Para el 7 de noviembre de 1983, en plena Guerra Fría entre la Unión Soviética y Estados Unidos, la OTAN había programado el simulacro de un gran ejercicio militar con el nombre en clave de Able Arche (el Arquero Hábil). 

Asumían el peor escenario posible.

-      Los tanques soviéticos cruzaban el Telón de Acero e invadían Europa Occidental.

-      Las tropas convencionales de la OTAN estacionadas en Europa perdían rápidamente la batalla.

-      Entonces Estados Unidos respondía con un ataque nuclear masivo.

Un antiguo simulacro borraba a Kiev de la faz de la tierra

Curiosamente en el simulacro de Able Arche la primera ciudad borrada de la faz de la Tierra por una bomba termonuclear era Kiev, la actual capital de Ucrania. Por suerte, tan solo se trataba de un simple simulacro. Pero al frente de la Unión Soviética se encontraba un paranoico: Yuri Andropov, antiguo jefe de la KGB y el hombre a quien Vladimir Putin considera su maestro. Andropov nunca se creyó que Able Arche fuese un simple simulacro. Estaba convencido de que Estados Unidos iba a borrar del mapa a la Unión Soviética mediante un ataque nuclear. Y ordenó preparar los misiles balísticos intercontinentales soviéticos para un inmediato ataque masivo contra Occidente.

El mundo estuvo a punto de ser destruido.

Por aquel entonces los arsenales nucleares de la Unión Soviética y de los Estados Unidos tenían la capacidad de destruir totalmente el mundo muchas veces. Era una locura suicida. Pero lo cierto es que Yuri Andropov tenía serios indicios de que Estados Unidos podría iniciar la guerra nuclear contra la Unión Soviética. Dos años antes había llegado a la presidencia de Estados Unidos Ronald Reagan, un hombre empeñado en ganar, como fuera, la Guerra Fría contra los comunistas.

La Guerra de las Galaxias

Su manera de hacerlo era mediante la Iniciativa de Defensa Estratégica, que en su tiempo llegó a ser conocida como “Guerra de la Galaxias”. Y el objetivo era construir un sofisticado sistema de armas, incluyendo armas láser, situadas en satélites orbitando la Tierra. Estaban decididos a que fuera capaz de prevenir cualquier ataque nuclear que los soviéticos pudiesen lanzar contra el territorio norteamericano

-      Bien mediante misiles balísticos intercontinentales

-      Bien mediante misiles lanzados desde submarinos nucleares.

El 23 de marzo de 1983 el presidente Reagan anunció a bombo y platillo su Iniciativa de Defensa Estratégica. Cuando estuviese terminada, Estados Unidos podría atacar a la Unión Soviética sin miedo alguno a las represalias de los comunistas.

 La respuesta soviética

 Inmediatamente Yuri Andropov reunió a sus científicos nucleares. La conclusión fue desoladora. La Unión Soviética no tenía capacidad tecnológica ni económica para hacer algo parecido a la Iniciativa de Defensa Estratégica americana. Así que a Andropov solo le quedaba una salida: Atacar a Estados Unidos con todo su armamento nuclear antes de que el proyecto de Reagan estuviese terminado. Una invitación al fin del mundo.

Probablemente, el hombre más inteligente de la humanidad

Cuando tras la Segunda Guerra Mundial se inició la carrera armamentística entre Estados Unidos y la Unión Soviética un personaje influyó enormemente en la doctrina defensiva de Estados Unidos. Se trataba del matemático húngaro John von Neumann, refugiado de los nazis en Estados Unidos. Es muy probable que John von Neumann haya sido, con mucho, el hombre más inteligente de toda la humanidad. Hizo una serie de contribuciones fundamentales a multitud de campos de la ciencia.

Tanto en aspectos teóricos:

-      Descubrió la Teoría de Juegos sin la cual sería imposible explicar la Economía Moderna

-      La Psicología o la Biología Evolutiva

Como prácticos:

-      Diseñó la lente de implosión que permitió construir Trinity, la primera bomba atómica de la historia

-      Así como el primer y más importante supercomputador de la humanidad, el famoso JOHNNIAC (JOHN v Neumann. Numerical Integrator and Automatic Computer).

Una supercomputadora que funcionó continuamente durante más 50.000 horas, desde 1953 hasta 1966. Y en ese tiempo permitió resolver problemas matemáticos complejísimos, predecir el tiempo, calcular las trayectorias de los primeros cohetes espaciales… Y diseñar en buena medida la estrategia que el presidente John Fitzgerald Kennedy siguió en su enfrentamiento con el líder soviético Nikita Kruschev durante la crisis de los misiles de Cuba.

Destrucción mutua asegurada

John von Newman pensó que la parte más peligrosa de la Guerra Fría entre la Unión Soviética y los Estados Unidos ocurriría al principio, paradójicamente mientras hubiese muy pocas armas nucleares. Entonces la tentación de usarlas contra el enemigo sería muy grande. Pero Von Newman creía que en poco tiempo las armas nucleares proliferarían en tal cantidad, que si se empleaban podrían destruir la Tierra. Y entonces se habría llegado a una situación peculiar: la Destrucción Mutua Asegurada. En ese caso ni Estados Unidos, ni la Unión Soviética podrían ganar una guerra nuclear. Habría suficientes armas atómicas como para destruir toda la Tierra si se empleasen, de modo que nadie podría ganar una guerra.

