visto desde el Observatorio del Roque de los Muchachos Verónica Pavés

Las condiciones de alta montaña en el Observatorio del Roque de Los Muchachos están impidiendo que se puedan recoger datos «fiables» de la calidad del aire con respecto al dióxido de azufre (SO2) en ese emplazamiento. La presión y la humedad, derivados de la altura a la que se encuentra el Roque –2.420 metros–, ha causado problemas de manera recurrente en el dispositivo de medición que el Gobierno de Canarias ha prestado a los miembros del Observatorio del Roque de Los Muchachos para que puedan medir desde ahí las concentraciones de este gas.

Aunque no sucede muchas veces, «hemos llegado a tener picos importantes», como admite el administrador del Observatorio, Juan Carlos Pérez Arencibia. La mayor parte de ellos se perciben a ojo. De ahí que, cuando el ambiente empieza a viciarse de azufre y los olores en la cumbre cambian, los trabajadores se ven obligados a «confinarse» totalmente durante unas horas en el interior de los telescopios de manera preventiva. No obstante, como resalta Arencibia, «esto solo supone que durante unas horas no se hagan tareas como airear los telescopios», dado que, desde que el volcán de La Palma entró en erupción, los operarios del Observatorio hacen la mayor parte de sus trabajos en el interior de las instalaciones científicas. «Hemos limitado todo el trabajo en exterior», concluye Arencibia. Según otras fuentes consultadas, en algunos días concretos, se ha procedido a evacuar a algunos de los trabajadores por prevención.

Los trabajadores toman medidas de seguridad extra midiendo a ‘ojo’ el aumento de SO2

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Cuando el volcán entró en erupción, la red de calidad del aire en la mayor parte de La Palma era inexistente. La red de estaciones del Gobierno de Canarias estaba asociada a aquellos lugares más industriales y donde se produce quema de fuel. Esto suponía que la medición de concentraciones de ciertos gases quedaba limitada al este de la isla; justo al lado opuesto del lugar dónde se encuentra ahora el foco más contaminante de la isla.

Poco a poco, el Gobierno de Canarias y otras instituciones científicas han ido instalando medidores en los lugares más cercanos a la erupción. En el caso del Ejecutivo, la red ha sido ampliada con cuatro nuevas estaciones portátiles repartidas por Fuencaliente, El Paso y Puntagorda. Esto ha permitido que las autoridades puedan discernir cuándo hay que llevar a cabo confinamientos de la población cuando los niveles de dióxido de azufre aumentan debido a las emisiones del volcán. En la cumbre, sin embargo, hasta el momento no se ha podido medir con propiedad este parámetro, pese a que es una zona afectada. «Vimos que en Puntagorda se registraban parámetros altos de concentración de SO2 y de ahí que solicitáramos al Gobierno de Canarias la instalación de uno de estos dispositivos, en el caso de que tuvieran alguno disponible», remarca Arencibia. De esta manera, no solo se podría conocer en tiempo real la situación de las cumbres de La Palma, sino también lograr datos científicos que permitan saber cómo repercuten estas emisiones en las zonas de alta montaña. «Ya hemos comprobado cómo en Izaña, cuando el viento sopla del este y llega el penacho hasta Tenerife, se han superado los 1000 microgramos por metro cúbico», insiste el investigador. Cabe recordar que en la cumbre tinerfeña cuentan desde hace años con una estación meteorológica propiedad la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), con la que se vigila a nivel internacional los niveles de CO2 atmosféricos, pero también otro tipo de contaminantes, y entre ellos el SO2. En el Roque de Los Muchachos, lo único que se mide por el momento son las partes por millón de partículas PM10. Unos datos que, por otra parte, también ayudan a prever si una nube de azufre se ha instalado en ese lugar.

Antes de la erupción, el Gobierno de Canarias solo tenía estaciones en la zona este de la isla

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Sin embargo, el funcionamiento de esta nueva estación no está siendo la esperada. El dispositivo se está encontrando con muchos obstáculos que le impiden funcionar adecuadamente, hasta el punto de que los científicos consideran que los datos que está proporcionando, por el momento, «no son fiables». Hasta el momento ha habido que revisar el aparato en tres ocasiones. La primera vez fue al poco tiempo de instalarlo, y el problema estuvo en un fallo en la tarjeta que se resolvió de inmediato. Luego volvió a fallar y esta vez los investigadores creyeron que se trataba de un fallo eléctrico, dado que en una de las jornadas tuvieron que trabajar con grupos electrógenos. «Lo hacemos de manera rutinaria, cada tres meses aproximadamente, para trabajar en el mantenimiento de la línea eléctrica», explica el administrador del Observatorio. Sin embargo, el problema seguía sin resolverse, y había momentos del día en el que el dispositivo era incapaz de proporcionar los datos necesarios en tiempo real. Casi un mes después de continuas revisiones y pruebas –la estación se instaló el 5 de noviembre–, los científicos creen haber encontrado la razón por la que se están produciendo tantos fallos en el dispositivo. «Tenemos la impresión de que estamos teniendo problemas por altura, dado que aquí hay una mayor presión atmosférica», indica Pérez. Esta circunstancia provoca que los científicos no puedan obtener los datos en tiempo real, aunque el Gobierno sí los pone a su disposición a posteriori a modo de resumen del día. En todo caso, Pérez le quita hierro al asunto dado que el «SO2 no es habitual en esta zona». «Trabajamos tranquilos y cuando se nota la nube de azufre u olemos que han aumentado las concentraciones de este gas, tomamos medidas», reseña, e insiste: «tras 60 días de volcán no hace falta medidores para enterarte de cuándo ha empeorado la calidad del aire».

No obstante, y como consideran que los datos de dióxido de azufre son interesantes desde el punto de vista científico, los miembros del Observatorio se han puesto manos al obra para instalar sus propios detectores en algunos de los telescopios, como el GTC. «No tienen el mismo mecanismo que los del Gobierno de Canarias ni están homologados de la misma forma, pero nos pueden ayudar a recopilar estos datos», indica Pérez. Mientras esto sucede, los grandes telescopios del Observatorio siguen cerrados a cal y canto, esperando a que acabe el proceso eruptivo que ya lleva 65 días en activo y con ganas, como el resto de la isla, «de volver a la normalidad».

Las claves de la situación

Problemas. Mal funcionamiento

Los investigadores llevan casi un mes intentando averiguar la razón por la cual la estación de medición no funciona correctamente en el Roque de Los Muchachos. Los investigadores creen que tiene relación con la altura a la que se encuentra.

Consecuencias. Sin datos en tiempo real

Los trabajadores del Observatorio no pueden acceder a los datos de la calidad del aire en la zona en tiempo real. Los datos se les proporcionan a posteriori.

Medidas. Confinamiento a ‘ojo’

Aunque ocurra pocas veces, cuando los investigadores perciben que las concentraciones de azufre son más elevadas de lo normal –a través de la vista o el olfato– se confinan en los telescopios.

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