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Erupción en La Palma

Volcán de La Palma: El paisaje que nos queda

Tres meses después de iniciada la erupción, Todoque, Las Manchas y La Laguna parecen de otro mundo

Vista del volcán desde Cabeza de Vaca (17/12/2021)

Vista del volcán desde Cabeza de Vaca

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Vista del volcán desde Cabeza de Vaca Christian Afonso

La Palma del 19 de diciembre ha variado mucho respecto a la isla del 19 de septiembre. Tres meses después de que iniciara la erupción en la zona de Cabeza de Vaca, en El Paso, el paisaje del valle de Aridane parece de otro planeta, casi lunar, con montañas de cenizas que sepultan viviendas enteras y coladas de material volcánico que superan, en algunos puntos, la altura de edificios de 13 plantas. Además, surgió en ese lugar un nuevo edificio volcánico que supera en altura a la Sagrada Familia (llega hasta los 180 metros) y que también ha modificado la orografía y la línea costera de la zona oeste de La Palma, creando dos deltas lávicos en la costa de Tazacorte y Los Llanos de Aridane. Ahora, cinco días después de que dejara de presentar actividad aparente, el volcán solo expulsa algunos gases propios de este tipo de procesos.

El paisaje que nos queda Andrés Gutiérrez Taberne

Ayer, el comité científico del Plan de Emergencias Volcánicas de Canarias (Pevolca) constató que en las últimas horas persisten los signos de agotamiento en el proceso eruptivo del volcán de Cumbre Vieja. Pero todavía hay que esperar otras siete jornadas en unos valores similares a los actuales para poder confirmar que está finalizado. Estos son, el tremor, la emisión de gases, la sismicidad y la deformación del terreno, que desde el lunes por la noche se mantienen en valores muy bajos. La portavoz del comité de expertos, María José Blanco señaló que la emisión visible de gases volcánicos es «puntual y esporádica», y que se concentra, sobre todo, en las inmediaciones de los centros eruptivos y en los jameos de los tubos volcánicos.

El paisaje que nos queda Andrés Gutiérrez Taberne

En cuanto a la difusión de material volcánico, los científicos detectaron el viernes «un pequeño flujo» de lava en superficie sobre las coladas que caen a la zona de acantilados de Las Hoyas, según indicó ayer María José Blanco. Se trataría de un «pequeño remanente» procedente de un tubo volcánico que aun permanece activo. Pese a todas las señales que parecen indicar que el proceso eruptivo está tornando a su fin, desde el Pevolca insistieron en que no se puede descartar «un nuevo repunte de emisión estromboliana y de emisión de coladas». El sistema europeo de satélites Copernicus, por su parte, informó ayer, en su mapa de la erupción, que hay 3,8 hectáreas nuevas afectadas para un total provisional de 1.241,1, lo que supone alrededor del 1,8% de la superficie palmera.

El paisaje que nos queda Andrés Gutiérrez Taberne

En lo que a edificaciones respecta, Copernicus cifró en 3.126 las que se encuentran afectadas de alguna manera por el paso de las coladas, de las cuales 2.988 han sido destruidas. La Dirección General del Catastro, en cambio, cifró ayer en 1.345 las viviendas desaparecidas, ascendiendo las edificaciones totales, incluidas las de otros usos, a 1.676. Todavía hay 556 personas albergadas en establecimientos hoteleros, una menos que las notificadas el día anterior, de las cuales 390 están en Fuencaliente, 73 en Los Llanos de Aridane y 93 en Breña Baja. A su vez, 43 personas dependientes se encuentran en dependencias del Cabildo de La Palma, según detalló el portavoz del Comité Técnico del Pevolca, Rubén Fernández.

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En lo que ha durado la emergencia volcánica, más de 7.000 personas se han visto afectadas de una u otra forma. Tres meses después de que su vida cambiara por completa, una ínfima parte de ellos han podido recibir parte de las ayudas provenientes de los donativos de las miles de personas que se han volcado con esta situación desde distintas partes del mundo. Muchas de ellas lo han perdido absolutamente todo, y sus recuerdos, sus esperanzas y sus pertenencias están sepultadas bajo alguna de las 12 coladas del volcán. Estas lenguas de lava pueden alcanzar los 80 metros de altura cerca del cono principal y de más de 60 metros en el discurso de la colada primigenia, la que engulló el barrio de Todoque, según un reciente estudio del Cabildo de La Palma.

