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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Juan Diego Amador

«Buscar un patrocinador puede ser más difícil que coronar el Everest»

Juan Diego Amador (1972, La Laguna).

¿Qué está maquinando?

Si no se tuercen mucho las cosas y la pandemia lo permite espero ir a Noruega en mayo de 2022. Quiero atravesar el glaciar más largo del país con unos esquís y salir por un fiordo navegando en un kayak.

Sin querer restar ni un gramo de riesgo a esta aventura, ¿lo de coronar grandes cimas ya no está en su agenda?

No son historia... Yo aún no he tirado la toalla: la última gran aventura fue en 2017 cuando subimos a un pico sin nombre que acabamos llamando Islas Canarias. A partir de esa cima tuve que parar por razones familiares –sus padres fallecieron en un intervalo de cinco días– y los vetos que acabó imponiendo el covid. ¡Tocó quedarse en casa!

¿Hay «mono» de montaña?

Sueño con volver a la alta montaña, regresar al Himalaya y planificar alguna salida a Sudamérica. El pasado verano cumplí los 49, pero eso no me ha quitado las ganas.

Vamos, que lo de ser un cincuentón, con todo el respeto del mundo, no será un impedimento para intentar coronar las «azoteas» más altas de la Tierra.

No creo (ja, ja, ja)... Yo sigo entrenando al menos cinco veces por semana. Es verdad que ahora voy algo más lento que cuando tenía 30 años, pero físicamente estoy bien. Creo que aún me queda una década de grandes aventuras. Hasta los 60 podemos continuar dando guerra... Usted y yo somos de la misma quinta, ¿no?

¿Dónde se siente más cómodo, coronando una cima o mostrando Canarias a los espectadores con una mochila al hombro al más puro estilo Labordeta?

(Sonríe)... Estoy cómodo en lo más alto del Himalaya, pero también enseñando a través de un espacio de televisión (Tocando el Cielo) cómo es Canarias. Las dos cosas las disfruto. No sé si es deformación profesional –Juan Diego Amador es geógrafo–, pero me parece algo espectacular ver el lugar en el que vivimos a vista de dron.

¿Tampoco pasa nada por decir que no conocemos bien la isla en la que vivimos?

A pesar de que ahora hay mucha gente pateando las Islas, es muy difícil conocer al cien por cien la tierra en la que vivimos... Sobre todo, porque hay lugares a los que cuesta llegar a pie. Eso no quita para criticar, y ahora habla el profesor, el gran desconocimiento que existe en las aulas en torno a nuestra geografía: una cosa es salir a la naturaleza a hacer deporte y otra pararte a ver qué tienes a los lados: hay mucho interés por contar los retos deportivos pero, a su vez, muchísimo desinterés para no hablar de la cultura del paisaje.

¿De hecho ha tenido que reventar un volcán en La Palma para empezar a hacernos preguntas sobre la esencia volcánica del suelo que pisamos?

La erupción ha evidenciado las carencias educativas que tenemos en Canarias. Este es un momento propicio para promocionar la cultura geográfica en el Archipiélago, es decir, que ese conocimiento no sea exclusivo algo de los geógrafos.

¿Cómo ven los alumnos a un profesor que ha dormido en el Everest?

Cuando se enteran procuro convertirlo en una herramienta útil para que los conocimientos que imparto les resulten atractivos. Muchas de las realidades que les enseño las conozco de primera mano y eso, sin duda, es una ventaja cuando organizo una clase.

Que usted se haya pateado cuatro montañas de más de ocho mil metros de altura, cruzado el Tibet e introducido en el corazón del Amazonas les debe crear una sensación parecida a la que sentían los alumnos del profesor Indiana Jones, ¿no?

Probablemente sí que haya algo de eso, pero con algo menos de ficción y tesoros... Percibo admiración y ese es el mayor triunfo que puede lograr un docente: captar su atención cuando toca explicar un tema. Más allá de que me puedan idolatrar, que es algo que no pretendo, sí que trato de plantearles retos.

¿Qué tipo de retos?

Retos asociados con los objetivos que quieres lograr en la vida... Les cuento que crecí en una familia humilde y que fui a un instituto público (IES Cabrera Pinto de La Laguna), pero que con esfuerzo y trabajo he podido dar cuatro veces la vuelta al mundo, viajar al Polo Norte, a la Antártida y asegurarme conquistas que a priori veía imposible. La vida recompensa a los que no desfallecen.

¿Alguna vez pensó que no viviría para contar la siguiente?

Sí, al menos tres veces que yo recuerde. Las tres pensé que me quedaba en la montaña si las cosas se torcían un poquito más... Gracias a Dios pude salir y montar otra aventura. La voluntad para sobrevivir a un instante de máxima adversidad ayuda a superar esos instantes de dudas y miedo.

¿Qué es más difícil conseguir, un patrocinador o tocar la cima de un ocho mil?

Buscar el dinero para iniciar una aventura es una de las tareas más complejas a las que me he enfrentado desde que me planteo este tipo de aventuras. Mi trabajo empieza en el momento que tengo los billetes de avión y resuelto el alojamiento, pero buscar un patrocinador puede llegar a ser tan difícil como coronar el Everest.

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