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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Volcán de La Palma | Historias tras los desalojos

El orgullo y la esperanza palmera

Kathrin Gouffran es el positivismo en estado puro y con ello busca animar a todos sus vecinos

El orgullo y la esperanza palmera Andrés Cruz

Katy Gouffran Heinsch lleva 20 años viviendo en La Palma, y no puede estar más enamorada de la isla y de su gente, de la que ha sentido un gran orgullo por su capacidad de lucha en esta situación.

Su fotografía salvando una planta de cúrcuma el 21 de septiembre dio la vuelta al mundo. Comenta, entre risas, cómo amistades de su Alemania natal le pasaron capturas de pantalla de medios germanos en las que aparecía. Kathrin Gouffran Heinsch tuvo que abandonar la casa en la que vivía de alquiler en Todoque a causa de la erupción volcánica, y ahora vive en el piso de una amiga que se lo prestó en Los Llanos de Aridane. Y, pese a todo, se ha tomado esta situación con esperanza: «Con el volcán supe que venían tiempos de cambio, y solo pensé que me sumaba a ese cambio». Un sentimiento que ha visto en muchos de sus vecinos de Todoque, a los que define como gente luchadora que trata de salir siempre adelante.

Kathrin, a quienes conocen cariñosamente como Katy, lleva más de dos décadas viviendo en La Palma, tierra que ya considera un poquito suya, y de la que está enamorada. El orgullo que siente con los isleños no ha parado de crecer durante toda esta emergencia por su lucha y la forma en la que han llevado toda esta situación tan dramática. Por eso, quiere lanzar un mensaje de ánimo y esperanza, y quiere que con su experiencia y con los ejemplos de superación que se han visto estas semanas la gente vea siempre el lado positivo, por muy difícil que se haya puesto. «Siempre hay que buscar lo bueno, porque en eso está la riqueza», señala muy convencida, sobre todo con la historia que hay detrás de su familia.

Kathrin nació en Alemania. Su abuela materna se vio obligada a abandonar su casa con un plazo de dos horas durante la Segunda Guerra Mundial, ante el avance imparable de las tropas soviéticas sobre la Berlín nazi. Ciudad que ayudó a reconstruir con sus propias manos, una vez concluyó el conflicto internacional, su abuela paterna, junto con otras tantas mujeres que se erigieron en las arquitectas de la nueva Berlín, que abandonaba la oscuridad en la que estuvo sumida durante más de una década. En una analogía con su pasado familiar que parece inverosímil, Katy también tuvo que abandonar su vida en poco tiempo para empezar de cero. Ha cambiado hasta su trabajo, sumándose a esa ola de cambio impulsada por Cumbre Vieja.

El orgullo y la esperanza palmera

Aquella mañana en la que fue fotografiada, llamó especialmente la atención que salvara una de sus plantas. Ella responde, entre risas: «Fue una planta que compramos, junto con otras, en un mercadillo. Esta en concreto se medio marchitó, y yo quise tirarla, pero mi pareja me dijo que esperara, que no fuera tan impulsiva». Al final, volvió a brotar. Es una planta que simboliza esa capacidad de resurgir. Como la historia de su familia, y como la que ella misma tiene que emprender ahora.

Kathrin Gouffran tuvo que abandonar sobre la marcha el piso en el que vivía de alquiler en Todoque el 21 de septiembre. Su imagen salvando su planta de cúrcuma dio la vuelta al mundo: una flor simbólica.

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