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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Volcán de La Palma | La situación de la emergencia
Montse Román Casamartina Directora del Puesto de Mando Avanzado

Montse Román: «Hay zonas con registros de gases incompatibles con la vida»

Motse Román, con el volcán de Cumbre Vieja de fondo. | La Provincia

Montse Román (Barcelona, 1982) atiende concentrada a cada llamada que recibe en su teléfono móvil. Ella es la voz del Puesto de Mando Avanzado (PMA), situado en la fábrica de tabaco de El Paso y desde donde coordina a los más de 600 efectivos que participan en la emergencia del volcán.

¿Cómo está usted 79 días después de la erupción? Me imagino que cansada.

Es agotador en cuanto a que son muchas horas y son muchísimas cosas sobre las que tenemos que prestar mucha atención, como la coordinación, que no se te puede escapar nada; o elementos que tenemos en el terreno que nos obligan a hacer una monitorización constante de muchos aspectos. Se puede decir que los días son muy intensos, que estamos intentando relevarnos, aunque sea mínimamente, para poder afrontar esta emergencia hasta que finalice la erupción y acabe la emergencia de Protección Civil, que será mucho más allá de la erupción.

¿Cuál es la situación actual?

Ahora mismo el volcán tiene momentos de mucha actividad, con la aparición de nuevos centros emisores alejados de los principales y que analizamos todos los días por las mañanas con las cámaras térmicas. Y hay mucha aportación [de lava] que sabemos que están alimentando a los deltas. Es verdad que hay algunos elementos, tal y como estudian los científicos, que están teniendo una tendencia, si no estable, decreciente, como es la sismicidad. Es verdad que son momentos muy cortos, porque si hace diez días tuvimos el número de sismos más alto, ahora llevamos unas jornadas que se han reducido. La deformación, por su parte, se mantiene estable y la emisión difusa de dióxido de azufre sigue con una tendencia decreciente. El volcán continúa activo, continúa en fase de erupción, con lo cual nosotros nos ubicamos en cuanto a protección civil en la fase inicial, que es la de la emergencia. De ahí no nos hemos movido.

«Los vecinos de Las Martelas volverán pronto a sus casas, pero eso no significa el fin de la evacuación»

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Porque tampoco hay una previsión de cuando va a acabar y nadie se atreve a hacer pronósticos visto lo visto.

Hay elementos que tienden a la baja, pero a la misma vez se aprecian otras características como las lo que le comentaba, las apariciones de centros emisores en zonas alejadas a los centros emisores principales y que han evolucionado muy rápido, con mucha emisión de material y han generado una colada nueva en una tarde con mucha afectación a edificios. No tenemos una fecha con la que trabajar de cara a la finalización de la erupción. No queda otra que seguir haciendo esta monitorización y esperar a que se cumplan los requisitos que los científicos determinan para que se considere el fin de la erupción, que se mantenga una serie de valores y de características durante unos días determinados y a partir de entonces se puede decretar el fin. Sí es verdad que fecha como tal del final no hay.

Hablaba antes de que una cosa es el fin de la erupción y otra el fin de la emergencia. ¿Hay plazos de tiempo de cuánto durará esa segunda fase?

Podríamos decir que la emergencia podría acabar cuando finalice la erupción, pero quizás no va a ser así en este caso. Todos estamos aprendiendo muchísimo en esta emergencia, vamos a tener que asentar mucho todo lo que ha pasado y ser capaces de traspasarlo a los planes de alguna forma. Ahora tenemos todos esos gases, no sólo en atmósfera sino que pueden estar circulando de forma subterránea, y habrá que esperar a que se enfríen las coladas, por lo que no sabemos durante cuánto tiempo vamos a tener que gestionar los aspectos de seguridad relacionados con estos gases tóxicos para la protección de las personas que están accediendo a las zonas afectadas por el volcán y que tienen un acceso limitado, restringido o que está prohibido en algunos casos. Puede ser que la emergencia, en cuanto a la protección a la población y a los intervinientes, no finalice hasta que realmente no haya riesgo para la población. No sé si esto se producirá cuando finalice la erupción o no, porque puede alargarse si seguimos teniendo problemas de gases.

¿Cómo ha cambiado la emergencia desde el principio hasta la actualidad? ¿Los problemas vienen ahora más de esos gases que de la colada?

