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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Erupción en La Palma

Viaje al interior de La Palma

Los científicos trabajan para crear un mapa de la estructura de la isla

Vista desde el mar de una de las coladas que alimenta la fajana de la zona de El Charcón, en Tazacorte, con el faro de Las Hoyas en primer término. | | ANDRÉS GUTIÉRREZ

La vigilancia vulcanológica está en plena ebullición. La erupción de hace una década en El Hierro y la más reciente, en La Palma, han mostrado la necesidad de conocer mucho más en profundidad lo que se mueve bajo el Archipiélago. Son muchos los misterios que aún duermen bajo las Islas, pero hay uno que ni siquiera tiene aún una explicación: la sismicidad entre Gran Canaria y Tenerife.

Cada año, en la zona se producen entre 200 y 400 terremotos de diferentes magnitudes entre ambas islas. «Entre Tenerife y Gran Canaria existe una sismicidad perenne que registramos desde que tenemos instrumentación y que, antiguamente, generó algunos terremotos sentidos», explica Itahiza Domínguez, sismólogo del IGN y uno de los investigadores principales de este estudio. Uno de los ejemplos que muestra la fuerza de estos terremotos está en el movimiento sísmico de 1989, que se sintió y despertó a muchas personas en Santa Cruz de Tenerife y también en algunos puntos de Gran Canaria.

Ocurrió el 9 de mayo a las 2:30 horas de la madrugada. El sismo tuvo una magnitud de 5,3 y, aunque no produjo víctimas ni derrumbes de edificios, sí rompió cristales, movió los muebles de las viviendas, y causó potentes ruidos subterráneos, produciendo pánico generalizado en la población. Lo que no se sabe aún «es qué es exactamente lo que hay ahí».

Como Canarias se encuentra en el centro de la placa tectónica africana, desde hace décadas se descartó que el movimiento pudiera estar provocada por el choque de los bordes de una placa. La teoría ha sido, desde entonces, que lo que existe es un volcán; el llamado volcán de enmedio.

Pero lo cierto es que los investigadores no están tan seguros de ello. Y es que, aunque es cierto que en Canarias «casi toda la sismicidad importante ocurre antes o durante las erupciones volcánicas; en esa zona no es así», como explica Domínguez. No lo es porque la actividad entre las islas capitalinas ocurre cada año y sin que tenga aparejada una actividad volcánica aparente.

De ahí que el Instituto Geográfico Nacional (IGN), junto a la delegación catalana del CSIC en el Instituto de Ciencias del Mar, hayan comenzado un proyecto de investigación para descubrir si lo que duerme bajo las islas es el famoso volcán de enmedio o la sismicidad está provocada por algún otro tipo de movimiento terrestre.

Viaje al interior de La Palma

Las teorías son variadas. Como no existe tectónica en la zona se valora que «la propia existencia de las islas pueda estar provocando que el movimiento de la placa ahí sea distinto», afirma Domínguez. Una de las posibilidades es que en la zona se haya formado una falla que contribuya a generar esa sismicidad. Así lo sugirieron hace dos años un grupo de geólogos de la Universidad de Burgos y la Universidad Complutense de Madrid, tras una revisión de los datos magnéticos recabados por el IGN.

En aquel entonces, los investigadores explicaron que habían hallado pruebas de la existencia, en la parte sumergida del noroeste de Gran Canaria, de un gran cuerpo rocoso con polaridad inversa a la orientación magnética actual de la Tierra y un tamaño que representa prácticamente la quinta parte de todo el edificio de la isla. Según este estudio, dicho edificio se creó en base a magmas que emergieron en la fase de crecimiento de Gran Canaria bajo la influencia de una gran falla, y en un momento del pasado de la Tierra en la que los polos magnéticos estaban invertidos respecto al presente (de ahí su polarización inversa).

La sismicidad también podría estar provocada «por el propio peso» de los edificios que conforman las islas capitalinas, así como de su evolución en el tiempo. «Los cambios de presión generados porque Gran Canaria está en proceso de erosión y Tenerife en formación, también podrían estar detrás de esta sismicidad», remarca el sismólogo del IGN. Así que, en resumen, «hay muchas hipótesis» que han tratado de explicar qué es lo que está influyendo en la ocurrencia de estos terremotos de tanta magnitud, pero la realidad es que «no se sabe lo que hay ahí abajo».

Una ampliación de la red

Los próximos cuatro años –duración del proyecto– podrán resolver, por fin, este misterio. Los investigadores van a ampliar, como nunca antes, la red de sismógrafos que hay entre ambas islas. Lo harán tras haber logrado 300.000 euros de financiación con un proyecto en una convocatoria pública del Ministerio de Ciencia que promulga la ciencia de alta calidad. Los instalarán por tierra, en el océano y también harán uso de la fibra óptica que une ambas islas para monitorizarlo. En total, entre ambas islas se instalarán 47 nuevos dispositivos de vigilancia sísmica, de los que 20 se colocarán en tierra (4 en Tenerife y 16 en Gran Canaria), 18 submarinos entre ambas islas (de los que 13 se instalarán durante un tiempo limitado) y otros 9, también submarinos, pero en los alrededores de ambas islas.

Con toda esta instrumentación, que recogerán datos durante dos años, los científicos podrán «mapear la zona y realizar un estudio estructural de estas islas», explicó Domínguez. Con estas nuevas instalaciones, la red de Gran Canaria se ampliará como nunca antes se ha visto. Y es que hasta el momento, la isla solo cuenta con tres estaciones; una situación que difiere mucho de la de Tenerife, que cuenta con más de una veintena de estaciones sísmicas (debido a la exhaustiva vigilancia derivada de la actividad del edificio del Teide).