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A lo largo de estas semanas de intensa actividad estromboliana, Cumbre Vieja ha destruido varios núcleos de población en El Paso, Los Llanos y Tazacorte, dejando bajo la lava barrios enteros como El Paraíso o Todoque, y afectando seriamente otros como Las Manchas, La Laguna o Las Norias. También ha arrasado decenas de hectáreas de fincas plataneras y el área industrial del Callejón de la Gata, así como varios colegios y consultorios médicos, y un símbolo como la iglesia de Todoque, que sucumbió el 26 de septiembre. También se han perdido muchos puestos de trabajo, y se han acogido a los Erte especiales por La Palma casi 1.400 trabajadores que han visto interrumpida su actividad estos 91 días.

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Entrar ahora a estas localidades es como sumergirse de lleno en una película apocalíptica. Las coladas, paradas en medio de las calles de La Laguna, todavía desprenden mucho calor, con temperaturas de hasta 125 grados, mientras las ventanas y puertas rotas en muchas edificaciones dejan ver un interior donde el negro es el color principal, con mobiliario destrozado junto con las ilusiones de sus propietarios. Más al sur de esta posición, en Las Manchas, la estampa es más bien lunar, con toneladas de ceniza campando a sus anchas, enterrando casas, tiendas, cuartos de aperos e instalaciones públicas, lo que pronostica una intensa y larga tarea de limpieza y desescombro que podría demorarse meses, si es que finalmente se confirma la semana que viene que Cumbre Vieja se ha apagado por el momento.

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También en los alrededores de Cabeza de Vaca ha cambiado mucho el panorama. La furia del proceso eruptivo acabó con la vida del pinar que se encontraba alrededor del edificio principal, y los árboles que resisten cerca del mismo se encuentran marchitos y raquíticos. Muchos han perdido el vigor, si bien lo recuperarán con el paso de los meses, sobre todo en el caso del pino canario. La negrura se extiende allá por donde han transitado las coladas, pero también en prácticamente todo el valle de Aridane, por la ceniza y el lapilli. Las bombas volcánicas de gran tamaño, pero también piedras semipreciosas, filamentos de vidrio volcánico conocidos como «cabellos de Pele» e incluso sedimentos marinos anteriores a la formación de La Palma. Materiales todos ellos que ya formarán parte del paisaje de la isla.

Junto a ellos, los dos deltas lávicos que han formado las diferentes coladas en su llegada al Atlántico, y que han incrementado la superficie palmera en más de 48 hectáreas, es decir, unos 48 campos de fútbol. El primero de ellos comenzó a formarse el 28 de septiembre, 10 después del inicio de la erupción, y tras sobreponerse a su último obstáculo: la carretera de la Costa. El segundo de estos deltas llegó al mar al mediodía del 22 de noviembre, casi dos meses después del primero, obligando a confinar a unas 3.000 personas en Tazacorte.

El paisaje que nos queda Andrés Gutiérrez Taberne

Precisamente, el último aliento que ha expulsado el volcán antes de entrar en esta fase de baja actividad provocó el 13 de diciembre algo que no se había producido hasta la fecha. Se ordenó el confinamiento de más de 33.000 personas en Los Llanos, El Paso y Tazacorte por la mala calidad del aire. Ha sido, hasta la fecha, la arremetida final de este gigante que ha modificado drásticamente el paisaje del oeste de La Palma.

El volcán de Cumbre Vieja ha dejado a su paso un manto de ceniza y destrucción en estos tres meses desde que comenzara la erupción. Los trabajos para retirar el material volcánico de cubiertas y calles no han cesado, y ahora se intensifican con el parón de la actividad volcánica. También es el momento de valorar los daños, cuantiosos, en aquellos barrios que se han visto afectados.

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