Hay una gran parte de la población que está desalojada. Las coladas no pensamos que ahora mismo nos puedan generar algún riesgo para las personas. Al revés, hay una zona, Las Martelas, que vamos a comunicar pronto que parte de sus habitantes podrán volver a sus viviendas. Esto no es una finalización de la evacuación ni mucho menos. No sabemos cuándo finalizará la erupción, tenemos algunas zonas muy identificadas a las que se puede volver. Sí es verdad que tenemos a gente en las zonas de afectación, que es una situación que nos genera mucho estrés y mucha necesidad de concentración y de coordinación a los servicios que estamos trabajando en esta emergencia desde el Puesto de Mando Avanzado (PMA). Cada día tenemos zonas que están evacuadas y que si no hubiera población pues no pasaría nada aunque haya coladas o gases.

«La información que nos han aportado los drones ha sido la nota más característica de esta emergencia»

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Pero eso no es así porque hay personas dentro de esas zonas.

Tenemos vecinos que necesitan acceder a sus viviendas para cometidos concretos, tenemos también servicios de emergencia haciendo actuaciones, como la limpieza de tejados, de rehabilitación. Luego hay trabajadores de obras de servicios esenciales que están haciendo la carretera o están en torno a las desaladoras. Regantes, empaquetadores. Un colectivo de voluntarios que no sólo se encarga de los acompañamientos, sino que también hay veterinarios. Hay una serie de personas en el terreno que tenemos que tener muy claro donde están, cómo localizarlas y cómo evacuarlas en caso de emergencia, porque puede pasar lo que pasó el otro día, que apareció la última colada. Por suerte, aquel día no había accesos porque los gases hacían que la situación fuera bastante desfavorable. Es verdad que hay un cierto margen de reacción con las coladas, pero ahora mismo no es descartable nada; estamos todavía en una fase para nosotros de emergencia donde sí que es verdad que las coladas pues a lo mejor no es el elemento que nos pueda generar más riesgo en cuanto a personas. Obviamente, sí que está haciendo mucho daño a infraestructura, edificaciones y toda la parte agrícola, pero los gases sí que son un elemento que pueden causar afectaciones y por eso somos muy prudentes en este aspecto, vigilándolo en todo momento. Además, estamos buscando sistemas que nos ayuden a perfeccionar su monitorización.

Sobre todo el monóxido de carbono. El otro día, en una reunión con los vecinos, hacían hincapié en no entrar de golpe a las casas sin airearlas antes.

Al principio de la emergencia, por históricos de otras situaciones o por bibliografía, por estudios e información previa; se pensaba que al ser una zona bastante abierta, muy ventilada, pues no debería de haber mucha afectación [de gases]. Lo cierto es que nos estamos encontrando con una tipología de componentes de gases que no pensábamos que íbamos a tener. Y luego, efectivamente, pues problemas de concentración de gases en zonas, en viviendas, que puede ser que haya todo un flujo de circulación de gases por alcantarillado [en la zona de exclusión], de forma subterránea, que no tenemos del todo identificada su red pero sí tenemos identificados los puntos dónde nos hemos encontrado que los valores eran peligrosos, donde no se podía exponer una persona a ese gas porque es incompatible con la vida. Y hay monóxido de carbono en muchas viviendas y también dióxido de azufre. Entonces, en el protocolo de acceso que está a punto de darse a conocer a la ciudadanía explicaremos cómo se accede, cuales son las normas, cuales son las zonas restringidas y la zona de exclusión para que la gente lo conozca bien. Una de las recomendaciones es que hay que ventilar las casas durante 15 minutos antes de acceder y estar dentro porque estos gases son muy tóxicos, son mortales.

«Pensamos que los gases se pueden quedar con nosotros durante bastante tiempo»

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Además el monóxido de carbono no hay manera de detectarlo si no es con un aparato especializado.

