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La Provincia - Diario de Las Palmas

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La ULPGC detecta hasta 125 contaminantes en las tierras de cultivo de Canarias

El estudio, que forma parte de la tesis de Andrea Acosta, evidencia la necesidad de intensificar la vigilancia de los suelos y establecer límites máximos de residuos

Andrea Acosta, investigadora de la Unidad de Toxicología del Grupo de Medio Ambiente y Salud del IUIBS.

Investigadores de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) han detectado hasta 125 compuestos contaminantes en las tierras de cultivo de Canarias, de los que 109 -el 87%-, son pesticidas, como el DDT. Esta es una de las principales conclusiones del estudio realizado en suelo agrícola de todos los archipiélagos de la Macaronesia -Canarias, Azores, Madeira y Cabo Verde-, por la Unidad de Toxicología del grupo de investigación en Medio Ambiente y Salud (GIMAS) del Instituto de Investigación en Ciencias Biomédicas y Sanitarias (IUIBS).

La investigación forma parte de la tesis doctoral defendida por Andrea Acosta, que inició con el desarrollo de un método analítico innovador para el estudio de las tierras agrícolas, capaz de extraer y cuantificar 310 compuestos orgánicos, entre ellos plaguicidas, compuestos orgánicos persistentes, medicamentos y anticoagulantes en tierra. «La primera parte de la tesis fue el desarrollo de ese método para analizar todos esos compuestos, en distintas fases y luego vimos los tipos de tierra en los que se podía aplicar. Hicimos el estudio en Canarias y posteriormente lo ampliamos a las tierras de todo el territorio de la Macaronesia, similares al pertenecer a una región oceánica y ser de origen volcánico, para ver las diferencias en el grado de contaminación de los suelos», apuntó la doctora Acosta, investigadora postdoctoral de la ULPGC.

De los 310 contaminantes estudiados con muestras recogidas entre 2018 y 2020, en Canarias se detectaron un total de 125 compuestos, de los cuales 109 fueron plaguicidas, incluyendo los ya prohibidos como el DDT. El resto son contaminantes orgánicos persistentes y compuestos emergentes como fármacos y rodenticidas anticoagulantes -un tipo de plaguicida que se remplea para acabar con las plagas de roedores, y que se estudió de forma independiente porque no se utiliza de forma extensiva en la agricultura-.

El 87% de los compuestos orgánicos hallados son plaguicidas como el DDT, según la investigación de la ULPGC que incluye el suelo agrícola de los cuatro archipiélagos de la Macaronesia

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Canarias fue la región donde mayor número de residuos fueron detectados, con especial incidencia de metabolitos de DDT, un plaguicida que, si bien ya está prohibido, tuvo un uso intensivo en el pasado. «Además, la agricultura de proximidad propia de las Islas favorece la coexistencia de cultivos diferentes durante todo el año, lo que redunda en una mayor acumulación de fitosanitarios en un mismo terreno», recoge el artículo publicado en la revista científica Environmental Pollution por Andrea Acosta junto con los investigadores de su grupo de investigación en Medio Ambiente y Salud del IUIBS, María Eugenia Hernández, Cristian Rial, Manuel Zumbado, Luis Alberto Henríquez, Luis Domínguez y Octavio Pérez, así como los especialistas del Departamento de Análisis Ambiental del Instituto Tecnológico de Canarias (ITC) Ricardo Díaz y María del Mar Bernal.

Por el contrario, Cabo Verde fue la región con menor tasa de contaminación en suelo agrícola. «Esto es debido a que tienen una agricultura muy tradicional, más parecida a la ecológica, la mayoría para uso familiar, y usan muy pocos plaguicidas. Por el contrario, Canarias tiene una agricultura más intensiva, es la más desarrollada de los cuatro archipiélagos, y además, nuestros suelos se utilizan para muchos tipos de cultivo a la vez, a lo largo del año. Eso se traduce en que la carga de plaguicidas que se emplea -cada cultivo tiene unos mejores que otros-, puede ser muy grande y se va acumulando porque tienen tiempo de permanencia en el suelo, diferente según el tipo de plaguicida, pero en muchos casos bastante elevado», indicó la investigadora postdoctoral de la Unidad de Toxicología del IUIBS.

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Los resultados de esta investigación, que se desarrolla desde hace cinco años, ponen en evidencia, según señalaron los investigadores que participaron en el estudio, la necesidad de promover programas de vigilancia de los suelos y de establecer límites máximos de residuos, actualmente inexistentes en todas estas regiones.

Además, advierten de que una agricultura más sostenible y con menor uso de fitosanitarios, «deseablemente ecológica», debería ser el objetivo, proponiendo para ello, fomentarse las soluciones de biorremediación para los suelos más contaminados con el fin de acelerar la transición. «Saber como están los suelos de cultivo nos permite mejorar la vigilancia de los mismos, algo que no se hace de forma rutinaria, ya que no hay leyes específicas para los productos de consumo. Deberían haber límites máximos de estos residuos en el suelo, reducir estos plaguicidas, y evitar que se utilicen los que ya están prohibidos, e intentar pasarnos a una agricultura más sostenible e incluso más ecológica», concluyó Andrea Acosta.

Analizan el paso a los alimentos


La investigación que comenzó hace cinco años la doctora Andrea Acosta, continúa en un nuevo estudio en el que trabaja actualmente, con un mayor volumen de muestras en las tierras agrícolas de Canarias, recogidas entre 2014 y 2021. El objetivo es realizar un estudio estadístico comparativo entre tipos de cultivos e islas. «Queremos ver la tendencia de uso de los plaguicidas prohibidos según el año. Ahora tenemos más muestras y datos para intentar geolocalizar la contaminación, y ver la evolución durante todo este período de tiempo», apuntó la investigadora del grupo de Medioambiente y Salud de la Unidad de Toxicología del Instituto Universitario de Investigaciones Biomédicas y Sanitarias (IUIBS) de la ULPGC. Además, van a estudiar si los compuestos hallados en el suelo pasan a los alimentos que se cultivan. «Vamos a centrarnos en el dieldrín, uno de los compuestos ya prohibidos que se ha demostrado que pasa a las cucurbitáceas -calabacín, sandía, calabaza…-, que consumimos. En breve haremos un muestreo de tierras en Gran Canaria para ver si de la tierra pasa al producto, y si llega al centro del fruto o desaparece al pelarlo o lavarlo». | M. J. H.

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