«Para localizar los terremotos en esta zona concreta es necesario una amplia red de estaciones en ambas islas», indica el sismólogo del IGN. Como remarca, por temas de vulcanología, Tenerife siempre ha tenido una red mayor. «El riesgo volcánico en Gran Canaria es mucho menor, aunque no nulo», advierte el investigador, que señala que con esta ampliación de la red, no solo se caracterizará la sismicidad entre ambas islas, sino que la información recabada también ayudará a conocer la estructura de la isla. Además, como insiste, es necesario ampliar la red en tierra porque es la única que puede conseguir datos en tiempo real. Y es que, aunque la red de sensores que se instalarán en el fondo marino albergarán datos de gran interés, tendrán que recogerse cada cierto tiempo (entre 4 y 6 meses) para poder descargar sus datos.

Lo mismo ocurre con el sensor DAS que se pretende instalar en la fibra óptica submarina que une Gran Canaria con Tenerife. Este tipo de sensor convierte el gran cable en una amplia red de sismógrafos dado que es capaz de proveer a los investigadores de un sismógrafo virtual por cada 10 metros de cable. Esta tecnología ya se está usando para contribuir en la erupción de La Palma. Para ello, se han utilizado 4 kilómetros de fibra óptica soterrada del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) para medir los terremotos. Esta tecnología, además, permite ver la dirección de la que proceden los movimientos sísmicos.

«Vamos a poder tener una combinación de sistemas de vigilancia que permitirán medir mejor lo que ocurre bajo las islas», remarca el investigador, que espera que este trabajo «también contribuya a mejorar la red de Gran Canaria». Y es que, para el proyecto actual, los sismógrafos que se van a utilizar son «de alquiler», por lo tanto, una vez termine, también se retirarán. No obstante, espera que al menos se puedan dejar «dos o tres puntos más» en la red de Gran Canaria, pues tal cantidad será suficiente como para que la red sea «mucho más eficiente». Aunque el misterioso volcán de enmedio es lo que ha movido a estos investigadores a trabajar, por primera vez, sobre esta zona, lo cierto es que este despliegue de medios también permitirá saber cómo son las islas por dentro y así mejorar la vigilancia volcánica en las Islas e incluso, adelantarse a los fenómenos eruptivos del futuro.

Viaje al interior de La Palma

Aunque el volcán de enmedio es lo que mueve el proyecto de investigación que desarrollará el Instituto Geográfico Nacional en los próximos cuatro años, el estudio también contempla una mejora de la monitorización sísmica de las islas más jóvenes y volcánicamente activas: La Palma y El Hierro. Con esta ampliación de la red sísmica en la vertiente submarina que rodea ambas islas, los científicos podrán conseguir algo imposible hasta la fecha, viajar a su interior para conocer a fondo sus estructuras volcánicas.

Hasta ahora, como explica el sismólogo del Instituto Geográfico Nacional e investigador principal del proyecto, Itahiza Domínguez, «se han hecho estudios diversos que muestran estructuras bajo las islas que pueden condicionar cómo es la vulcanología». Sin embargo, los modelos que se han conseguido hacer al respecto son muy rudimentarios. «Tenemos un modelo de capas paralelas que es muy simple y para las islas volcánicas no son una buena aproximación», insiste Domínguez.

Detalle de una vivienda dañada de La Laguna con un mural en el interior | | A. GUTIÉRREZ

Las islas volcánicas requieren un modelo más complejo que los investigadores creen que pueden conseguir gracias a la tomografía en 3D. Y es que, como todo el Archipiélago, La Palma y El Hierro se han ido formando en base a una acumulación de erupciones que han generado un solapamiento «de capas» que, al fin y al cabo, no se puede estudiar a fondo con un «modelo homogéneo» como el que tienen actualmente.

Esta heterogeneidad del terreno, a su vez, es lo que provoca que el suelo tenga «aceleraciones diferentes» en lo que se refiere a la ampliación de los seismos. Prueba de ello es cómo,durante esta crisis volcánica, han incidido los terremotos en distintos lugares de La Palma. Así, cuando ocurrían en superficie, la zona más antigua de La Palma (ubicada al norte), sentía con una fuerza suficiente como para mover los objetos, en los lugares que se encontraban al lado del epicentro apenas lograban despertar a la población.

Además, el edificio insular de El Hierro no es igual que el de La Palma. «En el Hierro parece que hay una estructura en el centro de la isla con una gran densidad, mientras que en La Palma es totalmente lo contrario», remarca Domínguez, que insiste en que, por esta razón los procesos preeruptivos y las erupciones son distintos en ambas islas.

Con este despliegue de medios, se podrá medir con precisión la sismicidad que se produce antes de la erupción, y también se podrá determinar «qué nos espera en el futuro». Es decir, cómo son las erupciones en cada isla para poder pronosticarlas con mayor precisión. En este sentido, Domínguez remarca que, en este caso, se utilizarán solo los datos de seísmos que ocurran en la zona, es decir fuentes naturales. Se descarta así, la utilización de señales externas para realizar este estudio. «A veces se utilizan explosiones o barcos que generan pulsos –como los de prospecciones petrolíferas– para realizar estos estudios, pero son técnicas muy invasivas», indica el investigador. De hecho, estas ondas artificiales, que son como «golpes de ruido en el mar», pueden provocar daños en los ecosistemas marinos, dado que alteran la vida que habita en ellos.

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