Es el gas más peligroso, porque no huele, no es como el sulfhídrico que tiene este olor más molesto, a huevo podrido, que ya te da una señal de que algo hay. Hoy [por el martes para el lector] hemos tenido aquí un episodio de estas características, lo que pasa es que precisamente a veces cuando da olor no es precisamente cuando es más tóxico. Así que, efectivamente, los gases no se ven, no se huelen y son mortales. Entonces, es difícil. Ojalá estos gases estuvieran teñidos de un color, la gente los vería. A veces hay componentes que sí que dan color, como cuando se quemaron los invernaderos y con ello los nitratos, que emiten una nube tóxica de color rojizo y para la gente es mucho más fácil de identificar. O las coladas. Lo que es visual es mucho más fácil de explicar para la población. Nos cuesta mucho y es normal, lo entendemos, pero no podemos descansar y no podemos dejar de insistir, de hacer entender y de explicar que nos estamos encontrando concentraciones de gases en algunas zonas que están en umbrales altísimos que son incompatibles con la vida, directamente, y tenemos gente en el terreno, tenemos que sacarlas de ahí cuando están haciendo una actividad. La norma general debería ser que no se pueda acceder a la zona porque está evacuada, porque si no dejaría de estar evacuada. Pero también hacemos un esfuerzo porque entendemos que el ciudadano necesita acceder a su vivienda y que va a hacer limpiezas de tejados, y hay que hacerlo de forma segura y acompañado. Pero es muy importante insistir en este tema, el de los gases, que además pueden durar todavía mucho tiempo. Nosotros estamos buscando más soluciones de monitorización y de poder ser más transparente, que no los han pedido los vecinos. Pero las lecturas de los gases son difíciles de trasladar al momento porque son monitorizaciones que se producen durante 24 horas, que hay que interpretar muy bien y que estamos mejorando con sistemas de monitorización que tendrán un uso a medio plazo porque pensamos que los gases se pueden quedar con nosotros durante bastante tiempo.

Sin decir una fecha exacta.

Claro, porque no lo sabemos.

¿En qué se diferencia esta emergencia de otra como un temporal?

Con fenómenos como los meteorológicos adversos, que dependiendo de sus características puede ser muy virulento y puede generar víctimas y muchos daños, es que en el caso del mal tiempo suelen tener una duración que está respaldada con una agencia o con un servicio de meteorología que te va haciendo unas previsiones y, normalmente, ya te ha ido informando con anterioridad de ese fenómeno y va haciendo seguimiento. Son episodios que tienen una duración y una finalización. Entonces, la diferencia principal es esta, no podemos anticiparnos a la evolución como ocurre con la lluvia, su intensidad y la acumulación; o las rachas fuertes de vientos, donde puedes prever mínimamente cuáles son las consecuencias y cuáles son las zonas vulnerables para intentar avisar a la población. Esa es la diferencia, que ahora mismo no nos podemos anticipar tanto como quisiéramos.

Pero sí que lo han hecho con el avance de la lava.

No nos podemos anticipar a cómo reaccionará el volcán, a sus características, su sismicidad, si será más efusivo, menos, más estromboliano, si abrirá un centro emisor que generará una colada nueva. Eso no, pero sí que una vez ya muestra señales, es verdad que desde el principio de esta emergencias, gracias sobre todo al análisis del comité científico y a las imágenes y los vídeos que nos ofrecen los drones, vimos que había un margen de reacción y un margen de previsión. Veíamos que a lo mejor había un punto con mucha acumulación de material o que veíamos a través de las cámaras térmicas que había mucha concentración, y después comprobábamos que en esa zona habíamos tenido problemas. Eso sí que nos ayudó a anticiparnos, todo ese seguimiento a través de los vídeos, de cómo se va comportando. Hacemos vigilancia continua, a veces estamos en la reunión del comité científico y hay una novedad, una fumarola nueva. Ahora también hay una zona que se han detectado bastantes grietas, por lo cual por ahí puede salir algo de material. Es decir, se van monitorizando muchísimo toda la zona e intentamos adelantarnos lo que podamos.

«El dióxido de carbono puede que esté fluyendo de forma subterránea, a través de alcantarillas»

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Hablaba de los drones. ¿Cuán importante han sido en esta emergencia?

Para mi es totalmente novedoso, nunca había estado en la gestión de una emergencia donde el acceso a saber cuál es la situación, los ojos, pues no pudiera ser otra cosa que no fueran los drones, porque no han volado los helicópteros o no hemos podido acceder por tierra. Y la única forma que hemos tenido ha sido a través de ellos. Ha sido, creo, la nota más característica de esta emergencia, la disposición de la información de los drones a la gestión de la emergencia y la coordinación y a la misma vez el ofrecimiento para que la población pueda tener esta información. Y también destacar la coordinación de drones que hacen los compañeros de coordinación, que planifica los vuelos de un día para otro, ajustan todo el espacio o los puntos de acceso. Para poder trabajar en esta zona y poderla organizar, tuvimos que solicitar las restricciones del espacio aéreo. Y sí, para la gestión de la emergencia ha sido muy importante la observación con los drones.

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