La paz forzada

En la realidad hacia el final de los años 50 del siglo pasado vivimos en una situación en la que los arsenales nucleares de Estados Unidos y de la Unión Soviética tenían la capacidad para destruir totalmente el mundo muchas veces. Para John von Newman se había alcanzado una paz definitiva. Con la estrategia de la destrucción mutua asegurada ya nadie podría ganar una guerra. Y durante más de 25 años el mundo vivió en la forzada paz de la destrucción mutua asegurada. Entonces a Ronald Reagan y a sus asesores se les ocurrió que una nueva ventaja tecnológica como la Iniciativa de Defensa Estratégica podría permitirle ganar la guerra a la Unión Soviética. Pero estaba equivocado.

El aviso del invierno nuclear

A principios de la década de 1980, los científicos la Universidad Californiana en Berkeley, Luis Walter Álvarez, Helen Michel y Frank Asaro descubrieron que alrededor de todo el mundo, justo en el límite entre los estratos del Cretácico y el Terciario, hace 65 millones de años, había una fina capa de Iridio. Este elemento es extremadamente raro en la Tierra, pero muy común en los asteroides. Álvarez y sus colegas argumentaron que la capa de iridio provenía del impacto de un asteroide contra la Tierra. Y se encontró el lugar del impacto del asteroide en el cráter Chicxulub del Yucatán, en México. Justo después del impacto de ese asteroide se extinguieron prácticamente de golpe más de la mitad de las especies de plantas y de animales que habitaban la Tierra, incluidos todos los dinosaurios. Pero la explosión no fue el único problema.

El impacto del asteroide envió millones de toneladas de polvo y hollín a la atmósfera. Y eso bloqueó la luz solar durante décadas. Las plantas no pudieron hacer la fotosíntesis. Los herbívoros murieron por falta de alimento y después los carnívoros. El mundo entró en una época glacial extrema. Algunos organismos sobrevivieron a tan calamitosas situaciones. Por ejemplo, algunos pequeños mamíferos similares a ratones y topillos sobrevivieron en el suelo comiendo semillas y raíces. Las semillas de plantas y las esporas de resistencia de microorganismos aguantaron durante décadas, hasta que el polvo y el hollín dejaron de oscurecer la atmósfera. Poco a poco la vida revivió tras la apocalíptica catástrofe.

Entonces una serie de científicos atmosféricos dieron la voz de alarma. Paul Crutzen, John Birks, Owen Toon, Richard P. Turco y Carl Sagan, en Norteamérica, y Vladímir Aleksándrov y Gueorgui Stenchikov en la Unión Soviética hicieron un descubrimiento decisivo. Descubrieron que el humo de los incendios y el polvo que se liberarían a la atmósfera en un enfrentamiento nuclear, incluso si era restringido y empleaba solo una pequeña parte del arsenal Soviético y norteamericano, sería funesto. Bloquearían durante años la luz del Sol y produciría un invierno nuclear con consecuencias muy similares a las que extinguieron a los dinosaurios. La humanidad no sobreviviría.

Los políticos, esta vez sí, entendieron a los científicos

Ronald Reagan comprendió que nunca podría derrotar a la Unión Soviética. Bastaría simplemente con que la URSS detonase parte de las cabezas nucleares de sus misiles en sus propios silos para que el invierno nuclear destruyese al mundo. Andropov tampoco podría ganar. Así a finales de los años 80 del siglo pasado, como consecuencia de la amenaza del invierno nuclear, y con la fundamental ayuda de los científicos, Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov firmaron los tratados de desarme nuclear entre la URSS y los EEUU.

El reloj del apocalipsis marca 100 segundos para la medianoche

Pese a esta reducción de armamento, tanto los Estados Unidos como la Federación Rusa tienen aún suficientes armas nucleares como para desatar varias veces el invierno nuclear que extinga a la humanidad (y a la mayoría de las especies que viven sobre el planeta) Ahora, a punto de que Putin invada Ucrania si alguien no lo remedia, el Reloj del Apocalipsis apenas marca 100 segundos para la medianoche. El Reloj del Apocalipsis es un reloj simbólico que empezó a funcionar en 1947. Era el principio de la Guerra Fría y nació a instancias de la junta directiva del Boletín de Científicos Atómicos, una institución formada en su mayor parte por Premios Nobel.

En el Reloj del Apocalipsis la medianoche representa la destrucción de la Humanidad por un conflicto nuclear. Solo en poquísimos momentos del pasado, como durante la Crisis de los Misiles de Cuba entre Kennedy y Kruschev, o durante el simulacro Able Arche, el Reloj del Apocalipsis estuvo tan cerca de la hora fatídica. A punto de que estalle un conflicto armado en Ucrania, muchos científicos confían en que siga vigente la hipótesis de John von Neumann. Porque si es así, la Destrucción Mutua Asegurada impedirá un enfrentamiento atómico que desate el invierno nuclear. Pero no podemos olvidar que John von Neumann, además de un gran genio, era conocido con el mote de Juanito el Vividor. Su desmedida pasión por las mujeres, las fiestas, los amigos, la aventura y la ciencia lo convirtieron, según sus amigos, en “el ser humano que más disfrutó de la vida”.

¿Pudo la desmedida pasión por vivir de John von Neumann hacerle creer erróneamente que nadie desatará un conflicto que no es posible vencer y que solo puede llevarle a la muerte?.

Eduardo Costas.

Catedrático de Genética de la UCM.

ACADÉMICO CORRESPONDIENTE DE LA REAL ACADEMIA NACIONAL DE FARMACIA